Humor amarillo pero a la gallega

A LO CHINO CUDEIRO Y CON RETRANCA Los rodillos de primavera han dado el salto de la tele hasta Samil. Si estás de humor, súmate a la yincana china del buen rollo con sumos, mazas, bolas y puentes colgantes para romper la rutina. Como alternativa seria, ¿lianas o paintball? Preparados, listos... ¡Al turrón!

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¡Al turrón! Si este grito de guerra no te hace pensar en Navidad, eres uno de los nuestros. Arriba el chino cudeiro. Acuérdate de aquellas tropas amarillas y rojas que libraban la batalla de la habilidad deportivamente, con resbalones y sin complejos, los fines de semana de los 90 en televisión. Aquello sí era un conciertazo mañanero, ¿no? (lo digo por las risas del salón). El Humor amarillo ha dado el salto a Galicia, para más señas a Samil, para rompernos la rutina al estilo mandarín, convirtiéndose en la primera iniciativa gallega para recuperar aquel sentido belicoso del humor en equipo. E foi chegar e encher. Marzo está casi completo y hay reservas incluso desde Suiza. «Somos tres socios que hace cosa de un año y pico decidimos hacer algo en principio enfocado a adultos, a mayores de 18 años, tirando de humor amarillo, de los recuerdos que teníamos del mítico programa de televisión», cuenta Antonio Terrón. «Apostamos por algo deportivo y divertido», señala. Fifty fifty y primer punto para el deporte olímpico de la risa.

Aunque la idea era otra, la demanda familiar ha sido «tan grande» que ha hecho que Humor Amarillo en Vigo amplíe su abanico de edades para jugar. «A partir de 8 años -señala Antonio- ya se puede participar. Hay un recorrido más fácil, más light, y otro más duro a partir de 14 años, con pruebas más difíciles».

La experiencia te enfrenta a un total de nueve pruebas, seis de ellas aptas para niños de entre 8 y 14 años. El recorrido se limita a estas seis pruebas si en el equipo contamos con menores de 14, y se amplía a nueve si los participantes superan esa edad. Los sábados del humor amarillo a la gallega se reservan para adultos, y los viernes y domingos se abren a un público juvenil o familiar.

Sin demora... ¡Al turrón, equipos! Que el recorrido da para un mínimo de hora y media, «aunque los tiempos dependen de la condición física y la habilidad de los equipos en contienda».

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DEL SUMO AL BUBBLE SOCCER

¿Hay que dar el corte?, pregunto. «No, no...». Pongamos que yo llevo 10 años sin hacer más deporte que ir andando a por el pan, ¿podría apuntarme a esta batalla campal sin miedo a morir en el intento? «Sí. Además, las caídas son más simpáticas cuanto peor es la condición física, jajaja», observa Antonio.

Salvo dos que «hacen sudar un poquitín», las pruebas, asegura él, no son exigentes. La primera consiste en meterse en unos trajes de sumo que nos echan encima de golpe 20 kilos y dentro de los que debemos pelear por derribar a los del otro equipo en un tatami resbaladizo. Tras el sumo, valor ¡y al toro!: «A los chavales les encanta el toro mecánico», una de las pruebas más divertidas del circuito, en el que también dan juego el wipeout, la tela de araña y su carrera por relevos, o la pista de obstáculos «sobre el hinchable más grande de Galicia», apunta Antonio Terrón, un hinchable de 26 metros de largo por 5 de ancho donde someter a examen tu capacidad de aguante.

Si más que a Asia, tiras a Roma, también hay lucha de gladiadores en Vigo. Y bolos humanos (eh, a ver en quién estás pensando en derribar), rodillos de primavera (que te quitan el apetito) y un puente colgante que recupera una de las pruebas míticas de Humor amarillo.

Aquí la burbuja del deporte con humor. ¿Bubble Soccer? También hay. ¡A jugar!

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Del paintball de solteros al Grand Prix en Pontevedra

Aquí la aventura va «multi» en serio. Y en eso el abanico natural de opciones en Galicia es amplio. ¿Trepamos ya al árbol o nos marcamos un paintball? Si quieres descargar adrenalina a bolazo limpio, tu opción es Campo do Lobo. Acércate a la Camboya de Follente, donde la guerra de mentira suma fans en lugar de víctimas. Con deportividad. Este poblado, que lleva 15 años abierto, cambió su ubicación en el 2009 por otra «más realista, con instalaciones montadas sobre una antigua cantera, con una nave industrial abandonada, y un escenario apocalíptico», señala Óscar Rey, de Campo do Lobo. ¿Perfecto para hacer una guerra de mentira? «En el mundo del paintball la gente suele evitar el término guerra. Realmente, es una actividad, o un deporte, que consiste en lograr un objetivo (la toma de una iglesia, por ejemplo) y en abatir al rival de un impacto (las bolas son biodegradables, de gelatina endurecida por fuera y colorante alimenticio por dentro)».

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SIN MIEDO A LAS ALTURAS

¿Por qué lanzarnos al paintball? «Por su intensidad. Por esa descarga de adrenalina que supone. La media suele andar por tres-cuatro horas de juego. Evidentemente, no son continuas. Si la gente se mete de verdad en el papel, la adrenalina que se dispara da cansancio, y hay que parar cada veinte minutos a coger fuerzas», cuenta Óscar Rey.

Para paintballear son necesarias ocho personas (cuatro en cada equipo) y pueden jugar los niños a partir de 8 años -con armas diferentes a las de los mayores y bolas de un calibre más pequeño que las de los adultos, de impacto suave-. Campo do Lobo abre todos los días de la semana, todo el año, y nota el tirón como actividad de empresa, colegios, «grupos religiosos y de todo tipo. Y cada vez hay más mujeres, por suerte... Hace años eran una minoría, pero cada vez se animan más, ellas son un 40 %. Los equipos son mixtos, los hombres y las mujeres se mezclan y cada uno que se busque la vida, en igualdad de condiciones», apunta Óscar. Ahora, también las despedidas de soltero mixtas tiran a dar. «Desde hace cuatro años tenemos muchas conjuntas en Campo do Lobo. El novio y la novia compiten con su gente, cada uno en un equipo», dice. Antes de pasar por el aro, al paintball ponemos por testigo de que «la condición física no implica nada a la hora del juego, todo depende de lo que te guste hacer: correr, flanquear, disparar... Cada jugador decide en función de sus gustos y habilidades».

Ojo a Semana Santa, que llegará con Grand Prix a Pontevedra de la mano de Aventura Rías Baixas. No vendrá Ramón García, pero sí habrá una gran tirolina, rocódromo, futbolín humano y rodillos giratorios. «Serán juegos en altura en el Ecoparque Atalaia», adelanta la empresa, que ofrece circuitos arbóreos para ir ganando altura. La aventura por los árboles va por niveles, de menor a mayor. «Todos quieren llegar al último pero no todos son capaces», afirman. ¿Requisitos? Tener más de 4 años (pequeños, acompañados de adulto), no tener miedo a las alturas, «pero sí ganas de pasarlo bien».

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