Ellos sí que están a varias bandas

SIEMPRE DAN LA NOTA correcta, aunque suenen diferente cada vez que se suben al escenario. Son hombres orquesta o multibanda, como se define alguno de ellos, y afinan tanto sus horarios que nunca hacen redobles. ¿Alguien dijo doble cita? Tranquilos, tienen sustitutos.

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Viven encima de los escenarios, pero no siempre tienen los mismos compañeros de piso. Tienen que girar la cabeza para ver qué toca hoy. No les resulta difícil, llevan la música en las venas, y solo es cuestión de poner el chip y dejarse llevar. Sus manos siempre dan en la tecla correcta. Formar parte de una banda es el horizonte de muchos compositores, pero ser miembro de varias y poder vivir de ello, es para quitarse el sombrero. Así que, aplauso merecido para los músicos gallegos que hoy les presentamos en el YES. ¡Plas, plas, plas!

Podríamos decir que Roi Fontoira (O Grove, 1989) (en la foto de la izquierda) está en el limbo, pero sería más correcto que está volcado con The Limboos, su proyecto más personal y familiar -que comparte con su pareja y su primo- que nació hace casi una década. Un sonido que nos transporta a los años 50-60 a través de ritmos latinos o caribeños, «música viejuna», dice este periodista que un buen día decidió cambiar de letras. Ha llegado a ser un hombre multibanda, hubo un momento que estuvo en diez grupos a la vez, pero a día de hoy la lista se reduce a tres. Aunque su vida pivota sobre The Limboos, no renuncia a los bolos que le surgen con The Phantom Keys o The All Night Workers, que ya son reuniones de amigos. Las tres formaciones tienen la misma raíz, la música negra, cada una con sus matices, pero si cierras los ojos es posible que una te invite a viajar por la otra. «Es inevitable, se deja ver el poso que tienes como melómano. Al final el 70-80 % de un músico es lo que escuchas. Puedes tener mucha técnica, pero si no escuchas... Hay que investigar, conocer nuevos estilos, escenas... todo eso te aporta», explica este gallego de O Grove afincado en Madrid. Desde la capital de España emprende cada fin de semana una aventura diferente, no hay viernes libre en su agenda. «Es la vida que uno decide llevar, que haya trabajo es bueno, pero hay que tocar mucho, hacer muchos kilómetros para malvivir, es una vida bastante dura», dice este guitarrista que también saca la voz delante del público.

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SUSTITUTO POR SI ACASO

Entre ensayo y ensayo nos atiende Adrián Seijas (A Coruña, 1991), que también vive pegado al calendario. Este coruñés forma parte de cinco proyectos diferentes, lo que puede llegar a ser «estresante». «A veces sí, porque son proyectos muy personales, y para cada una de las bandas la suya es la prioridad, normal por otra parte, así que tú que eres el que rota tienes que decirte: ‘Hoy pertenezco a ... Tengo que cambiar el chip’», dice este coruñés que entre sus clientes tiene a Xoel López, David Quinzán, Jacobo Serra, Puig o a su hermano Pablo. No hace falta decir que la organización puede resultar algo complicada, son muchos ensayos, conciertos, y a veces se puede dar la peor de las coincidencias: dos compromisos el mismo día. «En ese caso, priorizo con quien me haya comprometido en primer lugar, pero tengo que confesar que tengo un sustituto para la batería cuando yo no puedo», explica este joven de 26 años, que llegó a formar parte de 12 puzles. Ese cambio de rol al que se enfrenta a diario, que «no es fácil», dice que sale más natural de lo que parece. «Yo soy batería, pero con Xoel toco la guitarra y percusión, con Quinzán el bajo... pero es una cuestión de concentración, cuando empiezo a tocar me sale solo». En medio de la conversación surge un sexto grupo, que no podemos nombrar -porque no tiene nombre-, pero con el que en breve va a grabar un disco. «Soy así. Soy de aceptar muchas cosas y luego decir a ver cómo lo hago», explica Adrián, que se mueve a caballo entre el pop y el rock, aunque ha llegado a moverse a ritmo de samba. Ser hombre orquesta tiene su punto, musical claro. «Me aporta muchísimo, noto una diferencia enorme si miro cinco años atrás, es algo personal, pero voy adquiriendo y guardando todas las experiencias y es muy enriquecedor como músico». Aunque se muestra pletórico por formar parte de estos proyectos, Adrián no oculta que le gustaría liderar de nuevo su propia banda, algo que ya hizo en su día junto a su hermano con Misterioso Viaje a Holanda. «Es mi objetivo, porque a mí me gusta cantar, y me gustaría hacer algo muy mío, donde incluso tocara todos los instrumentos. Pero por ahora no puede ser, no tengo ni un fin de semana libre, así que hay que esperar», matiza. Para cuando llegue ese momento, parte del trabajo ya estará avanzado, porque en su móvil ya están almacenadas algunas de las canciones que ha ido componiendo. Suena bien.

