Javier Gutiérrez: «Yo estoy unido a Galicia por el cordón umbilical»

«Tengo mucho que ver con el españolito medio», asegura Javi Gutiérrez, medalla de plata de Ferrol. El asturgalego que aspira al Óscar con «Campeones» vuelve a casa por Navidad, y sueña que el Racing sube a Primera. Aún se chupa los dedos con la cocina de su madre y tiene, sobre todo, «ganas, hambre de vivir», nos dice en su momento más dulce


Tiene dos goyas, un óscar a la vista, al menos tres proyectos en marcha, conversación, una timidez que van curando su oficio y el tiempo, el nido en Galicia, y un hijo «madrileiro», como él dice, que le cambió el guion de la vida y le impulsó a decir no a algunas cosas para volcarse en Campeones, poniendo «toda la carne en el asador». A Javier Gutiérrez, que nació en el 71 en Luanco pero se mudó con un año a Ferrol junto a su madre y sus hermanas, da gusto pararse a oírle. Su manera de reírse es sutil, su risa es más una sonrisa. Ya podíamos darle el Goya a la Mejor Voz y Forma de Expresión.

-El primer premio de la Academia llegó en el 2015 con «La isla mínima», tras años de carrera, pero este es un año redondo para ti, aunque te moleste esto de ser «el actor de moda».

-No, no es que me moleste que digan: «Este es el año de Javier Gutiérrez». Es que no es cierto. Yo no soy el actor de moda, soy un currito en esto, con años de trabajo, alguien con olfato para aceptar proyectos que tienen continuidad en el tiempo, como son series de televisión como Vergüenza, que tiene ya segunda temporada, o Estoy vivo, con segunda temporada ¡y que va a por la tercera! O películas como Campeones, que no sabes bien adónde te van a llevar, que se convierten, más que en un éxito cinematográfico, en un fenómeno social. Campeones abre una ventana al mundo de la discapacidad que pocas veces se había visto... Hay actores que tenemos el privilegio de estar viviendo un momento dulce, primero porque tenemos trabajo, y segundo, porque casi todo lo que hacemos funciona. Pero hay mucho trabajo detrás.

-«Campeones» es el éxito de la temporada. ¿Cómo encaras la carrera por el óscar con este equipo de cine?

-Como la carrera por cualquier otro premio. Los premios, premios son. Los premios no desvirtúan ni desmerecen lo que es la película en sí. Lo que está pasando con Campeones, cualquier acontecimiento por pequeño que sea, trasciende lo cinematográfico, es vivido como un gran triunfo de los que formamos esta «familia», que ha tocado corazones y ha abierto mentes. Ese es el mejor premio, y ellos el mejor equipo. Dicho esto... ¡Cuánto más lejos lleguemos en la carrera de los Óscar, mejor!

-La película te toca de una manera personal, por tu hijo, Mateo.

-Sí, yo he dejado de hacer varios proyectos interesantes por hacer Campeones, Javier Fesser me esperó, y me alegro de haber dicho que no a otras ofertas. Porque la película se merecía poner

 

toda la carne en el asador. A mí me va mucho, por mi hijo. Campeones ha hecho bien no solo a las personas con discapacidad, sino también a los que vivimos en el entorno de esas personas, padres, madres, sobrinos, primos, compañeros de colegio. Es necesaria la visibilidad. Porque a veces vivimos muy cerrados, muy pendientes de nosotros mismos, sin querer zambullirnos en el otro. Campeones te invita a asomarte a estas vidas de forma positiva.

-Acabas de recibir la medalla de plata del Concello de Ferrol, eres hijo predilecto año tras año. ¿Cómo recibes este abrazo grande de los tuyos?

-Pues así... como un abrazo enorme y muy cálido. Lo recibo con muchísima alegría y muchísimo orgullo. Ahora estoy promocionando una película, Durante la tormenta [se estrena el 30 de noviembre], que habla del paso del tiempo. Y a medida que me voy haciendo mayor, aunque yo me siento aún joven, tengo cada vez más ganas de estar en Galicia. Estoy unido a Galicia por el cordón umbilical, no quiero romperlo con mi gente, mi tierra, mis raíces. Que me llegue la medalla de plata de Ferrol, justo cuando vamos con el último espectáculo que tenemos, ¿Quién es el señor Schmitt?, es muy especial. Hay una serie de circunstancias en torno a este último viaje a Galicia, en que además voy con mi hijo, que hacen que sea apetecible y muy emotivo a la vez.

-Voy a hacerte la pregunta Maribel Verdú, la que «instituyó» ella cuando dijo: «¿Por qué nadie le pregunta a Luis Tosar por qué no quiere tener hijos?». ¿Te cambió el guion ser padre?

-Absolutamente. Me llenó de miedos y responsabilidades, me convirtió en otra persona. El nacimiento de mi hijo, Mateo, me convirtió en mejor persona... e incluso en mejor actor. Despertó en mí unos resortes emocionales que me han ayudado y me ayudan muchísimo, también en el trabajo. En cuanto a la conciliación y la «pregunta Maribel»... conciliar no es fácil para nadie. Pero yo creo que los hombres somos hoy mucho más conscientes de que esta es una responsabilidad compartida.

-Tú no perdonas el momento cole, el momento de llevar a tu hijo al colegio.

-No... Porque para mí es algo importante. Yo trato de exprimir cada momento que tengo con mi hijo. Me gusta, sobre todo, estar, es lo importante, la calidad frente a la cantidad. Más que compartir un espacio, el padre leyendo el periódico y el hijo jugando con el iPad... Para mí lo más importante es estar, en todo el sentido de la palabra.

