Él es el Motero más Lejano

100.000 KILÓMETROS SOBRE DOS RUEDAS A Óscar Conde el viento de la libertad le llevó de Galicia a Escocia, al desierto de Marruecos, a Francia, Italia y Alemania. En moto se «comió» 21 de los 25 puertos de montaña más altos de Europa. Próximo reto, Nepal. No hay ruta en Google Maps para el motero de Verín que volvió de los Alpes con un premio bajo el casco.

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Lejos, muy lejos y muy alto (a 3.200 metros), le ha llevado el viento de la libertad. Qué tiemblen los Hijos de la anarquía en California, que este verinés se ha ganado a dos ruedas el premio al Motero más Lejano en Geiselwind. La suerte sopló al sur de Alemania, este agosto en que Óscar Conde se echó a la espalda 6.700 kilómetros en dos semanas. Su rodaje a la intemperie nació de un pique. «Hace cuatro años localicé las 25 carreteras más altas de Europa y dije: ‘Tengo que ir tachando, marcando en un listado las que voy haciendo’», dice este cigarrón cum laude del entroido que hace cinco años se echó a rodar y no paró. Subió el glaciar Oetztal, el Col de la Bonette, el de L’Iseran (en la foto) y el Paso de Gavia, entre otros. «Cuando ya tienes las carreteras míticas hechas -advierte Óscar desde la tranquilidad de un café, sano y salvo tras volver de su último viaje a los Alpes-, como el Paso del Stelvio, se acaban las carreteras y empiezan las pistas».

Este verano se echó a los Alpes solo. Para recorrer las rutas militares de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. «Cruzan la cordillera alpina en la frontera entre Francia e Italia, y van comunicando unas fortificaciones que servían de enlace». Tras sufrir con Dunkerque, regresamos a esta Historia para recordar. Óscar Cigarrón, su alias de honor en redes, había pisado suelo alemán antes, «pero todo el mundo me hablaba de la Selva Negra y no la había llegado a conocer». Así la Selva se convirtió en objetivo natural de este aliado del slow life que se encuentra como en casa entre montañas. «Cuando llegué a Geiselwind, empiezan a hacer balances de kilómetros y me llaman loco, por ser un español que se hace 3.200 desde casa». El valor tuvo premio, al Motero más Lejano en solitario. Óscar fue proclamado en olor de multitudes motoras ante 25.000 personas. «Una vergüenza...», dice con sonrisa a prueba de ascensos y tormentas de arena.

UNA FIESTA DE ALTURA

Él tardó lo suyo en pisar el acelerador de la libertad. «Todos mis compañeros de pandilla tenían moto, y yo por circunstancias de la vida, fuesen de trabajo o personales, nunca había podido llegar a este mundo de las motos», recuerda ahora que no hay quien le quite la marcha del cuerpo.

Su primer viaje grande fue en el 2013: viajó sobre dos ruedas a los Alpes por primera vez «y terminé en Eslovenia». ¿Solo? «Sí, siempre voy solo, excepto a Marruecos», donde fue acompañado. Del padre Casares, por cierto, «el segundo padre Casares», y precisamente el actor Xaquín Domínguez fue quien le metió a él «el vicio» del motor. Afrontaron juntos una tormenta de arena y se agarraron al consejo de un nómada que encontraron por allí, así como una aguja en el desierto hacia el Eriki. En esa inmensidad donde estás perdido, puedes encontrarte mejor, dice Óscar. «Desconectas de todo, conectas contigo. Yo nunca me he sentido más en paz. Puedes sentarte dos horas junto a un fuego y sentir que han pasado solo 15 minutos», asegura.

El próximo reto de este motero con causa apunta a Nepal. «Es un proyecto que preparo con Xaquín». ¿Cuántos kilómetros haréis? «No lo sabemos aún... Google Maps no te calcula, pones tu ubicación actual, destino Nepal y al pedir que trace la ruta... sale ‘No se encuentra’». Su duda es si bajar por Turquía (pasando por Irán, Pakistán o Afganistán) o subir por Rusia (y enfrentarse al desierto en Kazajistán). «Cualquiera de las dos es complicada», admite.

Será un riesgo, pero también una fiesta lo de rodar en libertad. En el Colle Sommelier, Óscar alcanzó los 3.000 metros de altura. «Monté la tienda a 2.300. Y más arriba estaba el refugio de montaña. Cuando anocheció bajaron los del refugio y me dijeron: ‘Oye, ¡vente a comer con nosotros!’», cuenta. Y a comer (que son dos días) platos típicos. Y licores. La gente se viene arriba en la montaña. «Subimos más (como el limoncello), llegamos a la casa de un pastor y la cosa acabó siendo una macrofiesta internacional con un español, un francés, un italiano y un tío que hace quesos».

Para marcha la de Óscar Conde. Es el motor de la vida, ya sabs... Se hace camino al rodar.

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