¿Recuerdas tu primer beso?

Ay, ese beso que lo cambió todo. El primero de muchos. El beso de los besos. ¿Te acuerdas de cómo fue ese choque de labios del que salieron chispas? Estas parejas sí. Hoy celebramos con ellas

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Besos de película, besos mágicos, besos robados. Cada beso tiene una historia detrás. La de Carlota y Dani lo tiene todo para ser un taquillazo de Hollywood: un primer encuentro virtual en las redes sociales, un paseo junto al mar hasta altas horas de la madrugada y un final feliz. Ocurrió hace dos años. «No nos acordamos del día exacto y es algo que nos gustaría. Sabemos seguro que fue en junio, antes de San Juan. Pero no nos olvidamos de dónde fue». ¿Quieres saberlo? Sigue leyendo...

UN MENSAJE PRIVADO

Esta pareja de veinteañeros de A Coruña se conoció a través de Instagram. Carlota, Duulcedeleche, es una de las youtubers gallegas más famosas. Dani, un fan al que le gustaban sus vídeos, sus fotos. Y también Carlota. Un día decidió probar suerte y le envió un mensaje privado a su cuenta de Instagram. «No sabía si me iba a contestar, de hecho, ni de broma pensaba que me fuese a responder». Pero Carlota abrió su mensaje. Y le contestó al instante. Saltaron las primeras chispas. «Recuerdo que en el mensaje ponía ‘Hola qué tal’ y dos monitos». Una cosa llevó a la otra y, un par de caracteres después, decidieron desvirtualizarse. «No teníamos coche ninguno de los dos. Él vino en bus y yo fui a buscarlo a la parada. Fuimos caminando por el paseo marítimo hasta que llegamos a un jardín que hay justo frente al Muncyt. Se nos hizo tarde y allí estuvimos hasta las tres de la madrugada y nos dimos el primer beso». Ya se sabe que del amor al odio hay un paso, y un malentendido con una relación anterior de Dani hizo que el beso fuese lo único que quedase de ese encuentro… durante un año. «Me enfadé y estuvimos mucho tiempo sin hablarnos. Hasta que Dani volvió a escribirme, para preguntarme qué tal iba con el carné de conducir, y volvimos a quedar». Hubo reencuentro y beso de reconciliación. De ese también se acuerdan. «Fue el 28 de octubre del 2016 en A Zapateira, junto a la universidad, en un mirador desde el que se ve toda A Coruña», cuenta Carlota.

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Cuando van juntos en el coche y pasan por delante de su zona cero no pueden evitar dar un saltito de felicidad. «Siempre decimos: ‘Mira, fue ahí donde nos dimos el primer beso’», confiesa Carlota. «Hace poco volvimos a la zona porque a los dos nos hace gracia recordar ese momento. Ni Dani ni yo nos imaginábamos, ni por asomo, que después de aquel beso junto al mar y de estar un año sin hablarnos acabásemos juntos». Con la torre de Hércules de fondo repiten el beso. Ahora una y otra vez.

Aquellos que no crean en los flechazos y en el amor a primera vista, que oigan a Escarlata Gil. A esta camarera de 31 años el amor se le presentó por sorpresa en su puesto de trabajo. Entrar él en la cafetería, servirle el café, cruzarse las miradas y sentir las mariposas en el estómago fue todo uno. Y eso que Jose, su futura media naranja, entró en el bar con la indumentaria perfecta para no pasar desapercibido. Era uno de los obreros que estaban trabajando en el edificio situado detrás de la cafetería. Así que pueden imaginarse el outfit. «Desde el primer momento hubo una conexión increíble. Empezó a venir todos los días a tomar su café y un día dejó el coche aparcado al lado de la puerta del bar. Mi compañera me dijo que le encantaba ese chico y yo le dije que a mí también. Decidimos dejarle una nota en el parabrisas de su coche con nuestros números de teléfono y le pusimos: «Rubia o morena, elige», explica Escarlata, quien cuenta que por la tarde el chico le mandó un wass y quedaron por la noche en un pub donde había un concierto.

