Ellos también tienen su punto

EL PUNTO G DE LOS HOMBRES es aún para muchos un gran desconocido. El misterioso señor P empieza con la letra del Placer, se enfrenta a prejuicios y tabúes y está donde acaba la espalda. Pero da gusto saber que «el órgano sexual más importante está entre las dos orejas», apuntan las expertas.

.

El punto G no es exclusivo de las mujeres. Ellos también tienen su punto; punto G como concepto, porque su nombre no se debe al doctor Gräfenberg (el descubridor del pico erógeno más alto del mapa genital femenino), sino al lugar donde se encuentra en un hombre el volcán de la excitación. Punto P viene de Próstata. Ahí el placer masculino tiene un punto de no retorno, «y la mayoría no se han atrevido a descubrirlo», advierte la psicóloga y sex coach Nayara Malnero, que apunta que tabúes y prejuicios conforman un mundo impenetrable para los deseos del señor P.

Así que una de las primeras instrucciones para su localización, si es que apetece emprender el eroviaje, es soltar el lastre de los clichés rancios. Con el viento a favor de la naturalidad. «¿Estás dispuesto a conocer tu punto P?», lanzó al aire en su canal de Youtube Nayara Malnero, autora del blog de referencia Sexperimentando. No crean que fueron muchos los que le echaron valor. «Un 65 % de las personas que respondieron a esta sexpregunta dijeron que no, que no estarían dispuestos a conocer su punto P», revela la sexóloga a YES. «La mayoría creen que pondría en entredicho su virilidad o su masculinidad, como si tocarse el culo tuviese algo que ver con ser más o menos macho, vamos», explica llanamente, con humor transversal.

A unos cuatro centímetros de la entrada del ano, aguarda retrepado en el anonimato este punto cardinal del placer masculino. Hay mucha ignorancia y desinformación en esto. «Y hombres que se asustan incluso cuando van al urólogo y tienen una erección al hacerles la prueba. Es como si eso pusiese en duda su tendencia sexual, su hombría, o les convirtiese de pronto en homosexuales, cuando esa erección es una respuesta automática; de hecho, cuando hay que preocuparse es si no se produce, porque puede indicar que algo va mal», sostiene Malnero.

Hemos visto de todo, mil y una sombras de Grey, vibradores de 700.000 euros, dildos de cristal de diamante cual piezas de museo, encuestas que determinan cuánto dura el acto, qué día de la semana es más propenso a la infidelidad, qué signos del horóscopo son menos fieles (¿estaremos a punto de descubrir que el futuro de nuestro matrimonio depende de la conjunción de los astros?), ¡y hasta hay una razón ‘científica’ que, sueltan, explica la promiscuidad de la mujer! Y sin embargo... «Resulta curioso que si preguntas a mujeres sobre sexo anal te encuentres con el miedo al dolor y, si preguntas a hombres heterosexuales, el miedo sea ‘¿Y si me gusta?’. Como si esa práctica pusiese en entredicho su heterosexualidad. La estimulación de la próstata no tiene nada que ver con tu orientación sexoafectiva», explica la psicóloga y sexóloga Martina González Veiga, directora de la clínica Con Mucho Gusto, de Santiago, que advierte que «si nos librásemos de la homofobia y la bifobia [rechazo a bixesuales] viviríamos más felices». La cama puede ser un ring contra los miedos de uno mismo.

ESTILO SPIDERMAN

Si les resulta estimulante, aunque solo sea por el placer de la curiosidad, deben saber que el punto P puede estimularse con uno o varios dedos, «al estilo Spiderman», apunta Malnero, «igual que el punto G en ellas». O bien, si se ven faltos de superpoderes, con ayuda de dildos o juguetes eróticos que ejerzan presiones sobre la zona. «Existen múltiples juguetes eróticos pensados para la estimulación de la próstata, desde las bolas tailandesas, los plugs o los vibradores, con diferentes modos de rotación e incluso para manejar con control remoto y con el bluetooth desde el móvil», descubre Martina González. Así que la estimulación tiene un punto digital... En cualquier caso, dice la experta, debemos «preguntar por juguetes seguros, ya que por desconocimiento o vergüenza hay personas que utilizan objetos de uso doméstico, y los juguetes deben tener un tope». Ya se imaginan, para no tener que acudir a urgencias a extraer el objeto en cuestión.

Si ellos deberían plantearse rebasar el umbral de los clichés, ellas podrían considerar un paso atrás. «Una revisión reciente centrada en la anatomía clínica del punto G demuestra que, aunque la zona distal de la pared vaginal anterior parece ser la región más sensible de la vagina, la existencia de un punto G anatómico está por demostrar», manifiesta Martina González citando a los investigadores Cynthia Leung y Shu Pan. «Y no se trata de un punto, sino de una zona a través de la cual se estimula la conocida como próstata femenina, la uretra y la zona de unión de los bulbos con el tronco del clítoris», dice.

No todos los caminos llevan al orgasmo pero hay diversas formas de alcanzarlo, y un repertorio ortográfico del placer que tiene sus puntos suspensivos, sus acentos, sus comas, y no escatima, como el WhatsApp, en signos de exclamación. En él hay un punto y aparte para el punto P, «una zona sensible -dicen las expertas- que puede llevar a la persona al orgasmo, pero ya sabemos que para gustos colores y que hay tantas formas de vivir la sexualidad como personas. El órgano sexual más importante está entre las dos orejas». Piensen... y disfruten.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

Ellos también tienen su punto