Toda la vida juntos sin pasar por el altar

ELLOS YA FIRMARON, Pero lo hicieron en el momento en el que decidieron tener hijos, contratar juntos la hipoteca o cuidarse en la oscuridad de las malas noches. Como ellos dicen, «el amor es lo más importante»


Lo de casarse para luego irse a vivir juntos y tener hijos ya no tiene por qué ir acompasado. Ahora muchas veces ocurre justo lo contrario: las parejas cambian el orden de las cosas que finalmente no altera el producto. Y la boda, claro, queda para el final, para el medio, o un día sin más se firma un papel y pista. Pero hay veces, incluso, que no hace falta sellar más. El amor es lo único que une y lo más importante. Mientras haya eso, el resto es indiferente. Cristina Gómez y Álvaro Bermúdez son de esa opinión. Ambos proceden de Ponteceso, tienen 30 y 31 años, y como tantos jóvenes, llevan toda una vida recorrida juntos de la mano, pero sin pasar por el altar. No lo tienen en su horizonte.

MÁS DE 15 AÑOS DE FELICIDAD

Se conocieron en el instituto cuando ella tenía 14 años y él 15. Y tras un año «así así», fue cuando ya comenzaron «en serio», puntualizan. Y desde entonces hasta hoy. Ya llevan 15 años de plena felicidad, que se dice pronto, pero los últimos ocho han vivido bajo el mismo techo. Empezaron en un piso de alquiler, como es habitual, y luego, hace tres, se lanzaron a comprar una casa. «No piso sentiámonos encerrados», apuntan. Los dos comparten su día a día con un gato y un perro, se levantan muy temprano para ir a trabajar, él es soldador y ella peluquera, y no es hasta el final de la tarde cuando se vuelven a reencontrar. Por eso para ellos el domingo es su gran día; una jornada que aprovechan de principio a fin para pasear, estar con la familia y juntarse con los amigos.

¿Y EL ANILLO PA´CUANDO?

Pero ¿y el anillo pa´ cuando? «Por circunstancias, nunca chegamos a iso. Si que o pensamos nalgún momento, pero non o fixemos», dice Cristina. Cada uno tiene sus motivos. Ella lo tiene claro: «Non faría unha festa porque me faltan familiares importantes e entón non me apetece; non o pasaría ben ese día». Y a Álvaro tampoco se le ve muy por la labor: «Non me gustan as multitudes nin tampouco vexo necesario que haxa que invitar a 200 persoas e gastar tantos cartos para celebrar un feito que xa é a diario. Antes, aínda si, porque era distinto e supoñía o inicio de todo; pero agora xa non é así. Nós querémonos e estamos felices deste xeito».

No tienen planes por el momento de pasar por el altar, y tal vez, el único motivo si llegase algún día sería si tuviesen hijos: «Todo o mundo di que sempre é mellor». «Respecto ás propiedades, na notaría dixéronnos que estar casados non implica que vaias ter máis seguro nada. Hai que facer un papel, que foi o que fixemos nós, para que se algún día che pasa algo, a túa familia colla a túa parte, pero nada máis». También se informaron sobre formalizar su unión como pareja de hecho, pero según adelantan, en su concello solo es válido durante dos años, por lo que no le encuentran tampoco mucho sentido.

No ponerse el vestido blanco y sentirse ese día como una princesa no le quita el sueño a Cris. Al menos por el momento: «Algún día si que me fixo ilusión, agora xa che digo que non tanta. Pero nunca se sabe. Igual cambia a opinión co tempo», apunta sin mucho afán. Sea como sea, llegado el día de convertirse en marido y mujer por escrito, antes tendrán que ponerse de acuerdo, porque cada uno se imagina la boda de una manera totalmente distinta.

«Eu invitaría aos nosos pais e aos máis achegados e iriamos comer xuntos, pero unha cousa normaliña. E en canto á vestimenta, como un domingo calquera: con camisa, pero sen traxe», dice Álvaro tan campechano. Cris opta por una celebración más sencilla todavía: «Eu preferiría firmar e cear nós os dous». Mientras tanto, a las bodas que no se pueden resistir son a las de sus amigos: «Que remedio!», responden entre risas.

  

“Nosotros amor sí, pero sin anillo”

Llevan ya casi 20 años juntos. Caminan de la mano por el paseo marítimo de Sada. En sus ojos hay un brillo especial. Ellos no necesitan una mega fiesta para demostrar su amor. Querida Jennifer López, aquí lo del «anillo pa’ cuando» no funciona. «Vale más nuestra amistad que lo que diga un papel. Al final, el matrimonio no es más que un documento que acaba guardado en un cajón, un trámite legal», dicen. Deyanira Hernández y César Guerra lo tienen claro: «Quererse y ser amigos es más valioso que cualquier fiesta». Y ponen un ejemplo: «Cuando tienes un mejor amigo lo das todo por él. Si a eso le sumas que es tu pareja, ¡imagínate! En este tiempo lo hemos conseguido, y para nosotros es más valioso que una boda».

