Yo sí quiero cenar con mi cuñado

¿Quién mejor para pasar la Navidad? Frente a los que critican casi compulsivamente a su cuñado, hay muchos que ven en él al perfecto hermano político. YES encuentra cuatro casos de gente que se lo pasa pipa cenando con ellos en estas fiestas. Aquí va toda una oda al cuñadismo.

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Si estos dos pares de cuñados tuviesen que esperar a que llegase la Nochebuena para cenar juntos, les daría algo. Todas las semanas, y concretamente todos los domingos, comen juntos. Así que esto de juntarse para las fiestas no es nada especial en ellos. «Es bonito aprovechar la Navidad para estar con la gente que quieres, pero aquí todos los domingos hay quedada de los cuñados. Nos llevamos genial», dice Leo, que posa a la izquierda con su mujer, Lara. Al otro lado de la mesa, encontramos a Ramón y a su mujer, Lorena. En el medio, sus respectivos hijos. Ellas son hermanas, y vaya par de hermanas. «Son bastante peleonas, cuando se juntan para hacer campaña contra nosotros es mejor escapar. Siempre hacen piña», cuenta nuestro cuñado portavoz entre resignado y divertido.

El roce hace el cariño, pero la cercanía también. Y ellos lo tienen todo: «Vivimos cerca, a unos 15 o 20 kilómetros, y tenemos mucho contacto». Por tener, tienen 20 años de antigüedad. «Siempre estuvimos juntos los cuatro, incluso cuando aún no estábamos casados. Ramón y yo somos amigos más allá del parentesco. Date cuenta de que nos conocimos con veintipocos años», asegura Leo, que añade que su relación es buena en sí misma. «Nunca tuvimos que atravesar ninguna situación familiar grave, pero nos ayudamos mucho. Y desde que nacieron los niños todavía más. Las hermanas son madrinas de sus respectivos sobrinos, y yo soy también el padrino del de mi cuñada», relata.

NO HAY RENCILLAS

Con tanto buen rollo, casi cuesta preguntarle por esa mala imagen que se le suele achacar al cuñado. «Es que la verdad es algo que ni piensas, porque no le encuentro mucha lógica. Lo de los suegros es más entendible, porque los padres siempre suelen tirar más por los hijos y eso puede generar ciertos roces, pero con lo de los cuñados no lo comprendo», dice convencido Leo, que solo le ve ventajas a tener uno en su vida: «Suelen ser parejos en edad, los conoces en un momento en el que ya sabes lo que es la vida y no deja de ser gente con la que convives también fuera de tu ámbito familiar. No me parece muy normal que haya rencillas», zanja. Algo parecido opinan Lara y Lorena, que además de ser unas hermanas muy bien avenidas, disfrutan de la buena relación de la que presumen sus maridos y de la suya propia con sus respectivos cuñados. «Calquera dos catro levámonos igual de ben, temos unha relación moi directa», dice Laura, que asegura que entre ellos «non hai ningunha manía desas dos cuñados. Estamos moi contentos de estar tan ben entre nós», dice.

Si los cuatro se juntan el domingo, entre semana son felices los tres. «Miña irmá Lorena xa vén todos os días a comer á nosa casa, porque lle queda máis preto do traballo, pero o domingo non perdemos a oportunidade de xuntarnos todos», indica la mujer de Leo, que disfruta viendo la amistad entre los dos hombres que ella y su hermana eligieron para compartir sus vidas. «Lévanse de marabilla, e iso que non se coñecían de nada, presentámolos nós», cuenta.

Una cosa más que tienen que agradecer a las dos mujeres con las que encontraron el amor y les convirtieron en cuñados.

