Este bocata sabe a verano

EL CALAMAR TIRA AL MAR. Fresquitos y en medio del pan, más. Si enfilas hacia la playa, ven por el bocadillo. Aquí los tienes ricos y variados. De criollo, de sardinas, de «zortilla» o de milanesa con ensalada. ¡Empánate ya!

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Ana Abelenda y Carmen García de Burgos

Hay que saber primero adónde tiras, y no me refiero a lugares, sino a sabores. Si eres fiel a los clásicos o si prefieres lanzarte y animarte a probar. Puedes pensarlo, dudar a la gallega, ir pillando cachitos de pan. Que se le vaya calentando el aceite al calamar... que empezamos por (¡ojo al dato!) un «bocata experiencial».Nos vamos al Ultralimento, en la Praza de Abastos de Lalín, que nació hace cuatro años fusionando los conceptos de taberna y ultramarinos y abrazando un estilo de vida saludable a través de su oferta central de alimentos «non industriais, artesanais e de proximidade», explica su responsable, el viveirense Lucas Requejo. De esa filosofía green beben los llamados «bocatas experienciais». «A idea -señala- é que se viva unha experiencia ao tomar o bocata. Non é tanto o feito de comelo, senón o de degustar e aprender o porqué do que se está comendo. Ti elixes entre as conservas Catrinetra de Compostela e a partir de aí déixaste levar pola mellor maridaxe. Engadimos o pan Damorena, cocido en forno de leña, e sempre lle metemos dous alimentos de horta de tempada e un queixo, que pode ir dende o San Simón da Costa ata o de nabiza de Arqueixal de Palas de Rei». Buena elección es el bocata de sardinas (en salsa de tomate y con pimiento de Ourense, calabacín salteado y queso de nabiza), xoubas, mejillones o zamburiñas. Pero ¿qué sabor deja? «Mellor fáloche en boca da xente. Con ese pan quente... todas as críticas que temos son moi boas», responde. Otros bocatas que dan experiencia son el Larpeiro, con crema de cacao y avellanas y frutos secos, o el Praceiro, con carne o pescado directos de la plaza.

 

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¿CALAMARES O ZORZA?

Degustar se pueden degustar de cualquier manera. Pero si visitas Ourense es obligado, por lo menos una vez, ir a O Eironciño. Los calamares son su plato estrella. Desde la apertura de este local, allá por los 60, han sido su emblema. Y, en la actualidad, los nuevos propietarios han sabido mantener la tradición: el bocadillo de calamares. Da igual a qué hora comerlo. Como pincho antes de comer, a media tarde o como cena. En O Eironciño tienen el secreto para que, sea cual sea la hora, ¡apetezca! El producto es lo principal. Se compran frescos y se limpian perfectamente en el establecimiento. Solo resta utilizar un buen aceite y freírlos en su punto. Ubicado en pleno centro histórico de la ciudad de As Burgas, O Eironciño es paso obligado de visitantes y vecinos. Además, conserva la estructura de los «bares de siempre», por lo que comer un bocata, acompañado de una «cunca» de vino, de una cerveza o de una sidra natural, completa la refrescante y contundente experiencia.

En Viveiro, Servando González, gerente del bar Castilla, hace memoria de su antigüedad hostelera: 34 años. También rememora tiempos en los que los bocatas de salchichón o chorizón eran lo más, «pero os embutidos, morreron, polo menos no meu local, xa hai anos.

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Lo que se lleva en este establecimiento, sobre todo los fines de semana en los que el hambre aprieta pero no ahoga en la recta final de la movida nocturna, es el de «zortilla». ¿Zor qué? Pregunto, pues nunca tal cosa escucharon mis oídos. En el número 9 de la avenida de Galicia surgió este invento gastronómico, entre pan y pan, con dos elementos imprescindibles: la zorza y la tortilla. Aquí maridan, pero la cosa no ha sido cosa del «jefe». Fueron los clientes, las pandillas de jóvenes a la hora de dar por cerrada su madrugada de juerga en la ciudad, las que lo crearon y bautizaron. «Hai anos era o chocolate con churros pero dende hai 15 este bocadillo púxose de moda. A min encántame, sobre todo cando estou moi estresado busco un oco polo medio e pápoo», finaliza.

 

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CANÍBALES A LA PLAYA

Son caníbales, pero nadie les escapa. Se devoran. Los bocatas del Rogelio de A Coruña llevan décadas dándole gusto guerreiro a la gente. Será que los Guerrilleiros tienen aquí buena miga, van en medio del pan e imponen su ley sin metralla en una carta con 50 variedades a elegir. Para la playa, Juan, el dueño de este clásico de la plaza de España que se alimenta de la movida de la calle San Juan, propone (empezando suave) el Caníbal Milanesa. Este rey veraniego lleva filete empanado, queso, jamón York, lechuga, tomate y mayonesa. Todo un clásico de la temporada... ¿Visualizas la escena? Pinar, mesa plegable y menú estrella playuno, solo que en vez de fiambrera metálica azul y roja... ¡en bocata! El caníbal 3, con calamares, también tiene su público pero el que se lleva la palma es el 8, ¡redondo!, de criollo con patatas fritas y salsa brava. Al principio asusta... pero una vez se prueba no se olvida. «A historia do Rogelio empezou no 79 cando os meus pais colleron o bar fronte ao cuartel de Atocha ?cuenta Juan?, ao principio no bar só paraban militares. Imaxina entrar alí, unha muller nun local cheo de militares! A mediados dos noventa o ambiente foi cambiando, desapareceu o militar e o bar chamou á xente. Houbo que reciclarse. Agora o ambiente é moi variado. A xuventude vén moito á unha da mañá, pero temos demanda de bocatas de nenos, pais e avós todos os días». Para marcha la del Rogelio, que abre de once de la mañana a doce de la noche o incluso una de la madrugada y en temporada alta puede servir a gusto 400 bocatas al día. «Hai quen sae de traballar e vén directa a polo bocata antes de baixar á praia». Y vuelta y vuelta...

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TOQUE DE SANDWICHERA

Si lo tuyo es la chapata entenderás que el Tío Gilito sea la bocatería por excelencia de Pontevedra. Y que vaya ya por su segundo local, más amplio e igual de bien situado que el primero (uno está en la céntrica plaza de A Ferrería, y el otro, en la de España). El responsable de la cocina propone tres alternativas para llenar de verano ese bocadillo de playa. Lomo, pechuga de pollo, sobrasada... Cualquier ingrediente central es bueno si su destino es acabar entre dos partes de pan fresco y un último toque de calor en la sandwichera para ver cómo se derrite el queso. El verano no debe privar a uno de ciertos placeres. Al contrario. Por eso el Tío Gilito (pollo, beicon, lechuga, tomate y mahonesa), el Tío Gilito Especial (pollo, beicon, tomate, maíz, champiñones y salsa rosa) y el Cordobés (lomo fresco, queso, beicon, huevo frito y cebolla frita) inundan cada año los arenales de las Rías Baixas.

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