Verbos para conjugar un buen curso

LA VUELTA AL COLE PIDE UN PLURAL Disfrutar. Compartir. Acompañar... o evitar las expectativas muy altas ayudan a entrar en las aulas con buen pie. Tres expertos nos guían para dar el paso de la orilla al pupitre


La ropa, los libros y el material suponen solo una parte del gasto escolar en el mes de los comienzos. La inversión en paciencia es una partida esencial en septiembre, cuando unos empiezan y otros vuelven a empezar. Sobre todo en infantil, con los pequeños, los expertos recomiendan estar en sintonía, arrancar esos primeros días con un verbo como empatizar. Y conjugar la experiencia en primera persona del plural.

TRES TIPOS DE NIÑOS

«Hay que tener en cuenta dos ámbitos, el familiar y el escolar. En cuanto a la familia, se debe sintonizar con los niños. Y sobre todo a los pequeños, los que van al cole por primera vez, prepararlos, contarles que van a hacer amigos nuevos y aprender cosas que no sabían. Se trata de empatizar», propone José Manuel Suárez, presidente de la Asociación de Pedagogos de Galicia. En esta línea va también la recomendación de Lucía Galán, Lucía mi Pediatra en la Red, que recomienda ponerse en su lugar. «Yo me pongo, tú te pones y ellos también se ponen en el lugar de los demás», ilumina la conjugación la autora de El viaje de tu vida, que nos insta a compartir y disfrutar, a conectar con nuestros hijos y a no aspirar a la alquimia de ser una madre o un padre perfecto.

Planificar y organizar el curso son dos de los verbos esenciales que propone María Soto, de Educa Bonito. «Está bien hacerles a ellos partícipes, porque aunque nos parecen pequeños, les gusta asumir responsabilidad, hacer también suyo ese momento».

Confiar en los profes es otra conjugación que practicar para que el niño se sienta seguro, nos guía Soto, esos primeros días de cole, en los que hay que aceptar que no es fácil «pasar de la orilla al pupitre».

Podríamos considerar tres tipos de entradas, sitúa José Manuel Suárez, que apunta que los períodos de adaptación de una semana o diez días alivian mucho el comienzo.

Hay niños que empiezan sin lágrimas ni miedos «y se ponen enseguida a jugar con otros»; otros que ofrecen cierta resistencia («en este caso, el profesor debe estar en contacto con los padres para que el niño naturalice la escuela como una parte de la vida»); y en tercer lugar, dice Suárez, está el niño que tarda en sentirse a gusto, «y ahí puede ayudar que la madre o el padre entre en el colegio y le acompañe un rato en clase».

También hay que pararse a disfrutar. Tú disfrutas... ellos disfrutan. Un verbo contagioso que no se cansa de volver a empezar.

VERBOS PARA EMPEZAR CON GANAS

1. Valorar y agradecer

EL VERANO

Valorar los buenos momentos del verano y agradecerlos son dos verbos que ayudan a conjugar un buen inicio de curso, según la logopeda María Soto, fundadora de Educa Bonito con Disciplina Positiva. «No todo el mundo puede disfrutar de unas vacaciones de verano, de ir a la playa o de pasarlas con la familia o los amigos», advierte. Aprovechar el tiempo juntos y hacer un resumen de los buenos momentos ayuda a cerrar el verano y recargar la batería escolar.

2. Asumir y aceptar

LAS DIFICULTADES

Los primeros días de cole pueden ser difíciles para todos, previenen los expertos consultados por YES. Esos primeros días tras la vuelta de las vacaciones hay que vivirlos como una «fase de transición». Sean pequeños o ya un poco más mayores, hay que comprender a los niños, entender sus tiempos, y que se pueden producir momentos de confusión y estrés. «No es fácil pasar de la orilla al pupitre», advierte María Soto. Hay que asumir que los cambios requieren su tiempo y un período de adaptación.

3. Sintonizar y empatizar

VOLCARSE EN ELLOS

A partir de 7 u 8 años, los niños ya saben hacer equipo, atienden a las normas de conducta social. Antes de esa edad es muy importante en la familia sintonizar con ellos, situarles, «volcarse, explicarles que van a hacer amigos y a aprender muchas cosas que no sabían. Se trata sobre todo de empatizar», subraya José Manuel Suárez Sandomingo, presidente de la Asociación de Pedagogos de Galicia, que ve necesarios los períodos de adaptación al ámbito escolar. 