Se conocieron de jóvenes en Venezuela, su tierra natal, y el destino los juntó cuando tenían 20 años. Desde ese momento se han vuelto casi inseparables. «Hasta el sol de hoy», cuenta César. «Siempre hablamos de marido y mujer, para nosotros es como si llevásemos desde el primer día casados», asegura Deyanira. Una vida juntos, hijas y muchas noches «cuidándonos el uno al otro, ¿qué más se puede pedir? Cuando algo funciona, ¿para qué cambiarlo?». «Tenemos cercanas varias parejas que se han casado este año. Cuando pienso en todo el dinero que se invierte en una boda, siempre digo: ‘Qué gasto más innecesario?», confiesa Deyanira. «Con ese dinero podríamos irnos los dos de viaje, a disfrutar de la vida», asegura César. «Yo solo veo que cuando hay una boda de por medio las novias lo pasan mal. Nervios por el vestido, por el peinado, por las flores, porque todo salga bien en la fiesta… ¡Es un poco estresante!», añade ella. «Es algo que o haces al principio, cuando empiezas una relación y todo te parece maravilloso, y solo piensas en ‘el anillo pa’ cuando’, que después, cuando van pasando los años. Al final, vas madurando, te das cuenta de que lo más importante es que haya amor y una buena relación, sin necesidad de pasar por el altar ni de contárselo a todo el mundo», confiesa Deyanira. «Además, yo ya no me veo buscando un vestido de novia», sonríe.

«LA BODA ES UNA MODA»

«Creo que a veces las bodas están más motivadas por una moda o por lo que marca la sociedad que realmente por una demostración de amor», coincide la pareja. Más motivos para mantener su relación intacta, sin firma de por medio. «Conocemos muchos casos de parejas que llevaban mucho tiempo y que al poco de casarse se divorcian. Mejor quedarnos así», bromea César. «La fortaleza de una relación está en el día a día. Todo el mundo debería convivir antes de casarse. Cuidar del otro cuando está enfermo. ¡Eso sí que es un verdadero matrimonio!», destacan. En casa, a veces la idea de una hipotética boda sale en la conversación. Pero se queda solo en eso, en una idea: «Si algún día lo llegásemos a hacer, creo que firmaríamos y después nos iríamos de chupitos los dos para celebrarlo», cuentan entre risas. No llevan alianzas, pero sí hay una cadena de oro que simboliza su unión: «Me la regaló César hace muchos años diciendo que me amaba. La uso siempre que no estoy trabajando. Es muy valiosa para mí», confiesa Deyanira. Juntos no necesitan nada más. Lo que ha unido el amor, que no lo separe un papel.

MÁS DE 15 AÑOS DE FELICIDAD

Se conocieron en el instituto cuando ella tenía 14 años y él 15. Y tras un año «así así», fue cuando ya comenzaron «en serio», puntualizan. Y desde entonces hasta hoy. Ya llevan 15 años de plena felicidad, que se dice pronto, pero los últimos ocho han vivido bajo el mismo techo. Empezaron en un piso de alquiler, como es habitual, y luego, hace tres, se lanzaron a comprar una casa. «No piso sentiámonos encerrados», apuntan. Los dos comparten su día a día con un gato y un perro, se levantan muy temprano para ir a trabajar, él es soldador y ella peluquera, y no es hasta el final de la tarde cuando se vuelven a reencontrar. Por eso para ellos el domingo es su gran día; una jornada que aprovechan de principio a fin para pasear, estar con la familia y juntarse con los amigos.

¿Y EL ANILLO PA´CUANDO?

Pero ¿y el anillo pa´ cuando? «Por circunstancias, nunca chegamos a iso. Si que o pensamos nalgún momento, pero non o fixemos», dice Cristina. Cada uno tiene sus motivos. Ella lo tiene claro: «Non faría unha festa porque me faltan familiares importantes e entón non me apetece; non o pasaría ben ese día». Y a Álvaro tampoco se le ve muy por la labor: «Non me gustan as multitudes nin tampouco vexo necesario que haxa que invitar a 200 persoas e gastar tantos cartos para celebrar un feito que xa é a diario. Antes, aínda si, porque era distinto e supoñía o inicio de todo; pero agora xa non é así. Nós querémonos e estamos felices deste xeito».

No tienen planes por el momento de pasar por el altar, y tal vez, el único motivo si llegase algún día sería si tuviesen hijos: «Todo o mundo di que sempre é mellor». «Respecto ás propiedades, na notaría dixéronnos que estar casados non implica que vaias ter máis seguro nada. Hai que facer un papel, que foi o que fixemos nós, para que se algún día che pasa algo, a túa familia colla a túa parte, pero nada máis». También se informaron sobre formalizar su unión como pareja de hecho, pero según adelantan, en su concello solo es válido durante dos años, por lo que no le encuentran tampoco mucho sentido.

No ponerse el vestido blanco y sentirse ese día como una princesa no le quita el sueño a Cris. Al menos por el momento: «Algún día si que me fixo ilusión, agora xa che digo que non tanta. Pero nunca se sabe. Igual cambia a opinión co tempo», apunta sin mucho afán. Sea como sea, llegado el día de convertirse en marido y mujer por escrito, antes tendrán que ponerse de acuerdo, porque cada uno se imagina la boda de una manera totalmente distinta.

«Eu invitaría aos nosos pais e aos máis achegados e iriamos comer xuntos, pero unha cousa normaliña. E en canto á vestimenta, como un domingo calquera: con camisa, pero sen traxe», dice Álvaro tan campechano. Cris opta por una celebración más sencilla todavía: «Eu preferiría firmar e cear nós os dous». Mientras tanto, a las bodas que no se pueden resistir son a las de sus amigos: «Que remedio!», responden entre risas.

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