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FORMACIONES Y FORMACIÓN

Nos movemos en el pentagrama. Aparecemos en el seminario de Jazz de Pontevedra, donde es profesor Paco Charlín (Vilanova de Arousa, 1975). Este músico freelance, como se define, alterna de formación en formación y hasta tiene tiempo para la formación. Es de la escuela de Adrián, y el que primero necesita de sus servicios cuenta con su palabra. «Poden coincidir, nese caso é para o primeiro que colla a data, ou onde non teña un substituto que poida ir por min», explica el pontevedrés.

A día de hoy, Guadi Galego, Inmaculate Fools, Logan Richardson «Shift», Naima Acuña, Foxy Freire y Raynald Colom se lo rifan, pero han llegado a ser el doble. Lo suyo es el contrabajo y el bajo eléctrico, aunque se maneja sin problema con el piano y la batería. Entre pop y jazz reparte juego. «Todo é música, hai que estar aberto de mente para poder darlle a todo. Hai que probar as cousas», explica Paco, que con tan solo 11 añitos descubrió el mundo de las orquestas. Pronto supo que la música iba a marcar el compás de su vida y unos años después se lo tomó en serio y se puso a estudiar. Hoy, es él quien enseña a los demás. ¿Tienes tiempo? «A ver, tampouco estás tocando todo o día, pero entre repertorio e clases sempre te mantés no mundo», explica Paco, que tiene casi una veintena de discos en su currículum. Con este historial, sorprende cuando confiesa que «aínda me queda bastante por aprender para ter a miña propia banda, non teño intención polo momento».

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EL 2018 PARA SU BANDA

El que sí la tiene y en breve será algo más que una intención es Pablo López (Pontevedra, 1983). El cuerpo le pide frenar y centrarse en su propio proyecto, y el 2018 tiene todos los ingredientes para que así sea. «Nunca dejé de hacerlo, pero nunca te atreves a cerrar muchas fechas con tu banda, por si te salen conciertos con otras en las que estás, así que es complicado», explica este integrante de Fuel Fandango.

Pero ha llegado ese momento de priorizar lo personal, y «me apetece no solo por logística, sino a nivel mental, por enfocar toda la energía a tus propios proyectos», reconoce.

Cuando en quince días finalice la gira con la que está recorriendo España, será el momento de ocuparse de sus hijos musicales: Lips & The Lips y Laredo. Con el primero tiene pendiente de terminar un disco que ya ha grabado en Los Ángeles, así que todas sus energías se concentrarán en el segundo, con el que tiene previsto sacar nuevo álbum y hacer gira. En definitiva, cumplir su objetivo: «Escribir para una sola banda, pero no siempre es posible».

No lo fue hace doce años, cuando llegó a Madrid procedente de Galicia para buscarse la vida con aquello que se la daba, la música. «Tuve que decir que sí a todo el mundo, llegué a estar en seis o siete grupos a la vez, pero no estás en condiciones de negarte. Con el tiempo, vas encontrando una estabilidad económica que te permite ir encauzando la situación, ir valorando lo que te ofrecen y decir que no», explica Pablo, que reconoce que a día de hoy le va relativamente bien. Para este guitarrista que también toca el bajo, el teclado y hace los coros, cambiar de instrumento no supone ninguna dificultad, aunque confiesa que puede resultar «raro, porque igual estás martes y jueves a la guitarra, y otros días al bajo, o por ejemplo, yo con Fuel que toco diferentes instrumentos, pero responde a una cuestión técnica nada más».

No descarta que sea una especie de sexto sentido a lo que se agarra para hacer su particular encaje de bolillos, porque su agenda puede llegar a ser un auténtico «caos» y suele ir «un poco a salto de mata». Lleva dos años dejándose la piel en otros circuitos y aunque de todo se aprende, también acaba pasando factura. Lo que peor lleva son los viajes. Los desplazamientos entre concierto y concierto que le comen mucho tiempo. «Son muchos kilómetros, muchos». Pero solo le quedan 15 días para terminar con esta última tirada de bolos. Luego habrá tiempo de parar, escribir, grabar y volver a girar, pero esta vez sobre sí mismo. Y entonces será otra canción. La suya.

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