Las mejores terrazas con vistas al sol

UNA RACIÓN DE VITAMINA D Inauguramos las olimpiadas más disfrutonas. Nos vamos por los mejores locales de Galicia para saborear el momento, de Caión a Samil. ¿Qué vas a tomar? Nosotros lo tenemos claro, el sol

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CARLOS CRESPO ANA ABELENDA Y YOLANDA GARCÍA

Salimos disparados tras los primeros rayos de sol. Y el peligro al quitarse el abrigo y sacudirse la sensación de invierno más que torrarse es ¡quedarse sin silla! Recorremos esos lugares de Galicia donde con la caña o el cóctel te ponen el sol. Primera parada, Caión. Las puestas de sol que se ven desde este templo del terraceo son para enmarcar. Para todos los que todavía no lo conozcáis, os presentamos el Asteria. Y aquí, por las tardes, se cansan de poner «copas de puesta de sol». Así las llama ya Guillermo Iglesias, el dueño de este local que se ha convertido en un imprescindible desde el que uno puede contemplar con vistas insuperables el conjunto de las playas de Caión, una estampa que da lugar a uno de los mejores paseos marítimos de Galicia. «De noite poñemos copas, pero cando máis saen é pola tarde, entre as seis e as sete. E aí o gin tonic normal e o rosa con Sprite son os que mandan», asegura el propietario. Pero el Asteria es mucho más.

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Las colas de cualquier mediodía de un fin de semana soleado para coger mesa en la terraza son épicas. Y su sistema para llevar la cuenta de la lista de espera es el sentido común: «O noso método é moi particular. Basicamente, preguntamos: Quen é o último?’, e dinche: ‘Eu!’. E a verdade é que nunca houbo problemas», cuenta divertido Guillermo, que dice que este buen talante de la gente debe explicarse por aquello de que esperar apoyado en la barandilla y viendo el mar mientras uno se toma una caña no es tan traumático. «Pensei o de poñer número, pero é que funcionamos ben así», añade. Y tanto.

Treinta y cinco mesas tiene su codiciada terraza, que no son pocas. Y lo que más se pide en ellas es, como no podía ser de otra manera, las cañas. Nos aseguran desde allí que el plato estrella es su famosa tortilla, pero los habituales que se saben bien la carta afinan y añaden alguna recomendación más. Si no has probado las linguas de polo, el salpicón, la ensalada de pasta o las paellas, estás tardando. Y ojo, porque el Asteria es cafetería por derecho propio. No beberás aguachirri después de comer. Aquí el café, palabra de YES, está rico. Y los helados, de bola, son a elegir. Si a eso le sumas un tique barato, tenemos la fórmula que explica por qué nos podemos encontrar a cualquiera sentado en esta terraza. Parejas, grupos de amigos y familias enteras con niños. Aquí caben todos, mientras respeten el turno.

Y hablando de la fórmula, nos falta un ingrediente. Porque aquí a la que habría que darle un premio es a la cocinera, que es la madre de Guillermo y no está tan a la vista, pero es quien maneja los fogones desde que abrió el bar en 1999. Su menú, de tapas, raciones y ensaladas, se caracteriza por ser rápido, fresco y ágil. «Nós non reservamos porque non somos propiamente un restaurante, e as mesas rotan moi rápido. E o que quere a xente que está esperando é iso, que se movan moito», comenta el dueño, que en teoría cierra la cocina a las cuatro, pero casi nunca puede cumplirlo: «Aquí as fins de semana non podes. Empezamos a ter xente á unha do mediodía, pero podemos estar ata as cinco tranquilamente. Moitas persoas estiveron esperando e non as podes deixar sen comer». Será por eso por lo que el que prueba el Asteria, repite. Y como el éxito lleva al éxito, acaban de abrir la semana pasada otro local con el mismo nombre en Arteixo. «Este si será máis de tipo restaurante, aínda que tamén ofrecemos tapas e menú do día», detalla Guillermo. ¿Y tiene terraza?, le preguntamos. «Homeee! Esta non ten vistas ao mar, pero claro que temos», responde al instante. La duda ofende.

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VIENTO EN POPA EN VIGO

Ponemos rumbo al Marina Cíes, que en julio del 2015 iniciaba su andadura en el paseo de la playa de Samil, la más popular de Vigo y tan cerca de ella que con marea alta, en cuatro saltos te das un chapuzón. Sobre las ruinas del Jonathan, mítico local que acabó en la decadencia más absoluta, renacía un ave fénix de un blanco deslumbrante y un estilo ibicenco que, desde el principio, despertó el recelo de todo vigués de bien. ¿Dónde van estos? ¿Pero están locos? ¡Tanta terraza para cuatro días de sol! Pero los agoreros, por ahora, se equivocan porque el local va como el paisaje marino que tiene delante y el viento, en popa, le empuja con fuerza hacia adelante.

Por el camino ha tenido que demostrar que no solo es un bar de postureo, sino que es un espacio de ocio donde cuidan los detalles para estar a gusto tanto si te tomas un cóctel en un día soleado como si te presta tomarte un café con leche en una jornada lluviosa mientras ves cómo las gotas resbalan por los cristales o te apetece disfrutar de un intermedio relajante en tu jornada laboral, ya que tienen menú del día por 15 euros y unas vistas al Atlántico con las Cíes al fondo, gratis.

