Llevamos 20 años veraneando en Malpica

LAS MEJORES VACACIONES son las que más se disfrutan, pero hay muchas formas de hacerlo. Desde los que se van de cámping con todos los bártulos hasta los que repiten destino, sin olvidarse de los que arrancan con la maleta desde el primer segundo

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Hay quien cada verano tiene un destino vacacional diferente para ir conociendo nuevos mundos. No obstante, también los hay que ya han encontrado un lugar que los llena por completo. Se trata de una familia que aunque tiene raíces gallegas, y más concretamente lucenses (Chantada), ha residido y hecho toda su vida en Madrid. Con todo, desde hace más de 20 años, pasa siempre el mes de julio en Malpica de Bergantiños, un enclave turístico de la Costa da Morte.

«Yo por aquel tiempo trabajaba, y fue mi hermana la que por unos amigos viajó a Malpica y se trajo a mis hijos. Y a partir de ahí, vinimos seguido», explica Isabel Carral, de 70 años, en referencia a su hermana Mari Cruz, de 75. ¿La diferencia? Que por entonces sus tres hijos -Gonzalo, Maite y María Ferreiro-estaban solteros. Ahora, dos de ellos ya están casados. Además, ella ahora ya disfruta de la jubilación y viene con sus nietos: Thiago, Álvaro y Daniel, de 4, 6 y 10 años. Tiene toda una vida para disfrutar. Y así lo hace. Siempre en compañía de su familia.

ENAMORADOS DE GALICIA

¿Pero qué tiene este pueblo que tanto los ha encandilado? «La tranquilidad»; «que es muy pequeño»; «la gente»; «lo fresquitos que estamos»; «la playa»…, comentan entre todos. Pero es en la comida donde más se extienden: «Los percebes me encantan»; «a mí las nécoras»; «yo el caldo a la gallega»; «el raxo». «Y es que sea el producto que sea, lo pruebas en otro sitio y no hay color», aseguran.

La rutina que esta familia hace todos los días es la siguiente: «Nos levantamos y miramos el día por la ventana. Bajamos a desayunar. Nos vamos a la playa hasta la ruta del aperitivo. Subimos a comer y dormimos la siesta por los pequeños. Luego nos volvemos de nuevo para la arena, y allí nos quedamos hasta las 9 o más tarde», cuenta Isa. Y cuando llega la noche, todavía sigue la fiesta: «Vamos a todas las barbacoas de los bares y así no hago de cenar. ¿Dónde asan hoy?». No paran. Y las abuelas aún aprovechan hasta última hora para juntarse con las amigas y jugar una partida a las cartas.

LA PLAYA, SU PARAÍSO

La playa es su sitio preferido. En este caso, Area Maior. Y aunque son conscientes de que el tiempo en Galicia es muy inestable, dicen alto y claro: «Eso nos da igual, si no estaríamos en el sur. Salvo que haya mucho viento, bajamos igual». Y es que para los niños, las vacaciones en Malpica son un lujazo. Pueden andar a su aire por la playa, pudiendo la abuela tenerlos controlados en todo momento: «En Benidorm ya no me lo planteo. Aquí hay poca gente y es mejor para ellos, que disfrutan más». El mayor, Daniel, tiene muy claro por qué le gusta esta zona: «Me encanta saltar las olas y buscar cangrejos en las rocas». Y claro, para que ellos jueguen y los grandes descansen, se bajan a la arena «una furgoneta entera», dicen. El despliegue es brutal. Con pintalabios incluidos para las abuelas, que son muy coquetas. Tanto, que ya dejan todo extendido mientras suben a casa a comer. Su sitio es fijo año tras año: delante de los socorristas.

Pero también tienen plan alternativo para los días de lluvia: «En Marineda nos hacen la ola», dice Pedro Toro, uno de sus yernos. Otras opciones son los paseos por el puerto, el parque o, incluso, por Carballo. Por «el boca a boca», dicen haberse juntado hasta 40 madrileños en el mismo arenal. «Malpica engancha», recalcan. Y dan más detalles: «Aquí hacemos cosas que en Madrid no podemos hacer». Y ante la pregunta de si no se plantean algún día veranear en otro lugar, responden convencidos: «Nunca. Ni pensarlo. Antes nos matamos». Su otro yerno, Íñigo, incluso baraja la opción de, en un futuro, vivir en A Coruña con María.