-¿Cuál es el papel principal del cine?

-El cine tiene una función social y educativa, además de entretener. Hoy está concebido sobre todo como puro entretenimiento, pero el cine tiene que ver con pensar y sentir, con la educación y la concienciación, y esto, por desgracia, en nuestro país, se ha cortado de raíz con políticas fallidas de diferentes Gobiernos. Me llama la atención que en España, en una gala como es la de los Goya, la fiesta del cine español, donde las arcas del Estado recaudan un buen dinero, se engañe al ciudadano y se potencie la idea de que somos gente subvencionada... El cine está subvencionado, como casi todas las cosas en este país, pero no hay que perder de vista que las arcas del Estado ingresan muchísimo más dinero de lo que puede aportar nuestro país a las producciones de cine. Me llama la atención que no haya habido ministros de Cultura que se hayan acercado a la fiesta del cine español por miedo a la crítica, cosa muy en boga hoy en día, en que parece que hemos vuelto a la caverna y a veces al catetismo más oscuro de la época franquista, en que se cortaba de raíz cada atisbo de libertad de expresión.

-¿Pensar libremente es peligroso?

-Lo más fácil es anestesiar al rebaño, que haya un pensamiento teledirigido. Y a nada que te salgas del redil te van a señalar, a juzgar e incluso a condenar.

-«Estoy vivo» te dio la oportunidad de «reencarnarte». ¿Qué te hace sentirte bien, decir «Estoy vivo», cuándo se abre el cielo para ti?

-Pues... son cosas cotidianas. Y el amor... El amor es el motor. Yo me siento vivo por estas ganas y esta hambre que tengo de vivir. En este difícil universo en el que uno puede perder fácilmente la cabeza es ahora cuando más me apetece estar con los pies en el suelo. Por eso, cuando me preguntas por el óscar, soy... no es que sea aséptico, pero sí pienso: «Si llega bien... y si no, también». Habrá valido la pena de todas formas.

-Tener dos «cabezones» de la Academia en casa cambia la manera de vivir.

-Cambia, sobre todo, la forma en que puede verte la industria del cine. Te convierte en un valor de producción. Puedes ser un buen reclamo, solo eso.

-Rodando «El autor» conociste a tu pareja, la actriz Adriana Paz, y nos dejaste helados con el papelón. Es un desnudo integral. ¿Saca Martín Cuenca la verdadera voz, la más auténtica, de Javier Gutiérrez en esta película?

-Me han dicho alguna vez que soy el nuevo José Luis López Vázquez, y es algo que recibo con orgullo. Yo tengo mucho que ver con el españolito medio. Todos al final tenemos sombras, una cara A y una cara B, y me gusta, desde mi estatura, mi cara, mi mirada y mi voz, que son las de una persona normal, acceder a las sombras de los personajes. Me gusta encontrar la luz en lo sombrío.

-¿Se te ha curado o no con los años la timidez proverbial del actor?

-Con el tiempo se ha curado un poco, ya no es una timidez tan enfermiza, pero soy muy tímido. El hecho de ponerme trajes es algo para mí muy terapéutico. Detrás de un personaje soy capaz de hacer ¡cualquier cosa! Como Javier Gutiérrez ni la cuarta parte... Sigo reconociéndome en ese niño que se inventaba un universo tirando de su imaginación. Me dedicaba a radiar partidos imaginarios, con los cromos, hacía porterías con las cintas de los casetes, y montaba batallitas con muñecos de plástico. Pasaba horas y horas... Mi madre no sabía ya si estaba en casa o había salido a la calle.

-Tienes poco que ver con Jesús, el de «Vergüenza». Es un tío terrible, pero tiene su gracia... Yo me parto.

-Yo siempre digo que Jesús es el rey del cuñadismo, ¡y España está llena de cuña’os...! Todos en realidad tenemos algo de Nuria y de Jesús, un puntito.

-Has crecido, pero sigues sacando pecho por Ferrol y fiel al Racing.

-¡Sí!, aunque ahora estamos de capa caída... De pequeño soñaba con jugar en el Manuel Rivera, y sigo disfrutando cada domingo cuando voy a la Malata. Sueño que llegamos a Primera.

-En YES nos descubriste que te flipaban los cortes de helado y que hacías polos con el mítico Tang (dos detalles que revelan que él también fue a EGB), y presumiste de madre. Valoras el nido, las raíces. ¿Hay cocina mejor que la de mamá?

-Jajaja... ¡pues creo que no!, y soy de los que prefieren gastarse el dinero en un restaurante que en una cazadora. Mi madre cocina de lujo con cuatro cosas, la suya es una cocina muy inteligente, sustancial. Y a mí no hay nada que me haga más feliz que una buena sobremesa con la gente que quiero.

-¿Planes a la vista?

-Voy a rodar una película ahora, Hogar, un guion como una bomba de relojería de los hermanos Pastor, dos directores que acaban de rodar una historia en EE. UU. producida por Matt Damon y Ben Affleck. Voy a trabajar con Mario Casas, uno de los actores con mayor proyección y capacidad de trabajo. Y a los que más admiro.

-¿Te pareces, o solo me lo parece, a Anthony Hopkins?

-¡Uy... me lo han dicho muchas veces! Es algo inconsciente. Pero sí te diré que en El autor hay un guiño consciente a él. En la última secuencia, vestido de blanco en el patio de la cárcel, hay un homenaje de fan rendido a la maestría de Hopkins. ¡No es fácil ganar un óscar con 16 minutos de metraje...! Esto demuestra su talento.

-¿Vuelves a casa por Navidad?

-Vuelvo a casa por Navidad. Lo necesito para cargarme de energía.

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