4. Planificar y organizar

EL NUEVO CURSO

Pararse juntos, padres e hijos, a planificar y organizar el nuevo curso es una forma de afrontar el salto al otoño y la dinámica de la actividad escolar. «Preparar una zona de trabajo, el material, o decidir dónde vamos a dejar la ropa preparada para el día siguiente» son, según Soto, una manera agradable y segura de empezar. «Y sobre todo hacerles a ellos, a los niños, partícipes, aunque sean pequeñitos. Esa responsabilidad les gusta, les gusta hacer suyo este momento».

5. Compartir

LOS PRIMEROS DÍAS... Y TODO EL CURSO

Los pequeños no saben cómo generalizar y contar, cuando les preguntamos, qué han hecho en el cole. A veces el «no sé» y el «bien» son las únicas respuestas que conseguimos sonsacarles, lo que como padres genera incomodidad y duda. ¿Pero estará bien o no?, te preguntas. Antes de los 6 años a los niños les cuesta conectar un mundo con otro, el de casa con el del cole. Si tu hijo casi no sabe/no contesta, relaja tus preguntas. Es normal. Debemos «compartir los buenos y los malos momentos», insta Lucía Galán, autora del blog «Lucía mi Pediatra». «A lo largo del curso habrá problemas, habrá alegrías. Yo comparto, tú compartes, ellos comparten, porque la vida si es compartida es mejor», concluye la experta.

6. Acompañar

TODAS LAS EMOCIONES

«Acompañar las emociones que vengan tal y como vengan» es otros de los consejos en el inicio de curso escolar, invita Educa Bonito, filosofía que combina el cariño con la disciplina a la hora de educar. El espectro de emociones es amplio, junto a algunas como la alegría o la calma, dentro de nosotros conviven otras incómodas, como el miedo o la ira, que hay que aprender a encajar. No se puede pretender que los primeros días sean maravillosos. Padres y profes deben hacerse cargo de que es un momento de cambio y crecimiento para los niños, y esta comprensión hace que estén más receptivos y se sientan seguros. Evita frases como «No es para tanto».

7. Ponerse en su lugar

Y EVITAR JUICIOS

«Yo me pongo, tú te pones, ellos también se ponen en el lugar de los demás», conjuga Lucía mi Pediatra, autora de «El viaje de tu vida», sobre la experiencia de la paternidad. Aunque sus problemas te parezcan pequeños, para ellos son grandes, advierte la doctora. «No les juzgues, ponte en SU lugar. Tendrás un mal día en el trabajo, quizá no tengas energía para estar al cien por cien. No te culpes. Date permiso para no ser esa madre o ese padre perfectos. Enseña también a tus hijos a cultivar la empatía, a ponerse en TU lugar».

8. Confiar en los profes

TENDER PUENTES

La confianza en los docentes, que esa actitud de confianza en los profesionales de la comunidad escolar se refleje en los padres, es importante para iniciar el curso conjugándolo bien. «Ellos son los profesionales, saben cómo tratar con los niños y cómo hacer que se sientan bien», dice María Soto, que matiza que es esencial, «en caso de que haya algún problema o desencuentro con el profe o el centro escolar, tratarlo en un aparte, mostrando delante del niño una actitud de seguridad y confianza».

9. Disfrutar

JUNTOS

Se despide el verano, y entramos con relativa pereza en una temporada que, en general, obliga a acelerar el ritmo y echa en falta los huecos blancos en la agenda. Disfrutar es un verbo que no hay que perder de vista. «Disfrutar del tiempo libre con nuestros hijos, aunque sea poco, debería ser intenso. Yo disfruto, tú disfrutas, ellos disfrutan...», explica Lucía Galán estableciendo una cadena entre todas las personas de la conjugación verbal. La pediatra no perdona los planes en familia ni el cuento de buenas noches como una poción mágica contra las pesadillas.

10. Evitar las expectativas

Y LAS COMPARACIONES

Para que la experiencia aspire al 10, cada principio de curso debemos partir de 0. Y empezar a sumar intentando respetar el ritmo del niño, del aula, y evitando las comparaciones con los demás. Las expectativas demasiado altas y el afán de establecer comparaciones con los demás (evita el «Mi hijo lee y el tuyo no») oscurece el ambiente y hace que el camino sea tenso. «A veces la presión de las expectativas hace que nos perdamos cosas que nos dan la oportunidad de aprender», recuerda María Soto.

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