Hillary se las sabe todas

LA CANDIDATA DEMÓCRATA Ha derribado muchas barreras para intentar erigirse como la primera presidenta de EE. UU. Su historia habla de lucha por la justicia social, amor, infidelidades y más escándalos que la colocan como una mujer de la que muchos ciudadanos siguen sin fiarse. A pesar de que las encuestas le dan una mayoría, Hillary Clinton sabe que la política es impredecible y que su vuelta a la Casa Blanca será una carrera de fondo

CORRESPONSAL NUEVA YORK

Su nombre es Hillary Diane Rodham Clinton y puede ser la primera presidenta de EE. UU. Mujer de carácter, los que le conocen aseguran que no tolera intromisiones en su vida. La han llamado «psicópata e irrespetuosa». De hecho, las confesiones más duras las ofreció un exagente del servicio secreto de la Casa Blanca que la definió como una especie de Doctor Jekyll y Mister Hyde. Es verdad que no es una mujer simpática o carismática, pero no es menos cierto que su preparación profesional es perfecta para el puesto. Detesta el maquillaje y adora la comida mexicana, cuanto más picante mejor. La falta de credibilidad es su talón de Aquiles pero, aun así, encabeza la lista de las cien mujeres más poderosas del mundo de la revista Forbes.

«Si hay niñas que se hayan quedado hasta tarde para ver esto les diré que puedo convertirme en la primera mujer presidenta, pero una de ustedes es la siguiente», dijo Hillary Clinton ante miles de personas el pasado 26 de julio. Aquel día consiguió el aval de los delegados para convertirse en la candidata del Partido Demócrata y, por fin, rompió el famoso techo de cristal de la política estadounidense, sabiendo que es ahora o nunca.

Fue una noche histórica, producto de muchos años de lucha por reforzar el papel de la mujer en la sociedad, comenzando esta, mucho antes de dedicarse a la política: «El presidente Kennedy acababa de iniciar su campaña para llegar a la Luna, era 1961 y yo tenía 14 años, así que escribí una carta a la NASA, preguntándoles cuáles eran los requisitos para ser astronauta», relató Clinton en su libro Living History, obviando que la NASA no admitía mujeres.

«UNA AMOROSA ESPOSA»

Nació un 26 de octubre de 1947 en el seno de una familia conservadora de Chicago. Su madre, Dorothy, le enseñó a ser «una amorosa esposa, madre y abuela», que tras pasar una infancia muy difícil quería que sus hijos mirasen siempre por los más débiles. Su padre, Hugh, era un veterano de guerra y seguidor del Partido Republicano, que vinculó los orígenes de su hija a sus actuales rivales. Así fue hasta que llegó a la universidad para estudiar Ciencias Políticas y formarse después como abogada, donde conoció a su marido Bill Clinton, expresidente de EE.UU y su «Vikingo venido de Arkansas». Se casaron en 1975 y cinco años más tarde nació su hija Chelsea. El matrimonio formaba un buen tándem, tanto es así, que la campaña por la presidencia les vendió como «dos por el precio de uno». «Es bueno tener una mujer inteligente, pero no una tan inteligente», llegó a decir el expresidente Richard Nixon.

Todo iba como la seda hasta que en 1998 se abrió una de las heridas más dolorosas en la vida de la que en aquel momento era la primera dama: «Quería retorcerle el pescuezo. Lo que mi esposo hizo fue moralmente incorrecto, pero no traicionó a los ciudadanos», dijo Hillary Clinton tras perdonar la escandalosa infidelidad de su marido con la becaria, Monica Lewinsky. Tras la polémica, su figura se vio reforzada y al salir de la Casa Blanca se convirtió en la primera mujer senadora de EE. UU., para más tarde llegar a ser una cuestionada secretaria de Estado de la mano del presidente Obama. «Significó un antes y un después», apuntan con acierto los analistas. Y es que, con su gestión al frente de la Secretaría de Estado, comenzaron los problemas que hoy se conforman como intensas debilidades en sus opciones presidenciales. El ataque al Consulado en Bengasi, o el manejo de información confidencial a través de un servidor personal, son piedras que pesan como losas y que su rival, Donald Trump, aprovecha en sus embestidas: «Es una corrupta y una mentirosa», denuncia habitualmente. Y lo cierto es que así lo creen muchos. La cruz de la moneda habla de una candidata que no termina de encajar porque muchos no se fían de ella. La cara, sin embargo, muestra a la persona más cualificada, con más respaldo del establishment y que encara esta etapa con la fuerza que le da ser abuela: «Tener nietos es volverse a enamorar una y otra vez», confesó sonriente en una ocasión.

A lo largo de la historia del país muchas mujeres han roto barreras en política, pero ninguna la de la Casa Blanca. Aquel lugar del que Hillary Clinton se despidió con un «hasta luego» en el 2001: «Bill y yo nos tomamos de la mano y nos fuimos bailando un vals por el corredor principal». Quién sabe si en el 2017 volverán a entrar al ritmo de sus adorados Rolling Stones.

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