¿Y si sale este número?

NO HAY QUE PERDER LA ESPERANZA... Porque lo que está claro es que a alguien le tiene que tocar. Todos los números tienen las mismas opciones aunque cada año nos concentremos en uno diferente por aquello de probar. ¿O no? Hay quien lleva años (veinte, treinta o cincuenta) aferrado al mismo y no está dispuesto a soltarlo hasta que no cante.


Los próximos siete días tienen mi permiso para soñar con cualquier cosa. Y, si me apuran, hasta que el 7 de enero se desmonte el árbol y se dé por finiquitado el sarao navideño, también. Pero a corto plazo hay que concentrarse en EL SORTEO. Si es su caso, y la concentración es tal que es capaz de ver (aunque sea durmiendo) el número que será agraciado con el primer número, no lo dude, corra a comprarlo. -¿Aunque ya me haya gastado un pastón en lotería?- Sí, nunca se sabe. ¿Y si sale? Lo mismo piensan los que en vez de dejarse llevar por impulsos no pierden la esperanza. Esperan un año, otro, otro y otro a que los niños de San Ildefonso paseen su número entre los bombos y la mesa que autoriza la fiesta. En el Pizarrín, en Ourense, piensan así. Si no, no llevarían más de veinte años apostando al mismo número.

A 16 de diciembre no hay quien pare en este bar del barrio de San Francisco que no tenga el 47156 en la cartera. A los 30 clientes que lo llevan durante todo el año, se suman estos días unos cientos más que quieren hacerse con esta combinación. No hay que tentar a la suerte, y nunca se sabe si los bombos la volverán a escupir el próximo viernes. Sí, leen bien, volverán, porque hace diez años ya se llevó el tercer premio en el sorteo de Reyes, unos 1.400 euros por décimo. Nori, la propietaria, se encarga de mantener la expectación al más puro estilo «sold out». «Traigo cuarenta series, 400 décimos, y los reparto todos. No me suele quedar ni uno. Además, si quedan uno o dos me los quedo yo, pero si fueran muchos más los tendría que devolver al lotero, pero es muy raro que pase esto», explica. Sobra decir que ella además de «los restos», se guarda dos o tres «que no comparto con nadie».

VENDIDO SOLO EN OURENSE

Con este número no valen las medias tintas. Nada de participaciones, aquí el que apuesta por el 47156 lo hace a lo grande, con el décimo entero. Es un número con raíces ourensanas. Tres bares de la provincia se reparten todo el pastel. No intenten buscarlo fuera de Ourense. «De hecho, si alguien lo pide en la administración (la número 2), ya les dicen en este bar y en este otro, y ya vienen directamente por aquí», explica Nori. Su padre, que antes se encargaba del negocio, ya lo jugaba, y cuando ella y su marido cogieron las riendas hace casi veinte años no tuvieron otra opción. «Creo que empezó a jugar por casualidad, no era un número que tuviera nada especial, simplemente lo cogería para repartir, y se fue quedando sin más». Confiesa que es «bonito» pero malo. «No se porta muy bien, el reintegro y poco más. Hace muchos años se aproximó al número entero pero nada más...». Parece que el tercer premio del 2007 ya queda muy atrás, pero en su momento fue una gran alegría. De película no, pero de anuncio sí. «Un cliente que lo lleva siempre se olvidó de cogerlo porque tenía a su padre muy malito esos días, y yo se lo guardé. Él no contaba con eso, y cuando lo llamé, imagínate...».

En ese caso Nori no dudó en guardar el décimo en el cajón, pero el apuro de décimos no da lugar a muchas reservas estos días. Bueno, ni a diario, donde hay lista de espera para conseguir entrar en la lista de abonados. «Hay que esperar a que alguien fallezca o se aburra». Está muy muy solicitado. «Son abonados de siempre, gente de todas las edades del barrio y de fuera que vienen hasta aquí a por él. Es muy bonito pensar que este local tiene 50 años y que hay clientes que ya venían antes de nacer yo, que tengo 47». No suelen juntarse para ver el Sorteo, aquí la afluencia de gente es más bien a la hora de la partida. Pero no tengan duda de que si sale el Gordo más de uno va a cantar las cuarenta como nunca antes lo han hecho.

