«Somos unos frikis de la Navidad»

MÁS QUE UN ESPÍRITU en esta casa se han juntado tres. Isa, Diego y Jorge han creado una especie de parque temático en el que no falta detalle navideño: toallas, pijamas, jerséis, varios belenes... Ya tienen el árbol listo y han sido los primeros en tomar el turrón: «A principios de octubre ya lo compramos».

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Si consideran que tienen un gran espíritu navideño tienen que leer este reportaje de arriba abajo para medirse en competición con esta familia única. Única en su forma de vivir la Navidad y única también en la manera de relatar cómo se complementan para estas fechas que algunos no pueden ni sobrellevar. Pero Jorge, Isa y su hijo Diego representan en este YES toda la energía navideña que otros no son capaces de canalizar. ¿No me creen? Menos mal que tengo al fotógrafo de testigo, porque entrar en su casa supone dejar atrás un noviembre de rutina y adentrarme de golpe en una especie de parque temático. Mis ojos no dan abasto, y ya les digo desde aquí que el objetivo de la cámara no alcanza para contar todo lo que hay en este Christma’s Home. Estamos en Los Rosales, en A Coruña, y por lo de pronto son los primeros del barrio -me atrevo a decir que de toda la ciudad- que ya tienen las luces encendidas en la ventana. De un lado a otro echo un vistazo y empiezo a contar: el árbol gigante, una guirnalda que pone Merry Christmas, un Click enorme de Papá Noel, cojines navideños, mantas navideñas, paños navideños, toallas navideñas, una jabonera que hace que suene Jingle Bells cuando coges el jabón líquido, bolas de Star Wars, varias flores de Pascua, dos o tres papás noeles más de decoración, varios calcetines gigantes colgados en las puertas del pasillo, la corona de la entrada, el felpudo, un calendario que marca los días que faltan para el 25 de diciembre, un belén, otro belén, otro belén, otro belén... ¡Que alguien me explique esto!

TODO UN RITUAL

«El que más espíritu navideño tiene es Jorge», apunta Isa, su mujer, que no deja pasar la ocasión de destacar que en su caso se han juntado el hambre con las ganas de comer. «Nuestras familias han sido siempre muy de celebrar, de decorar: mi suegra está viuda desde años y sigue poniendo un belén gigante ella sola; mis padres también cuidan mucho los detalles, mi madre hace figuritas de scrapbooking, pero creo que no se acercan ni de lejos a nuestra locura: somos unos frikis de la Navidad», asegura Isa. A su lado, Jorge asiente, vestido para la ocasión como corresponde: con su jersey navideño y unos tenis con varios dibujitos de renos, «me los hace una chica de aquí», me cuenta. Porque en esta casa todos los detalles tienen un significado, un porqué y un protocolo que se sigue a rajatabla. «Soy tan superfán de la Navidad que mis amigos de Facebook a estas alturas ya me dicen ‘voy a bloquearte hasta el 8 de enero’ -señala Jorge-, que no oculta que cuando acaban las fiestas sufre la depresión posnavideña y se anima poniendo en la Red los días que quedan por delante para la siguiente Navidad: «¡Faltan 358 días!». Otro ejemplo, en su cocina desde el 10 de enero del 2017 tienen una nota para recordarles que para el belén de este año necesitan «más montañas, otro castillo de Herodes y más figuritas». «Son como las que venden en Madrid en la plaza Mayor y aquí solo las encontramos en la cerería de San Nicolás», relata Isa. Su gran belén aún no está montado, pero tienen una habitación preparada para ir colocando los tableros que soportarán el montaje final. Ahora en el salón suman un pequeño belén de Pin y Pon, otro de Playmobil, otro de Los Conguitos, otro de Little People. Y como Diego es un loco de Star Wars tienen un par de cajas de bolas de la película para llenar su árbol. «Lo mejor es contar las batallitas de cada adorno, dónde lo compramos, quién lo hizo -’este, por ejemplo, lo pintó Diego en el cole’», señala Isa, que enseguida se muestra contraria a esos árboles hiperperfectos de revista de decoración. «Me espantan», indica, mientras me apunta cómo es la puesta en escena de su Navidad. «Esta vez nos hemos adelantado para la foto, pero nosotros siempre ponemos el árbol el 8 de diciembre siguiendo un ritual».

«Ese día desayunamos chocolate, panetone, y bajamos al trastero a por las cosas. Isa empieza el árbol siempre por las luces y no pueden faltar los villancicos de Luis Miguel sonando», dice Jorge. «Es mi culpa -le responde Isa-, me encanta Luis Miguel, pero él es más de los clásicos, como Sinatra o Bing Crosby, y también de las pelis de siempre: Love Actually, Bridget Jones, Qué bello es vivir... Yo, en cambio, me pirro por los telefilmes navideños de segunda fila», bromea ella. Diego también ha heredado este espíritu (¡qué remedio!) y asegura que en su casa los Reyes y Papá Noel se portan muy bien. Pero, ojo, los Reyes se las arreglan para dejar en su casa paquetes que jamás tengan el papel de Navidad, nada de Papás Noeles cuando ha pasado la fecha. Así de especiales son sus regalos. Aunque lo mejor para esta familia es celebrarlo juntos y cumplir con todas sus tradiciones, como ser los primeros en probar el turrón de chocolate. «Este año salió a la venta antes, a principios de octubre ya lo teníamos», responden a la vez. Para cuando me despido prometen apagar el árbol hasta el 8 de diciembre, el día que arranca para ellos la Navidad y un día señalado también para esta pareja porque están de aniversario de boda. ¿Adivinan cuándo surgió el amor? ¡Pues un Fin de Año! Viéndolos tan animados, cualquiera no cree que estaban predestinados a hacer de su vida una Feliz Navidad. Ho, ho, ho.

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