Víctor Kuppers: «Nadie te va a recordar por tu currículum, sino por tu forma de ser»

Es uno de los conferenciantes mejor pagados y más prestigiosos, sus charlas son seguidas por miles de personas que buscan en él las claves de la motivación. Küppers, experto también en ventas, lo tiene claro: «Vivimos en la queja continua, tenemos que parar y cambiar porque vamos como pollos sin cabeza»


Víctor Küppers (Eindhoven Holanda, 1971) tiene un pico de oro y un currículum extenso. Estudió Económicas, se doctoró en Humanidades, pero a los 28 años un accidente lo postró seis meses en la cama «y seis meses en la cama dan para mucho», confiesa. Fue el momento en que hizo clic, en que decidió ponerse a leer lo que le gustaba y se rehízo en su vocación. Hoy es uno de los formadores más prestigiosos, sus conferencias sobre motivación y ventas son escuchadas por miles de personas y las empresas se lo rifan, pero él le resta importancia: «Solo soy un tipo con mucha suerte».

-Tienes un currículum extenso, pero una vez que he visto tu perfil de WhatsApp creo que dice mucho más de ti.

-Ja, ja. Messi es mi ídolo, sí, sí [risas].

-¿Y cómo se motiva a Messi, porque creo que has ido a La Masía varias veces?

-Messi no necesita motivarse, creo yo. Hay que gente que no lo necesita, que ha nacido motivada y que tiene la suerte de que las cosas le van tan bien que sería para matarlo si va desmotivado.

-Supongo que es difícil mantener un vestuario unido, un equipo unido. ¿Cuál es la clave?

-Sí, yo no tengo apenas experiencia futbolística, pero gestionar tantos egos es muy difícil. En las empresas lo que veo es que hay muchos jefes muy merluzos, y para ser buen jefe tienes que tener la mentalidad de querer ayudar a tu equipo: a ser mejores personas, mejores profesionales, y hay muy pocos jefes que tengan esa mentalidad.

-En tus charlas repites una frase: «Serio, correcto, profesional», como si las tres palabras fueran sinónimas. ¿La alegría no es muy profesional?

-Sí, cuando alguien es alegre parece que tiene que ser un vago, superficial, y el que es mustio y rancio se ve como un profesional como la copa de un pino. Y no, tenemos que aspirar a profesionales alegres; nos gusta la alegría, nos gusta trabajar en entornos alegres, por supuesto.

-¿Y cómo se motiva a un motivador? Porque supongo que tú tienes días chungos.

-Yo tengo muchos días malísimos, lo que pasa es que tengo la suerte de que como explico siempre estos conceptos al final me los voy creyendo. Yo creo que lo fundamental es encontrarle sentido a lo que haces: cuando encuentras el sentido de tu vida, eso es lo que motiva. El secreto de la pasión es tener un propósito, cuando tienes un propósito (tu trabajo, tu familia, lo que sea...) entonces la motivación es más fácil de conseguir, y es más fácil de asumir tu día a día, tus preocupaciones. Es como tener una misión.

-Tú apuntas que los que no van contentos a trabajar es porque les falla lo personal. ¿Tiene relación siempre?

-Sí. Bueno, mucha gente no va a trabajar contenta porque tiene un jefe mamón. Pero todos tenemos cosas importantes, y las más importantes tienen que ver con tu vida personal: tu pareja, tus amigos, tus hijos, tus padres... Cuando esa parte de tu vida va bien, es mucho más fácil ir motivado por la vida. La clave está en saber cuidar las cosas importantes, a las personas que más quieres.

-Algunos trabajadores viven en la queja continua y cuando llegan a jefes no quieren que nadie se les queje.

-Sí, vivimos en bucle y solamente vemos lo negativo, lo que no nos gusta, y a veces necesitamos parar y comprobar que todo lo que tenemos alrededor no funciona mal. Todos tenemos cosas buenas, pero las damos por descontadas. Entonces no las valoramos. Los expertos dicen que hay que valorar lo positivo, disfrutar de lo que tienes y no centrarte en lo que no tienes. Los que no tenemos ningún drama somos unos privilegiados en la vida. Hay mucha gente que sufre, que tiene dramas, esos tienen todo el derecho a estar enfadados, a no vivir con alegría, pero los que no tenemos dramas es imperdonable que perdamos la alegría.