 «Me besó y supe que era el hombre de mi vida»

 

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Después de un rato charlando y tomando algo en el local se fueron al coche de Jose, un Audi A3 que estaba aparcado al lado del pub. «Lloviznaba y estuvimos un montón de tiempo charlando de nuestras vidas. Acabamos besándonos en el lugar donde hoy tenemos la sillita de nuestro bebé. Su beso confirmó que era el amor de mi vida. Fue todo pasión y cariño», cuenta esta joven, quien recuerda que el flechazo surgió en noviembre y en enero ya era toda una relación. «En marzo estaba de cumpleaños y le regalé una cajita con una copia de las llaves de mi piso. Le pedí que viniera a vivir conmigo porque sabía perfectamente que era el hombre de mi vida», relata Escarlata, quien vio en Jose a la personal ideal y no un «vendemotos». «Él reúne todas las características que buscaba en un hombre. Tiene aspiraciones y le encantan los niños. ¡Cuando lo vi con sus sobrinos me enamoré todavía más! Tiene su carácter pero es muy disciplinado», concluye Escarlata. A ver qué viento puede llevarse este amor...

«Le di un beso y al mes estaba embarazada»

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La historia de Fernando y Mónica da para muchos reportajes, porque toda su vida es un titular, pero como no quiero desvelarlo todo de golpe nos quedamos con su primer beso. Lo suyo fue tan rápido que pueden batir récords de cómo a la primera se acierta sin necesidad de pasar años y años de noviazgo. Fernando y Mónica se conocieron como sucede en esos relatos que parecen cosa del destino o de novelón de tarde: porque los nombraron padrinos de un niño. «Mi prima -cuenta ella- está casada con su hermano, pero nosotros no nos conocíamos, así que cuando decidieron que él iba a ser el padrino y yo la madrina quedamos para tomar algo y ver qué le regalábamos al ahijado». Pasó el día de la celebración, pero el buen rollo entre ellos fue creciendo y creciendo. «Encajamos, nos gustaba lo mismo, nos entendimos de modo muy fácil», apunta Mónica, que como ya pueden ir percibiendo, fue la primera en hacer que el tema fluyera sin tropezones. Él empezó entonces a ir a buscarla al trabajo, comenzaron a quedar por la noche en pandilla y un 19 de agosto, en un pub del Orzán, ambos sintieron que era el momento del sí, quiero.

  

¿QUIÉN TOMÓ LA INICIATIVA?

¿Quién se lanzó a por el beso? Sí, si piensan en Mónica, aciertan. Ella responde rauda que fue la que tomó la iniciativa, pero él la desafía enseguida: «Yo creo que ese paso lo di a la vez». Mientras los dejamos en la discusión, voy avanzando que a toda su historia hay que ponerle fecha. «El 19 de agosto fue el primer beso, pero nada más, ¿eh?» -pone el freno Mónica-, para acelerar después: «Bueno, como yo quería ser madre por encima de todo (entonces tenía 27 años) y vi que todo con él era maravilloso, le propuse al mes de conocerlo tener un bebé, él aceptó y en octubre ya estaba embarazada». «Fue un beso que valió una vida», responde él, mientras muestra la foto de sus hijas, Lorena y Alejandra, de 15 y 11 años, junto a los dos el día de su boda, hace solo tres años, cuando después de mucho tiempo decidieron formalizar una relación muy formal desde el comienzo. «No nos anduvimos con tonterías -se ríe Mónica-, fuimos al grano, pero los dos veníamos de dos relaciones largas y no había tiempo que perder». El día que se casaron Fernando y Mónica se fueron de viaje de novios a Tenerife con sus hijas para celebrarlo por todo lo alto, porque las niñas fueron determinantes para esa boda (¿no digo que vale para otro reportaje?). Él es muy detallista, un tímido capaz de cualquier cosa; un día me apareció con un ramo de rosas en mi trabajo, puedo llegar a casa y tener velas encendidas...», dice ella. Uy, esto está que arde, si no fuera porque Fernando se apura a defender su intimidad. «Que conste que yo soy de los que no se besa en público, me da pudor». Para eso ya está Mónica, que mientras le da la razón, apunta que todas las noches antes de dormir le hace la misma pregunta: «¿Me quieres?». Dieciséis años después, él la sigue vacilando como el primer día: «Elijo la B». Nadie duda a estas alturas que es un sí.

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