Tras un verano espectacular, el del 2017, el invierno ha sido también largo. El responsable de la empresa, Odilo Rodríguez, reconoce que esperaban este sol como agua de mayo y de repente ha llegado con fuerza. Esta semana terminaban de poner al día todas sus terrazas. La oferta gastronómica es otra de sus bazas y el responsable de que todo esté en su punto es el chef Ángel Ríos, cuya cocina viaja de lo local a lo internacional. Además tienen servicio de take away y es posible llevarse la comida para saborearla en la toalla. La carta de bebidas, cócteles y ginebras premium es amplia y la decoración y el diseño de ambientes también merece un reconocimiento que ha cambiado por completo la cara de un establecimiento que fue un emblema y necesitaba dar un giro de 180 grados.

El Marina Cíes, que ganó la concesión municipal hasta el año 2039, es un espacio versátil que ocupa 1.200 metros cuadrados en dos alturas y alberga numerosas fiestas y eventos. Por muy ibicenco que sea su estilo y aunque el cambio climático nos trae cada vez veranos más largos y tórridos, confiar al cielo su suerte es demasiado arriesgado. Por eso está preparado para resultar también un lugar acogedor durante el invierno como destino de ocio nocturno sin problemas de aparcamiento.

Pero cuando el sol brilla con fuerza en ese espectacular horizonte o cuando al bajar dibuja unas puestas de sol que las de Sant Antoni de Portmany hasta dan la risa, es cuando más apetece disfrutar de un local amplio en el que hay donde elegir. Porque lo mismo te apetece un masaje de pies o bien tumbarte en una de sus lujosas hamacas.

Incluso ir con niños es una opción a tener en cuenta, porque tienen un servicio de cuidadores, disponen de personal cualificado para estar pendientes de ellos durante la estancia de los clientes que así lo soliciten. Dentro hay una zona recreativa donde se desarrollan diferentes actividades deportivas, juegos y talleres para niños de 6 a 12 años. Y a disfrutar mirando el mar. 

Subimos un poco en el mapa, siguiendo en la brújula el Norte que marca el sol.

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JARDÍN, TERRAZA Y ESCENARIO

Llegadas estas fechas proliferan las alertas que aventuran la inminente temporada estival. Y no solo en la naturaleza. Basta con prestar un poco de atención para darse cuenta de que también el deambular cotidiano de los entornos urbanos sufre variaciones que revelan los síntomas del estío. En O Grove, desde hace unos años, El Patio ejerce como un singular e infalible barómetro. Son varias las transmutaciones que a estas alturas del año acontecen en el local meco. La primera y más evidente, la desaparición de la cubierta que durante el invierno protegió su terraza principal, propiciando ahora un amplio y luminoso espacio que se une con la zona ajardinada por la que discurre un riachuelo artificial.

También se empieza a advertir un cambio en el público congregado, mutación que alcanzará su momento álgido en los meses centrales del verano. Y es que una de las primeras cosas que aprende el turista cuando llega a O Grove es que El Patio es el local de referencia e inevitable punto de encuentro desde la tarde hasta la primera hora de la noche.

Y lo es, precisamente, por esa condición de espacio abierto, ajardinado y acogedor en el que cada cual va tomando poco a poco posesión de su pequeña parcela. Se solapan los ambientes, se entrelazan las conversaciones y se cruzan las miradas en torno a una mesa y una cerveza. O un cóctel. No en vano la coctelería selecta y los combinados premium son dos de las especialidades del local, que cuenta con dos barras, una exterior y otra interior.

Hay un tercer síntoma que en El Patio evidencia la llegada de la nueva temporada. Y es la sucesión de carteles que anuncian la intensa programación de monólogos y conciertos del local. Más de 40 acogió el pasado verano. No en vano, Nacho Escalante y Belén Alfonso, responsables de El Patio lo eran también del Mohai, auténtico templo de la comedia por el que pasaron los más grandes humoristas y monologuistas de la escena española. De momento, para este verano ya están confirmadas las presencias en El Patio de Alexis Valdés, Miguel Lago, Carlos Blanco y Luis Piedrahíta.

La luz y la brisa, las sonrisas y el feliz bullicio, la música y la palabra se apoderan a partir de ahora de cada rincón de El Patio. Y así será, invariablemente, hasta que el otoño le devuelva el refugio de los toldos y el sosiego de las sombras.