-Tú reivindicas parar.

-Sí, yo no tengo ninguna opinión personal, yo solo traslado lo que dicen los expertos en Psicología Positiva. Y ellos dicen que cuando paras, te planteas «¿tengo la vida que quiero tener?», «¿soy la persona que quiero ser?», «¿qué puedo mejorar?», porque es verdad que vamos por la vida como pollos sin cabeza. Entramos en un bucle y acabamos todos desquiciados, desequilibrados, amargados. Hay que parar y buscar espacios para la reflexión. Yo reivindico la pausa. Cuando vamos rápido, la vida se centra en lo intrascendente, en lo superficial, porque no hay tiempo para lo importante. Yo con eso estoy de acuerdo.

-Parar y también cambiar, ¿no?

-Exacto. Si no te gusta tu vida, tienes que saber en qué falla y qué vas a hacer. Si no te gusta tu trabajo, qué vas a hacer; si no te gusta tu pareja, qué vas a hacer; si no haces nada, las cosas no van a cambiar, tienes que cambiarlo tú. Si no acabas en el mismo sitio.

-¿La gente se queja, pero no soluciona?

-Tenemos una cultura en que la gente está muy dispuesta a quejarse, pero poco dispuesta a hacer cosas para cambiar.

-Dentro de las frases que tú tienes como favoritas hay una que dice: «Soñar está bien, hacer es mucho mejor». ¿Te va lo práctico?

-Sí, todos tenemos grandes deseos, grandes intenciones, pero al final la diferencia entre el crac y el chusquero es que el segundo desea y el primero hace, se pone las pilas. Hay que hacer, porque es muy cómodo no hacer nada. Y lo peor es cuando se junta un cenizo con otro cenizo, de ahí ya no sales porque te enrocas. Hay muchas cosas que solo dependen de nosotros, las más importantes, y hay que decidir. Yo siempre he creído que uno está donde está por las circunstancias, pero también por las decisiones que toma, y esto último depende de nosotros. Hay gente que no decide hacer nada para solucionar lo que no le gusta.

-¿Hacerse la víctima es el papel más representado en una empresa?

-No, yo no diría tanto. En las empresas hay de todo, pero hacerte la víctima lleva al desahogo, pero no trae ninguna solución.

-Luego hay mucha gente que va a 30.000, corre, corre, corre, pero no hace nada.

-[Risas]. Sí, hay muchos que corren y no van a ninguna parte, por eso es muy importante parar. ¡Cuánta gente que parece que va estresada y luego no enfoca en nada!

-¿La gente que trabaja de qué se queja?

-Del sueldo, parece un tópico, pero hay empresas que se han aprovechado tanto con la crisis que hay sueldos indignos y miserables. Y encima les dicen a la gente que no proteste. Después se quejan del trato: las personas al final no se van de las empresas, se van de los jefes.

-¿Por qué nos cuesta tanto ver el lado bueno? ¿Por qué perdemos ese estímulo?

-Vivimos en una sociedad en la que todos queremos una vida de película. Que todo sea maravilloso, los padres perfectos, el profesional ideal, tener el físico ideal, la pareja ideal y eso es inalcanzable. Siempre va a haber algo de insatisfacción en tu vida, por eso hay que dejarse influir menos y centrarse en lo que uno quiere realmente, en lo que tú necesitas para ser feliz, y verás que no necesitas tantas cosas. Pero esto es una pelea, vivir en el mundo de Instagram, de las redes sociales, del aparentar, del parecer... Es el mundo del envoltorio y el nivel de exigencia para que el envoltorio sea bonito es tan extremo que genera mucha frustración.

-¿Esto antes no sucedía? ¿Hace décadas la gente era más feliz que ahora?

-Sí, porque antes necesitábamos menos cosas y sobre todo enseñarle menos a los demás. Vivimos en una sociedad de consumo, materialista y de imagen, y no todo el mundo tiene la vida que la sociedad marca como ideal. Mi mejor amigo, por ejemplo, es carpintero y es el tío más feliz del mundo, pero según los estándares de la sociedad no es el prototipo de persona que debería ser feliz, pero lo es. Porque se puede ser feliz con muy poco, aunque la exigencia de la sociedad es que tengamos que tener de todo.