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LOLA Y ANA: «CHEGAMOS A VIVIR OS CATRO XUNTOS»

Todos los que conocen a Lola y a Ana saben que siempre van juntas. En el trabajo no se entiende a una sin la otra. Bajan a la seca, recogen los aperos cuando tienen las almejas necesarias y apuran la retirada para tomar su obligado café antes de dar por concluida la jornada. Estas dos mariscadoras de la Cofradía de O Grove forman una envidiable pareja profesional, pero también familiar. Cuando Ana se trasladó al lugar de A Salgueira (Vilalonga, Sanxenxo) con sus padres de niña, no solo encontró a una amiga. El destino quiso que su relación se estrechase aún más ya que se acabó enamorando, y casando, con el hermano de Lola. De eso, de su primer encuentro, han pasado muchos años, más de cincuenta. Compartieron patio en los recreos, noches de verbena y, ya como cuñadas, comidas familiares. No cuesta mucho juntar a estas dos vecinas de Sanxenxo para una entrevista, porque lo difícil es justo lo contrario, que se pierdan la pista. «Isto vén da escola, eramos da pandilla. Despois ela casou co meu irmán e ata hoxe», cuenta contenta Lola. No puede evitar la sonrisa cuando echa la vista atrás. También cuando habla del presente. «Chegamos a vivir na mesma casa o meu marido, eu, o meu irmán, Ana, os meus pais, os avós e os nosos fillos. ¡Catro anos estivemos así!», resalta. Cuando su cuñada y su hermano se mudaron tampoco se fueron muy lejos, «sepárannos unhas cinco casas», describe Ana. ¿Y nunca hubo fricciones? «A nosa é unha convivencia de toda a vida. E nisto sempre pode xurdir algún roce, ¡pero nunca nos enfadamos nin nada diso!», exclama Lola. «Os enfados, tamén os hai entre as parellas, hai que esquecelos ao momento», añade su cuñada. Lola resalta que es importante no interceder «nin polo irmán nin pola cuñada». «Estamos aquí para o que faga falta», dice Ana. Lola, asiente. En su última operación su cuñada «permaneceu sempre ao meu lado».

¿Cómo lo consiguen? «Procuramos non discutir, en boca cerrada non entran moscas», apunta con ironía Lola, que insiste: «Sempre pode haber algún cuñado chinchón, pero non é o caso. Tivemos sorte tamén niso cos nosos maridos». Cuando, además de amigas, pasaron a ser familia política, reconocen, partieron con ventaja. «Temos algúns vicios e así é máis fácil cumprilos, gústanos moito buscar unha escusa para saír a almorzar xuntas», aclara entre risas. Por eso, pensar en el próximo retiro de su cuñada la apena: «Quedarei sen compañeira». Pero será solo durante las horas de faena. Para hacer piña, a ellas no les ha hecho falta ser hermanas de sangre.

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 JOSE Y PABLO: «SOMOS SOBRE TODO COLEGAS»

Jose y Pablo representan la antítesis de la ‘leyenda’ del cuñado arruina fiestas. Se llevan a las mil maravillas. Una relación forjada a golpe de ‘punta, tacón, punta’. Se conocieron «botando un baile». Y no fue en ninguna verbena, como tantas que son testigo de amores ‘made in’ Galicia sino en Xacarandaina, una asociación cultural que difunde el folclore de nuestra tierra. Jose, a quien le conocen con el apelativo cariñoso de Pepelu, bailaba en el mismo grupo que Javi, hermano de Pablo. Tiempo después, estos ahora inseparables concuñados se pusieron uno al lado del otro, muiñeira de por medio, y no hubo pegamento que los desuniese. De eso hace ya más de veinte años Claro que esta relación tan bien empastada tuvo más alicientes. Algo tienen que ver en esta historia de amistad cuasi consanguínea Celeste y Lorena, las parejas de Pablo y Pepelu, respectivamente. Dos hermanas que también vestían el traje tradicional. Ensayos, viajes por toda Europa, actuaciones... Y al final, fue cosa de cuatro. «Tanto tempo xuntos, é normal que pasen estas cousas», dice un sonriente Pablo.

Todo queda en familia: el tiempo de ocio -no perdonan la cena de los sábados, una costumbre convertida en ritual con el paso de los años-, las vacaciones -siempre hacen alguna escapada- y, por supuesto, las Navidades. Si para alguno compartir una comida familiar por estas fechas puede resultar un compromiso, atención a la apretada agenda conjunta de estos cuñados: almuerzo el día de Navidad, cena en Fin de Año, comida el día de Año Nuevo, y cada dos años, también en Reyes. «Só nos separamos na cea de Noiteboa» El día de Nochevieja el punto de encuentro es la casa de los padres de Pablo «con todas as xeracións xuntas, unha recua de nenos correndo. Festexamos, aínda que é inevitable algunha discusión política...». Las asperezas se liman con un improvisado karaoke a las tantas de la madrugada. «É unha familia ben levada coa que dá gusto estar. Moitas veces dise que a familia vén imposta e que os amigos os escolles ti... pero cando todo se mesturan ¡que máis se pode pedir!».