«El día que lo dejemos igual toca»

Elena puede presumir de llevar el número abonado más antiguo de La Favorita (A Coruña). Eso significa más de 100 años, aunque en su casa se juegue desde unos cuantos menos. Obviamente no siempre ha sido ella la que lo ha reclamado en el mostrador de Cuatro Caminos. Su madre Elena, maestra de la Fábrica de Tabacos, era la encargada de repartir la lotería con otras cigarreras y así es como el 01080 aterrizó en la familia Lamora García. Sus compañeras lo fueron dejando y Elena (madre) se lo acabó quedando íntegro. «Mientras vivió siempre jugó tres décimos». Cuando falleció en el 2001, su hermano y ella continuaron la tradición. «No soy tan loca de la lotería como era ella, que guardaba los décimos no premiados en una cajita porque le hacía gracia», cuenta Elena, que dice que «juega porque es el número de casa de toda la vida». Aun así algo de gusanillo tiene ya que lo primero que hace nada más levantarse cada domingo es mirar el periódico para ver qué número salió el sábado.

Desde el 2011, que falleció su hermano, es la heredera universal del 01080, y asegura que así será de momento. La opción de desprenderse del número no la contempla. No vaya a ser... «Después de tanto tiempo ya estamos encariñados con él. Es un poco gafe pero nos gusta. El día que lo dejemos igual toca, así que mejor no hay que dejarlo». Y no lo hace. Ella juega que te juega todo el año, y por supuesto en Navidades. El sábado un décimo es más que suficiente, aunque adelanta que a partir de enero serán dos, pero el día 22 triplica la apuesta. Uno lo juega sola, y el resto es para repartir con sus hijos, su cuñada y sus sobrinos, que ya están más que convencidos de continuar la tradición el día que ella falte.

Hasta el momento no se ha hecho millonaria, pero «perder, perder nunca se pierde». Unos meses van compensando otros. Las devoluciones y pedreas van directas a la hucha para invertir en los siguientes sorteos. «Nunca me han tocado más de 30 euros o los dos últimos números. Este mes, por ejemplo, todavía no ha salido el 0 un sábado», comenta resignada.

Su madre iba todas las semanas hasta la administración número 5 de A Coruña a recoger los décimos, sin embargo ella solo hace el viaje una vez al mes. Después de tantos años aunque toque sabe que están a buen recaudo. Para eso es el decano.

 «No lo reparto con nadie»

Lo dice abiertamente: «A mí me gusta jugar». Por eso no se lo pensó dos veces cuando se le presentó la oportunidad de continuar la tradición del 16177. «Yo vivía con mi tía, que era la que estaba abonada de toda la vida, y cuando se murió, seguí yo con él». Hace ya 23 años y desde entonces no le ha dado tregua ni a diario. «Llevo un décimo y no lo comparto con nadie. Juego a él en todos los sorteos que hay», dice Teresa Pan. A ella le gusta el 7, así que el número le va como anillo al dedo. Además dice que últimamente está saliendo mucho. Pero si tanto apego le tiene también es porque hace unos años le dio una de las mayores alegrías de su vida. «Yo estaba en Barrañán tomando los callos y no me daban localizado. Hasta que por fin lo hicieron y me enteré que era el primer premio del sorteo del sábado», explica Teresa. Aunque fue gordo, no fue lo suficiente como para dejarlo plantado. Es más, todavía confía en que le pueda traer más sorpresas. Esa ilusión la mantiene cada 22 de diciembre. A las nueve de la mañana enciende la tele desde la cama y no se mueve hasta que no acaba el sorteo. No pierde detalle. Va anotando los que salen para luego comprobar. Tiene varios números que verificar. Desde hace cuatro años el 24451 le hace una pequeña sombra al 16177 (que por cierto también era el mismo número al que jugaba Vituco Leirachá, un histórico periodista coruñés). Explica que se hizo con él por «una tontería». «Estaba yo un día con Ana en La Favorita y llegó una señora abonada que tenía pendiente de pago varios décimos no premiados. Le dijo que si no se iba a comprometer ella no se los podía guardar, así que los cogí yo», cuenta Teresa, que la primera vez se llevó cuatro, pero finalmente se ha quedado con uno.

 De momento no tiene intención de desprenderse de más, y menos del 16177. «Noo, lo dejaré el día que me muera o que no me pueda permitir comprármelos, que de momento no es así», explica Teresa que en el sorteo de la ONCE también está abonada a la terminación 69. Tanta fidelidad solo puede terminar en algo bueno.

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