-Aseguras que el optimista se hace, que no nace.

-Bueno, hay tres componentes: el genético, las circunstancias y lo que tú haces. La genética condiciona, pero no determina. Tú tienes responsabilidad, a lo mejor no eres la más optimista del mundo, pero puedes ayudarte a ser lo más optimista dentro de tus posibilidades. Ahí no hay excusa, a mí la frase que me da mucha rabia es eso de «Yo soy así». ¿Cómo? Pues espabila, que los demás no tenemos la culpa [risas].

?¿A la gente se la puede cambiar?

?La gente sí cambia, pero tienen que querer. Tú eres como tú quieres ser. Hay algo que se llama la neuroplasticidad del cerebro que lo explica: no es que seas así y ya no puedas cambiar. No, no. Tú eres un cenizo porque te da la gana de serlo y tú eres una persona alegre porque te da la gana, salvo que tengas dramas en tu vida. Si todo el mundo está más o menos sano y llegas a final de mes, y no tienes problemas gordos, a partir de aquí puedes luchar para vivir con alegría. A la gente que no tiene trabajo o que tiene a su madre enfermísima no le puedes pedir que aún encima vaya alegre por la vida.

?¿Hacemos muchos dramas de cosas pequeñas?

?Sí, hacemos dramas por auténticas chorradas, pero luego cuando realmente la vida te da un golpe es cuando la gente reacciona. Entonces sí te das cuenta de lo que era una tontería. Hemos oído cien veces esa frase y la hemos olvidado ciento una.

?¿Cómo se parapeta uno contra un grupo de cenizos aunque seas una bombilla muy bien iluminada?

?Yo he leído muchas veces que «hay que alejarse de la gente tóxica» y no lo creo. A mí me gusta pensar que la gente que es así está sufriendo, son personas que lo pasan mal, entonces el objetivo es ayudar a esas personas. Si tú tienes la suerte de ser alegre ayudarás a esa gente, alejándote no. No creo que haya que ignorarlas, no lo hacen porque sean malas personas, lo que pasa es que hacen una montaña de un grano de arena.

?Pero esa metáfora de las bombillas que tú usas es real.

?Sí, hay gente que contagia, que ilumina, esa gente son oenegés con patas, sí, sí. Hay gente que reparte comida, pero otra reparte alegría, ilusión, son fantásticas esas personas.

?¿Y esos no se pueden ver contagiados por lo negativo?

?Sí, desde luego. Corres el riesgo de contagio, pero si tienes las ideas claras, tienes el propósito y sabes qué persona quieres ser estás inmunizado.

?¿Hay alguna estrategia para iluminarse, para estar más feliz?

?Hay muchas: disfrutar de cada momento, ponerte ilusiones, centrarte en lo positivo, decirle a las personas que quieres que las quieres, algo que parece muy cursi, pero no lo es. Los expertos dicen que la forma más eficaz y rápida es ser amable. Si eres amable con los demás, es imposible que tú no te sientas bien. Ese es el reto: humanizar el día a día, la gente no se saluda, no se da los buenos días... Ser amable es un chollo, te sientes mejor y es gratis. Lo último en Psicología Positiva va por ahí, gestionar los micromomentos en que estamos con otras personas: ser amable, cariñoso, ser afectuoso. Eso no es cursi, eso es ser humano.

?No todo es «happy», nos enfadamos con el compañero, con el marido, con el jefe... ¿Hay derecho a la protesta?

?Claro, yo ayer tuve una discusión enorme, hay derecho al desahogo. Si te han dado un golpe en el coche, no puedes decir: «No, no pasa nada». Pero es el desahogo razonable, y hay gente que el ‘razonable’ no lo ha pillado, lleva años enfadado con la humanidad. «¡Desahógate ya, por Dios, y acaba!» [risas]. Lo que no puede ser es que una discusión de pareja por una chorrada dure más de cinco o diez minutos, eso es de locos. Pero es un tema de ego, hay que sacarse el ego, y listo. Eso es magnífico.

