En casa de Paula Echevarría


Al principio costó reconocerla. Con una moderna visera, gafas de sol y sentada en la terraza del bar La Parra podrías pasar a su lado y no reparar en ella. Por cierto, los propietarios de este restaurante con décadas de historia tienen familia en A Coruña. «Es guapa, pero distinta en persona a la Paula Echevarría que sale por la tele o en las revistas», me dice un amigo. Se le ve feliz en su tierra. En todo momento es consciente de que las miradas curiosas se clavan en ella. «Mira, mira, es Paula». «¿La de negro?», «Sí, esa», se oye comentar a la gente. No disimula ni se esconde y no fija la vista en un punto indeterminado como hacen otras famosas. Está más que acostumbrada a ser el centro de atención. En la localidad asturiana de Candás es un día grande. El domingo de Resurrección la Virgen del Rosario sale de la cofradía de pescadores, donde fue llevada el día anterior. Justo delante del antiguo ayuntamiento le quitan el velo a la imagen. Entonces, un coro interpreta una Salve Marinera que emociona. Te saltan lágrimas con sabor a salitre.

LA TERRAZA FAMILIAR

Pues Paula Echevarría no se lo perdió y fue fiel a la tradición, como cada año. Lo hizo cuando era una joven más de Candás, cuando empezó a ser conocida acudió con Bustamante y, ahora, ya divorciada, con su hija. Y, en esta ocasión, sin su nueva pareja, que parece ser el futbolista del Málaga Miguel Torres. Nunca falla. De hecho, su familia siempre ocupa la misma zona en la terraza. «Son muy queridos. Su padre, que trabajaba en el Feve, es ahora el organizador de las excursiones de la gente del pueblo», me cuentan a la hora del aperitivo. Mantiene sus amistades de juventud, la mayoría en la foto que les muestro y que me cedió una de ellas. En la pizarra del bar informan de que hay variedad de pescados para comer, pero me quedo con las ganas porque el local tiene todas las mesas reservadas desde hace casi un mes. Si la Semana Santa que viene vuelvo a programar excursión a esta entrañable población marinera, la casa de Paula Echevarría, llamaré a La Parra con tiempo. Seguro que ella estará en la terraza. Me gusta la gente que no renuncia a los orígenes.

VINOS DE 1978, 1994 Y 2004

Las Bodegas Franco Españolas, las únicas radicadas en Logroño capital, están intentando reposicionar uno de sus vinos clásicos, Bordón. Con eslóganes como Descaradamente clásico y su reciente cambio de imagen intentan recuperar la fama que tuvieron hace unos años. «No solo es una cuestión estética, el concepto del vino también es nuevo», me comenta Rubén Provedo, el enólogo de la firma fichado el año pasado por Borja Eguizábal, nieto de Marcos Eguizábal, un empresario muy conocido que llegó a ser presidente del Logroñés en su época dorada. Rubén trabajó antes en Numanthia, que en su día consiguió los 100 puntos Parker, después en varios proyectos en la Ribera del Duero, hasta llegar a tierras riojanas. La tercera generación Bordón eligió Galicia para arrancar una gira promocional cuyo objetivo es situar una marca centenaria en el siglo XXI. Para no olvidar su historia, dirigió una cata fantástica de Bordones gran reserva de 1978, 1994 y 2004. Un lujo apreciar no solo el sabor, sino el color de los vinos, como el primero, que ya es cuarentón. El del 2004 me pareció una maravilla. La cita fue hace unos días en la sala Moom 57 de A Coruña, un local encima del mar que seguro que le encantaría a Paula Echevarría.

Por PABLO PORTABALES PERIODISTA

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