No hay que obligar a los niños a comer

MUCHA CALMA y nada de generar angustia. La comida y la cena deben ser momentos de relax, así que fuera los gritos y tampoco nada de dibujos en el móvil ni chantajes del tipo: «Si te lo comes todo, te doy un huevo Kinder». Y ni se te ocurra ir dándole el plátano detrás de él. Ya comerá cuando tenga hambre.

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El menú de hoy es un clásico de muchas casas o una variada carta en muchos restaurantes. De primero tenemos un «si no comes todo lo del plato, no te levantas de la mesa»; de segundo, un «al menos tómate la mitad» y de postre te ofrecemos un «tú verás, te queda ahí para la cena». También tenemos de temporada, fresquito y para degustar en buena compañía, un «¡come, come, come!» y una exquisita delicatesen: «¡Así cómo vas a crecer!». Este delicioso preparado, hecho con todo el cariño del mundo y con toda la buena voluntad del cocinero, resulta intragable para la mayoría de los niños, y no es de extrañar, una vez comprobado el aborrecimiento que provoca tanta saturación a la hora de la comida. ¿Hay que obligar a los niños a que coman? Los expertos recomiendan por encima de todo hacer de ese momento un tiempo agradable, en el que se suavicen las maneras y sobre todo no se genere más estrés del que ya puede sentir un niño que no quiere comer. Hablamos de críos sanos, que habitualmente tienen un apetito normal, y que se ven sometidos a la orden adulta de «tienes que comerte todo lo del plato». «¿A ti te gustaría que te obligaran a hacer lo que no te apetece?, se pregunta la psicóloga infantil Alejandra Dotor. «¿Si no tienes hambre o no te gusta algo, te lo comes?», vuelve a inquirir la experta, quien enseguida se abre a una respuesta tan equilibrada como el sentido común: «Hay que escuchar las necesidades del niño, igual que nosotros no tenemos las mismas ganas todos los días, debemos entender que a ellos les pasa también».

De esa opinión es el doctor Manuel Viso, que apunta que si un niño se niega a comer sistemáticamente pescado debemos invertir esa tendencia (si no hay ninguna intolerancia diagnosticada) con un poco de imaginación en la cocina, e ir introduciendo siempre cualquier alimento poco a poco. «No se trata de que de repente se coma un platazo de champiñones». Para evitar el estrés del ‘siéntate bien’, ‘come derecho’, ‘apoya con el pan’, la psicóloga señala la importancia de relajar el momento de compartir en familia la comida o la cena, un tiempo que debe ser de relax. «Teniendo en cuenta -señala Viso- que está confirmado que si comemos acompañados despertamos el reflejo de la saciedad y comemos menos, un hecho significativo cuando asoma el fantasma del sobrepeso en muchos niños». Por eso es importante dar ejemplo con lo que ingerimos para que nuestros hijos coman sano. «De nada vale la comodidad de ofrecer una pizza o una hamburguesa, y de mucho menos sirve decirles que coman fruta si luego no nos ven tomarla jamás a nosotros». Por eso Viso es tajante a la hora de asegurar que la comida no puede verse como un premio ni como un castigo: «No hay que caer en eso de ‘cómete las lentejas’ que luego te doy un huevo Kinder; o ‘si no te lo comes ahora te lo tomas de noche’. Por la fuerza no se consigue nada», indica.

LENTEJAS, LAS COMES O...

«Hasta los 3 años es lógico que haya cierto caos, no se trata de que vuele la papilla ni que las lentejas se escurran por la pared, pero a esa edad es normal que el niño esté explorando: toca, coge con las manos... Pero a partir de los 6 años los niños -apunta Alejandra Dotor- ya deberían haber cogido el hábito y unas pautas de comportamiento». Ella propone ser firmes y estables cuando se indica una norma. «No vale con decir ‘si no comes en una hora, te quito el plato’ y luego no quitarlo». De ahí que Alejandra sea partidaria de no servirle al niño mucha cantidad para que sea él el que pida más, si quiere. Del mismo modo, cree que si por cualquier circunstancia el niño no quiere comer, conviene que no se levante de la mesa. «Si se ha creado la pauta de que a las dos se come, pues se come; y si él no quiere, pues de una manera tranquila hay que indicarle que el hábito hay que cumplirlo: ‘Vale, te quedas charlando con nosotros».

La mayoría de los niños son multitarea y preferirían, señala la experta, darle tres bocados a la comida y seguir jugando, pero es preferible que comprendan que hay que cumplir con la hora de la cena, de la comida... Y los padres también es necesario que usen las herramientas para evitar que al niño le caiga la gota de sudor nada más sentarse a la mesa. Tampoco conviene estimularlos con el móvil. «Así engullen, claro, y es más fácil para los padres, pero de ese modo no está prestando atención a los alimentos ni hay una relación afectiva con la comida». Para ella la mecánica de repartir el plato e indicar «esto te lo comes y esto lo puedes dejar» no es una conducta que sirva de mucho. Como tampoco que estén corriendo en el parque con el bocadillo en la mano si son pequeños: lo deseable es que se acerquen a darle un bocado adonde están los padres (o darles la merienda antes); lo mejor es que coman tranquilos y que vigilemos que no se atraganten. Cualquier cosa antes, ya saben, que generarles estrés a gritos: «Andreíiita, cómete el pollo».

TRES CLAVES PARA UN MENÚ TRANQUILO

1. No le llenes mucho el plato

El momento de la comida o la cena debe ser relajado, no hay que forzar al niño. Lo mejor es poner una cantidad justa y que él pida más. 

2. Nada de dibujos en el móvil

Ni tabletas ni tele. Si usamos esa estrategia, el niño engulle y come sin hambre. No es capaz de entender el significado real de comer en familia. 

3. Da ejemplo

Si quieres que coman pescado o fruta, empieza por comerlos tú. No caigas tampoco en la comodidad de premiar o castigar para que se tomen lo del plato.

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