?Tú dices que la actitud es todo, ni conocimiento ni habilidad.

?Claro, al final la vida nos va en lo personal y en lo profesional por nuestra actitud. Y lo más chulo es que eso lo gestionamos nosotros, eso depende de nosotros, tú lo eliges. Eso es lo que diferencia a las personas grandes de las mediocres. Cuesta un montón, pero cuando luchas es más fácil. A ti te quieren, te valoran y te aprecian por tu manera de ser, no por tu currículum. Tus hijos te quieren por tu manera de ser, tus compañeros de trabajo por tu manera de ser... La actitud. Nos gustan las buenas personas, las que son honestas, las que son íntegras, amables, no la gente que discute y está todo el día enfadada. Nos gusta la gente fácil y con sentido del humor.

?Eres experto en ventas, no sé si estaría bien que nos dijeras un truco para vender más periódicos.

?Ja, ja. La venta es muy dura, porque hay tanta competencia. Por eso es una de las profesiones que más admiro y respeto, la de vendedor; y luego a los médicos y los profesores, estos porque hacen un trabajo enorme, y los vendedores porque hacen uno muy difícil y muy poco reconocido. Tú dices que eres un vendedor y parece que eres un desgraciado.

?¿Qué es lo que más recomiendas a una persona que venda?

?Que se prepare, que se forme, que lea. La mayoría no lo hacen, por eso hay esa imagen, y la venta no es una cuestión de labia, es de mucha preparación, hay metodología, argumentario, cómo escuchar... No es fácil.

?En lo particular ¿cómo llegaste hasta aquí?

?Yo me equivoqué, tendría que haber estudiado Psicología, pero en aquella época no me iluminé. Hice después Humanidades porque me gustaba, si volviera a empezar haría Psicología.

?¿Tuviste clara tu vocación?

?No, yo me caí del caballo a los 28 años, tuve un accidente que me hizo estar seis meses en la cama y eso da para pensar mucho. Me puse a recoger las ideas que me habían gustado siempre de la actitud positiva, hice un resumen para mis hijos, eso se convirtió en un libro y se vendió muy bien. Tuve suerte.

?¡Eres uno de los conferenciantes más reconocidos y mejor pagados!

?He tenido mucha suerte, eso de que la suerte no existe es mentira, yo soy el típico tío no de suerte, de churro [risas]. Pero es incómodo, porque te da un mérito que no tienes. Solo explico cosas que todos sabemos, si lo hubiera inventado yo, sería un crac. Son cosas de sentido común, que todos sabemos y conocemos, no tengo ningún mérito. La gente necesita recordar.

?¿A veces te entra síndrome de monologuista, de decir las mismas cosas?

?No, porque al final el importante no es el que habla, es el que escucha y el que escucha lo hace por primera vez. Por eso mi reto es contarlo con la misma entrega, esa es la motivación que yo tengo.

?Tú tienes un pico de oro, ¿es entrenado?

?No, yo tengo la suerte de expresarme como soy. Y no siempre gusta, ¿eh? Yo digo muchos tacos, o merluzo, tarado, melón... Y hay muchas empresas que son muy serias y no les gusta. Cuando me pongo a hablar reconozco que es un fallo, a mí me gustaría ser un poco más formal, conozco a ponentes con mucho vocabulario, que vocalizan, que hablan muy bien. Ese es mi punto débil.

?Tu estilo es cercano, eso hay gente que lo agradece, todos hablamos así.

?Pero a veces eso de ser distendido parece que es un poco de cachondeo [risas]. Y yo no soy cómico, no me dedico al ocio, sino a la formación.

?¿La frase qué más te gusta, la que más repites?

?¡Vamos, Messi! [Risas] Es la frase más importante de mi vida, ja, ja, ja. La que más digo en las charlas es una de la madre Teresa de Calcuta: «Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz». Los que somos de pueblo lo entendemos bien: es práctica, es sencilla y si se puede aplicar a ti, saldrás por la puerta grande.

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Víctor Kuppers: «Nadie te va a recordar por tu currículum, sino por tu forma de ser»