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ELISE Y MARGA: «CON ELLA ME SIENTO COMO EN CASA»

Siendo una francesa y la otra vasca, nunca se imaginaron que ambas abandonarían su Lille y su Vergara natal para encontrar un segundo hogar en Cangas. La culpa la tuvieron sus respectivas parejas, dos hermanos de la localidad de O Morrazo. Ese fue el vínculo que las unió como familia política y que las trajo de mudanza al municipio pontevedrés. Desde sus primeras Navidades juntas ya ha llovido.

Aunque a priori no tenían nada en común, una es de Humanidades y la otra trabaja en el campo de la salud, lejos de resultar una mezcla explosiva, como la que se encuentra el personaje de Sarah Jessica Parker cuando desembarca en la casa, llena de cuñados, de su prometido en la película La joya de la familia, las cenas de Elise y Marga sí que son noches buenas.

«El truco es tener cuñadas como Elise, donde sabes que esa noche, aunque tenga la tristeza de no estar con mi otra familia, vas a encontrar una gran velada porque su buen saber estar, su empatía, su cariño y su buena disposición van a conseguir que solo, de vez en cuando, recuerde mi tierra vasca. Con ella me siento como en casa», cuenta Marga González.

LEJOS DE LA FAMILIA

Una morriña parecida invade de vez en cuando a Elise: «Para mí, la Navidad no es un momento fácil porque la paso lejos de mi familia francesa». Pero, por suerte, los miles de kilómetros de distancia pesan menos gracias al apoyo que encuentra aquí. «Yo creo que el hecho de ser las dos de fuera de Galicia nos hace tener un vínculo especial y creo que es más fácil ponerse en el lugar de la otra. Para mí, Marga es más que una cuñada, es mi familia de todos los días», confiesa Elise Thellier.

Las primeras fiestas aquí, para ella, resultaron un poco diferentes a cómo las celebran en Saint Josse, su pueblo galo, ubicado al norte de Francia. «Aquí gusta más el debate apasionado en la mesa», dice Elise. Sin embargo, esto no es un problema. «En nuestra familia gallega son frecuentes las conversaciones animadas. Pero no hay sermones, todos aportan», subraya. Marga, coincide.

«Estamos acostumbrados a las comidas familiares con la frecuencia que el ritmo de vida nos deja. Nos encanta sacar debates y aportar puntos de vista muy, pero que muy diferentes pero, aun así, ninguno va de ‘listillo’ y sabemos parar porque, ante todo, siempre está el gran sentimiento que nos une», apunta Marga que, reconoce, la familia no solo debe importar para las fiestas: «Nos ayudamos en el día y a día en lo que podemos y, además, con gusto».

Cuando tiene un hueco y su trabajo y su hija se lo permiten, Elise ejerce de inmejorable profesora de francés para sus dos sobrinas. Marga también echa un cable cuando tiene ocasión a Elise con los cuidados de su pequeña, la última incorporación de la familia.

SOBRE LOS TÓPICOS

Diciembre es un mes movido, ambas trabajan en Vigo, pero se las arreglan para pasar algunos días con sus respectivas familias en Francia y el País Vasco. Sobre los tópicos, Marga tiene algo que decir: «Es muy posible que dos cuñadas se lleven muy bien, de hecho creo que hay muchas, pero siempre se tiende a hablar de cuando se llevan mal. Hay más costumbre de criticar que de elogiar, ¡habrá que ir cambiando esto!», sonríe. Elise da un consejo: «Lo mejor, durante las fiestas, es evitar los temas sensibles. Acudir a las comidas o cenas de buen humor y con ganas de disfrutar de la compañía de tus cuñados». ¿Qué tema polémico tratan de esquivar ellas? «¡La Luna!», exclama Marga. El satélite y sus influencias sobre la vida cotidiana, admite, son el gran tema tabú. Siempre que salen a colación, son motivo de acalorados debates. Eso sí, Elise recalca: «¡Son todos muy divertidos. Acabamos aprendiendo mucho!».

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