Cuando acabe agosto y con él las lluvias en este pueblo marinero, los hijos y los nietos regresarán a la capital, pero las hermanas Carral aún viajarán a su segundo destino veraniego habitual: Doncos, en As Nogais. Y allí se quedan hasta septiembre u octubre disfrutando de su casa y de la naturaleza verde de Galicia; la que fue, es y será su tierra.

«Hace seis años que repetimos el plan del cámping»

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"Si tienes niños pequeños, el cámping es lo mejor. Te da una libertad total y la estancia nos cuesta tan solo 6 euros y pico por persona y noche"

¿Playa o montaña? ¡Cuántas veces habremos escuchado esa pregunta! Y por qué quedarse solo con una cuando se pueden tener las dos. Campo y arena, ambos a tiro de piedra. A Roberto Tilve Rúa el gusanillo de la tienda y el saco le picó tarde. Siendo niño jamás pisó un cámping, pero la llegada de sus dos hijas supuso un idilio en toda regla con esta forma de veranear, una desconexión total del cemento urbano y del estrés de su trabajo -es conductor de ambulancias-. «Es espectacular la comunión con la naturaleza», resume.

Natural de Redondela, a sus 37 años vive una segunda infancia a través de los ojos de Icía y Nayra, de 11 y 6 años. Completan este cuadro campestre su pareja Iris y el hijo de esta, Lucas, además de Daniel, compadre y amigo inseparable de Roberto, y sus ahijados. «¡Y no salimos todos en la foto!», nos dice.

¿Por qué un veraneo de cámping? «Por la libertad que te da. Los niños van a su bola. No tienes que estar 24 horas pendiente. Y son felices. Además hacen muchos amigos». Lleva seis años repitiendo plan: «Normalmente nos quedamos en Galicia pero también hemos ido a Portugal».

¿Y el factor económico? ¿Sale mejor, siendo familia numerosa, irse de cámping que de hotel o a un parque de aventuras? «La verdad es que si solo tienes en cuenta el alojamiento, es muy barato», asegura este amante del campismo. «Son seis euros y pico por persona y noche. Una semanita aquí nos sale a todos por unos 180 euros, actividades aparte, claro, que eso es lo que sube». Roberto es de los tradicionales, de los de tienda de toda la vida, piqueta incluida: «Mi compadre se ha traído esta vez un remolque».

Este 2018 ha tocado Ribeira. El Cámping Rural Ría de Arousa II, que está a diez minutos en coche de un chapuzón en el mar -por si apetece sacudirse las hierbas- y muy cerca del Parque Natural de las Dunas de Corrubedo, aunque dentro tienen todo lo necesario para pasar unas vacaciones sin tiempo para el aburrimiento:

PROHIBIDO ABURRIRSE

«Hacemos un montón de cosas -añade Roberto-, desde tiro con arco, paseos en caballo o rutas en quad». Pero también se pueden hacer rutas en bici o senderismo sin olvidarnos, por supuesto, de la piscina, esa especie de plaza del pueblo casi imprescindible en cualquier cámping que se precie, donde todos se reúnen y se divierten. El día aquí transcurre a las «órdenes» de los pequeños. La trompeta en este particular cuartel suena temprano. «Desayunamos todos juntos y planificamos la jornada. Los niños nos dicen qué les apetece hacer y reservamos alguna actividad», cuenta Roberto. El ejército exhausto repone fuerzas a pie de tienda. Aunque el cámping ofrece servicio de restaurante, la familia Tilve y compañía traen su propia comida de casa: «Esto va a escote y luego si falta alguna cosa la compramos en el supermercado del recinto». Nadie se erige como jefe de cocina, una labor que, como el pago de los alimentos, se reparte. «No nos complicamos mucho la vida. Hacemos arroz, pasta, algo a la plancha, y por la noche unos sándwiches calientes o unas hamburguesas. Luego mi compadre y yo solemos organizar juegos pensando en los niños. Se nos unen de otras tiendas también. Pues por ejemplo, la búsqueda del tesoro, linterna en mano. Otro día toca escondite, y así», indica Roberto. Nos imaginamos perfectamente a estos exploradores apurando los minutos antes del toque de queda de medianoche. «A las doce, todo el mundo a cama».