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LA OTRA SOLANA CORUÑESA

Si lo miras desde el Náutico y la zona del dique de abrigo, parece un barco. Tiene nombre marinero y hasta mástil, incluso una escafandra de más de 30 kilos de la Segunda Guerra Mundial (que algunos se animan a ponerse para hacerse la foto), pero aquí bandera ¡blanca!, es una paz pasmar en este sol de local. Cuando cesa la amenaza borrascosa, lo mejor es «embarcar», venirse a bordo de esta otra solana coruñesa, en el pantalán, en un muelle con ambiente variado a todas horas para tomar, además de unos calamares o unos chipirones, un mojito y una buena ración de sol en el mar. ¿Puerto Banús, Saint Tropez, Mónaco, Portofino? Casi... El Nemo toma su nombre de la novela Veinte mil leguas de viaje submarino, de Verne (no de la película de Disney que fascina a los peques, advierte el dueño, Carlos Vázquez, aunque acoge con gusto a toda la familia para comer o cenar). El sol sale para el Nemo todos los fines de semana; «hay gente todo el año, pero la temporada marca» y se nota el tirón sobre todo a partir del mes de abril. Cumpleaños, comidas o cenas de empresa, días de la Madre, refrescos y copas de tarde y noche eligen el Nemo, que tiene las croquetas, los chipirones, las zamburiñas y la croca entre sus atractivos que compartir, además de los rayos de sol.

¿Y el momento estrella, el mejor para tomar el sol, cuál es? «Todos los momentos son buenos. Con un día pleno de sol, a las tres de la tarde te puedes achicharrar, pero la sobremesa a las cinco y media o seis es maravillosa. En la zona sur tienes sol todo el día, desde que amanece hasta que anochece. Y en la zona norte digamos que a partir de las seis de la tarde también tienes sol». ¿Norte o sur? Pues ahí todo depende de si hay nordés... y de si prefieres sol a mares o un poco de fresco. Lo justo, nada más.

Ojo, ya sabes que a la vuelta de mayo está junio, y con el solsticio de verano se abre en el Nemo una terraza en la parte de atrás, más expuesta al viento, que a veces también se agradece... Solo cuando es abundante la ración de sol.

Hasta cuatro cumpleaños han llegado a celebrarse a la vez en este «barco» que rivaliza por el título de local más abrigado en Coruña con un clásico como La Dársena, donde para tomar una caña en pleno verano hace falta factor 50 de protección. El Nemo, con una capacidad interior para unas 75 personas, es uno de esos locales de primera copa que cuando la noche se suelta suele prolongarse hasta el cierre. Aquí la luna se toma igual de a gusto que el sol.

Podemos rodar una road movie de terraza en terraza o hacer un tablero en el aire para tirar «de copa a copa», con moderación, y recorrernos así todo el litoral del Norte buscando el sitio donde pegue (o nos acaricie) el sol.

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COMO EN LA PLAYA DE AREA

Un sol tan grande como el que lució el Día de la Madre. Cuántas veces habré cantado aquello de «sol, solecito, caliéntame un poquito; por hoy, por mañana, por toda la semana». Además de aprovechar los efectos seudohipnóticos de las canciones infantiles, que unas veces funcionan pero otras no (especialmente por la noche), tiene sentido aplicarlo a modo de mantra particular en casos de deficiencia de vitamina D. Ya saben, la que nos entra por los rayos de sol aunque, ojo, sin protector. ¡Pero... centrémonos! Es que Lorenzo parece ya nublarnos la vista... y la mente, con tanta ansia que teníamos los gallegos de que apareciese en lo alto. Brillando. Estamos disfrutando, a pleno sol, a principios de mayo, en uno de los «solarium» con más encanto propio de A Mariña lucense. Fíjense dos segundos en la imagen superior. ¿A que produce envidia? Es la terraza del restaurante Nito, en Viveiro, con unas vistas a la playa de Area espectaculares. Es uno de los rincones de referencia para “soladictos” pero también foodies. No olvidemos que aquí la gastronomía es trending topic. El local cuenta con dos tenedores, dos soles de la Guía Repsol, está recomendado en la Guía Michelin y ha conseguido puestos destacados: «Entre as seis mellores marisquerías de España por parte do Grupo Cátedra e entre os tres mellores restaurantes de cociña tradicional de España», explica Alejandro Balseiro, quien lo regenta actualmente, heredando el buen hacer de sus padres, Manuel Balseiro y Rosario Quelle, que abrían el restaurante allá por 1970 al lado de un hotel de cuatro estrellas, el Ego. En el 2017 se incorporó el Hotel Gastrobar Urban, en pleno centro de Viveiro, también de cuatro estrellas y con una terraza panorámica que quita el hipo, rivalizando con su hermano hostelero.

En Area, el anexo exterior al comedor del Nito se disfruta de forma especial a media tarde, después de las comidas, cuando el sol ya no pica tanto como en las horas centrales del mediodía. «Para tomar copas, para a sobremesa...», sugiere el gerente. Tiene unos cien metros cuadrados de superficie, aproximadamente, y su decoración bebe del minimalismo, blanco total, reminiscencias ibicencas... Copas, cafés, cervezas, cócteles... Recordemos lo importante que es hidratarse. Si aprieta el astro, un recurso son los toldos. A no ser que uno quiera salir de allí ya con moreno puesto. «É case como estar na praia de Area», reconoce. ¡Aunque sin bañador! «Tratamos de que todo estea acorde, que sexa un relax, un pracer para os sentidos. Á xente que vai á terraza gústalle o relax, a paz, a harmonía. E temos tamén un fío musical», explica. En unos meses llegará el Resu. Tocará poner algo de Kiss.

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