Tómate una copa de puesta de sol

Ojo, que hay peleas. Aquí se saben hasta el número de las mesas mejor orientadas al atardecer, así que más te vale ir con tiempo si lo que quieres es beberte los últimos rayos en esta ruta de locales con vistas de excepción. Ya lo dijimos una vez: Quen lle dera a Ibiza...

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Celebremos con una copa de puesta de sol el solsticio de verano. Este es el mes con los días más largos y los mejores atardeceres del año, y qué mejor forma de disfrutarlos que al aire libre recorriendo esa última hora que sabe a gloria. Vamos, antes de que se nos escurra de los dedos este anticiclón, a esos locales que se convierten en auténticos miradores cuando se ponen esos últimos rayos tan esperados.

Si hay un lugar para ver una buena puesta de sol en A Coruña, ese es O Portiño. Este tramo final del paseo marítimo no muy explotado es el rincón preferido de quienes disfrutan de la naturaleza y del océano en su estado salvaje. El sitio idóneo para caminar, pero también para sentarse a tomar una buena copa de puesta de sol en la terraza del bar O Portiño. Allí nos recibe la dueña, Concha Rivas, que sabe que el suyo es un sitio privilegiado y que el sol es crucial para que se llene. Quince años lleva al frente de este emblemático local que hizo una clara apuesta por su terraza y la música electrónica, y en el que la puesta de sol es tan famosa que hasta cuenta muchos días con DJ para ambientarla.

Si bien queda algo retirado del núcleo urbano -de ahí el encanto de su entorno salvaje-, una vez allí no hay problemas para aparcar y, si uno va con algo de tiempo, puede bajar caminando hasta el pequeño puerto de O Portiño. Ya de vuelta, puede tomarse algo en la terraza con vistas al horizonte y al mar. «La gente suele estar a gusto y les cuesta salir de aquí, porque una vez que vienen, no es para media hora», indica Concha, que dice que su terraza es el mejor sitio para ver la puesta de sol, «porque se pone justo en frente» y asegura que hay muy buen ambiente, «con mucha mezcla de edades». Con semejante balcón al mar, la dueña asegura que «aquí el que manda es el sol. Puedes hacer lo que quieras para atraer a la gente, pero el que manda es él. Por eso estoy mirando siempre para arriba». Aun así, el servicio de comidas que añadió al bar está haciendo de él un reclamo más allá de esa caña de última hora. «Están funcionando muy bien, la nuestra es una cocina sin sofisticaciones pero muy natural», indica. A ello suma la parrilla y la organización ocasional de eventos como cumpleaños, congresos e incluso alguna que otra boda. «Se hacen con previa reserva y nosotros traemos a alguien que se encarga de cocinar y nos hacemos cargo del servicio», afirma Concha. Y la verdad es que con esas vistas de postal, ya dan ganas de reservar.

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Un espectáculo en Boiro

Desde allí nos vamos al sur y paramos en la comarca de Barbanza, concretamente en Boiro, para vivir de nuevo la magia de esta última hora. Allí nos encontramos, en una de las dos terrazas del Miramar Praia, a Iván (de camiseta oscura), Sara y Sergio disfrutando de sus copas de puesta de sol. «Este sitio es único en Boiro, la puesta de sol desde aquí es impresionante, un espectáculo», dice Iván, que hizo suya la costumbre de «ir a última hora para poder ver la puesta y tomarme algo». Lo que más le gusta, dice, es la variedad que tienen y los diferentes espacios del local.

«Trabajamos mucho la terraza, con el servicio de coctelería, y en verano ofrecemos también algunos conciertos», explica el gerente, Jorge Matosián, que nos da a conocer la carta de este negocio que ya tiene 12 años de funcionamiento a sus espaldas y que, además de como local de copas, también funciona como restaurante: «Hacemos una fusión entre la cocina creativa y la tradicional, con un enfoque diferente a la oferta que puedes encontrar habitualmente por Boiro». Como zona complementaria a la del restaurante, el Miramar cuenta con otra terraza chill out en la parte inferior que también funciona por sí sola como otro de los puntos preferidos de la clientela para ver la puesta de sol. «La gente, tanto la de aquí como los turistas, suben de la playa entre las siete y media y las ocho para verla, porque es un lugar privilegiado», dice Jorge. Y nosotros tenemos la prueba de que lo es.

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Las ventanas mágicas

La noche se acerca, suave. El calor del día ha dejado paso a una suave brisa. Si respiramos hondo, percibiremos en el ambiente un aroma a sal y un ligero toque a laurel. Estamos en el Augamare, en Carril, un local que se ha desarrollado en armonía con el hermoso paisaje que late ahí fuera. Las ventanas, abiertas de par en par, permiten asomarse al mar de Arousa, sobre el que parece dormitar, iluminada por los últimos rayos de sol, Cortegada, la más pequeña de las Illas Atlánticas, que aspira junto a sus hermanas mayores a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Su bosque de laurel, ese que creemos percibir en el ambiente, es el más grande de toda Europa.

Es fácil dejar pasar el tiempo mientras el sol se oculta, lentamente, tras el horizonte marino. Su luz, a la fuga, realza las estacas de los parques de cultivo, tan características de Carril como las almejas que crecen bajo la arena. Dentro del local, la música suena tan suave como la velada, y la delicadeza del espacio parece contagiar también a las conversaciones, que se convierten en un mullido fondo sonoro. Ver anochecer en el Augamare, con una copa de Os Dunares en la mano -un rosado atlántico que María Falcón y Cristina Yagüe elaboran con la mítica uva caíña-, es uno de esos placeres sencillos que pueden arreglar hasta el día más rudo. En eso, el Augamare tiene algo de alfa y omega. Porque si es una buena idea despedir el día mirando por sus ventanas, resulta vigorizante darle la bienvenida a la jornada con uno de sus deliciosos desayunos, compuestos con el cuidado de una obra de arte.

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Reservas en Baldaio

Además de su carta, basada en el producto fresco y de la tierra con mariscos y pescados del día, este local es conocido por ser una gran ventana a una de las mejores puestas de sol de la zona. Entre la comida y la puesta -eso sí, una vez hecha la digestión-, puedes bajar hasta esta pequeña playa y darte un baño para aprovechar el tiempo. Porque en cuanto llegue el momento en el que el sol empiece su espectáculo desearás prestarle toda tu atención, probablemente desde este local y con una copa o un refresco en la mano.

«Aquí ya nos dicen: ‘Por favor, ¿me reservas la mesa número 7?’», cuenta Francisco José Añón, dueño del restaurante junto a su mujer Carmen Pensado, que asegura que los clientes ya se saben de memoria los números de las mesas desde las que mejor se ve el fenómeno, aunque también tienen terraza para hacerlo al aire libre. Francisco José explica que esta época y la del mes de julio son las mejores para observar cómo se oculta el sol: «Ahora se pone a la derecha de las Illas Sisargas, y después se pone a la izquierda, entre ellas y la tierra, que es precioso». Como sus clientes también se lo saben, en el restaurante son conscientes de que en determinados momentos del día tendrán el abarrote asegurado. «Nosotros ya sabemos que en esa última hora de las tardes de verano vamos a tener mucha gente», indica Francisco, que señala que Pedra do Sal «no es una playa de dos horas, sino que muchos vienen los fines de semana para pasar el día». Normal, con semejante atardecer.

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