Manuel Domingo, gerente de las instalaciones, explica que hay dos tipos de veraneantes: «Los que reservan en Semana Santa y pasan aquí largas temporadas, normalmente parejas ya jubiladas; y los que vienen una semanita o dos durante los meses de julio y agosto, familias con niños básicamente».

Roberto tiene claro que el año que viene repetirá experiencia y escenario. ¿Será que quien lo prueba se engancha?

«No verán volvo ao lugar onde nacín»

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Volver es el título de aquella película protagonizada por Penélope Cruz con Pedro Almodóvar gritando: «Acción!!!». Porque volver, en este caso a los orígenes, es algo que muchos buscamos. Las raíces. De dónde venimos... Aunque Carolina Durán Díaz vive actualmente en Xilloi (O Vicedo) y regenta su primer negocio propio ella en Viveiro, el primer fin de semana de julio la localizamos fijo en Naraío (San Sadurniño), de donde ella es natural, pues no se pierde su cita al Festival de Río Castro. Nos ofrece la explicación del porqué de esta costumbre suya, como si de una peregrinación anual se tratase: «É o momento do ano no que vexo á xente da miña xeración. Por iso, faime moita ilusión e encántame ir todos os anos. Todos os veráns volvo ao lugar onde nacín».

Aunque no desmerece nada su lugar de residencia habitual, con vistas al citado arenal vicedense y a una costa espléndida, junto a su pareja desde hace ocho años, el viveirense Julio Cociña Méndez. Sí, es un enclave idílico, de esos de postal, pero reconoce que hace muy poco que estrenó las tumbonas de casa este verano. Porque en realidad, ambos son un culo inquieto en lo que a términos vacacionales nos referimos. Poco paran en el hogar, dulce hogar. El anterior fin de semana sí lo hicieron, aprovechando para darse una vuelta por el Festival Internacional do Mundo Celta en Ortigueira.

AMBIENTES DISTINTOS

Carolina y Julio son dos personalidades errantes, dos terremotos viajeros, que aprovechan días libres, puentes, vacaciones... cualquier jornada disponible sin trabajo a la vista para viajar: «Gústanos ver ambientes distintos, caras distintas... Ademais, a miña parella e mais eu somos moi sociables, saímos por aí, busamos locais novos... Se te quedas, ao ter negocio, sempre ves á mesma xente. A Julio tamén lle pasa coa xente do seu traballo. O mellor, cando colles as vacacións é saír pitando», apunta Carolina.

Su plan de viaje es prácticamente sobre ruedas, salvo cuando toca ir a islas, obviamente en avión. «El -explica Carolina- é o de conducir. Eu o de conducir lévoo mal». «Iso si, elixo destino -ríe- e el lévame. Podo ir mirando un pouquiño o Google Maps e axudándolle, pero a el é ao que se lle dá moi ben conducir. Gústalle e non lle importa facer horas e horas». En ruta y con el cuentakilómetros echando humo y el vehículo seguro que pidiendo relax, han visitado numerosos rincones de España y del norte de Portugal (les falta conocer el sur luso), pero han ido a las Canarias y a las Baleares (les falta Menorca, un destino que les recomiendo), Cádiz... Y en el plano internacional sus próximos objetivos son Londres y Francia.

«En canto podemos, escapamos. Ás veces non programamos e vai todo sobre a marcha. Pasounos moitas veces, de ir en plan buscando no móbil onde quedarnos», dice. «Eu ao ter negocio -añade- é moi difícil organizar vacacións. Agora, Julio ten a primeira quincena de agosto e aí teño que pillar uns días si ou si porque se non...».

Le pregunto si hay plan a la vista o si, como muchas otras veces, la idea es ir a la aventura, en ese veraneo exprés de apuntarse a la primera de cambio. Las vacaciones del verano que arrancan sin pensar: «Non sei o que imos facer, pero escapar imos escaparnos, aínda que sexa, imaxínate, ao sur de España».

Eso sí, otro lugar que la enamora es su tierra ferrolana y las playas de Valdoviño y Doniños. Es una incondicional de esos arenales desde que era una niña y que le aportan una grata sensación de libertad.Es como un viaje a su tierna infancia. No hay veraneo más top para Carolina que regresar siempre a su lugar de origen.

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