«Con mi marido voy a llegar a las bodas de oro. Lo sé»

Muchos la conocimos como Laura en «Siete vidas». La chica sureña que ganó el Goya con «Lucía y el sexo» nos recibe en pleno rodaje de la miniserie «Perdóname Señor». Paz tiene «luces y sombras, como todo el mundo». Su hogar son su esposo y sus tres hijos, y esta es una máxima vital: «No todo tiene que pasar por el escrutinio de la razón. Hay que dejarse guiar por el corazón y si te equivocas... ¡a levantarse y seguir!»


Han pasado más de 15 años desde que Paz Vega (Sevilla, 2 de enero de 1976) entró en la mayoría de nuestras casas por televisión. ¿La recuerdan como Laura en Siete vidas, la niña sureña que se enamoraba de su primo David (Toni Cantó)? Fue Medem quien la llevó al cielo de nuestro cine en el 2001, fiando a sus manos, su cabeza y su piel a la magnética camarera que deja Madrid para encontrarse en una isla. Lucía y el sexo le valió el Goya: «Lucía me dio mucho, pero es que yo se lo di todo a Lucía. Me entregué ciegamente en cuerpo y alma». Paz vive entre Los Ángeles, Madrid y Sevilla. Su hogar, dice, es su familia. Nos recibe rodando en Barbate la miniserie Perdóname Señor, que emitirá Telecinco

-Vuelves a la pequeña pantalla como Lucía, una monja que lucha con el narco y contra su corazón. A veces, dices, seguir al corazón te lleva a perder la cabeza...

-No todo en la vida tiene que pasar por el escrutinio de la razón. Si así fuera, posiblemente viviríamos en un mundo perfecto, pero sería aburrido y previsible. A veces, hay que dejarse guiar por el corazón y si te equivocas... ¡pues a levantarse y a seguir! 

-¿Cómo ha sido volver a ponerte el hábito, tras interpretar a Teresa de Ávila?

-Es curioso cómo condiciona el hábito a la hora de crear los personajes. En Teresa estaba atrapada en la rigidez de ese hábito de hace siglos. En cambio, en Perdóname Señor el hábito que lleva Lucía le otorga al personaje libertad y ligereza. Me siento muy a gusto llevándolo.

-¿En qué cree Paz, en qué tiene fe?

-En la inteligencia y en la cordura del hombre. En que seamos capaces de no destruir el planeta ni a nosotros mismos. 

-En esta miniserie, tu personaje, Lucía, se verá en una encrucijada moral clásica: seguir su instinto o sus principios. ¿Qué hay de ti en ella, te reconoces en ese conflicto interior?

-Todos andamos lidiando siempre con él. La eterna batalla entre la razón y el corazón, que hace que tomemos decisiones a veces acertadas y a veces equivocadas, pero así es la vida. Más que duro, yo diría que este trabajo está siendo muy especial. Me gustaría que la gente se enamore como me enamoré yo cuando leí el guion, que vivan con Lucía sus dudas, su angustia, su amor, su dolor. 

-¿Qué verdad nos descubre la ficción de «Perdóname Señor»?

-Todo en esta serie es verdad, empezando por las localizaciones. Una historia y unos personajes que lloran, que sufren, que mienten para sobrevivir, que sudan por el calor, que gritan de dolor por la muerte de un esposo. Estamos trabajando desde la verdad y por la verdad. 

-Con otra Lucía nos dejaste sin palabras. Julio Medem. Formentera como un edén extraño, los agujeros del tiempo. «Lucía y el sexo» te dio el Goya. ¿Qué aprendiste de Lucía, qué te dio, cómo la ves hoy? Si pudieses colarte por un agujero del tiempo y volver a un instante, ¿cuál sería?

-Lucía sigue siendo un personaje muy especial para mí. Son de esos trabajos donde el director, el equipo y los actores están en estado de gracia. Lucía me dio mucho y aún hoy me sigue dando, pero es que yo se lo di todo a Lucía. Me entregué ciegamente en cuerpo y alma. La entendí y ella me entendió a mí. Si pudiera volver atrás... creo que volvería al día en que me monté en el autobús camino de Madrid dejando atrás Sevilla y a mi familia y empezando lo que yo considero mi camino, mi vida. 

 -Dinos que no eres tan perfecta como te vemos...

-Yo soy como soy, con mis luces y con mis sombras, como todo el mundo. La gente tiende a idealizar a sus ídolos, pero eso solo es una imagen creada en la imaginación del público. Es más, creo que para ser un gran artista tiene que haber una parte oscura e imperfecta porque es ahí cuando la magia surge. Ser imperfecto es bueno, te libera y te hace único. 

-Hemos leído que irás a por el cuarto hijo. ¿Cómo lo haces? ¿Cómo compaginas la crianza con el cine, la televisión y una imagen impecable y poderosa?

-Esto es puro machismo. ¿Por qué no le hacen esta pregunta a los hombres que tienen hijos y trabajan? Con este tipo de discurso, se da por hecho que la crianza es cosa de la mujer. Y no estoy de acuerdo... 

-No vayas a pensar que aquí no le preguntamos sobre conciliación a los actores. Hace poco, a Eduardo Noriega. Y se explayó. ¿En qué te ha cambiado a ti la maternidad? ¿Sientes que te ha hecho alguien diferente?

-Ser madre me ha enseñado lo fuerte y lo valiente que puedo llegar a ser. Por mis hijos sería capaz de cualquier cosa, y esto solo lo sientes cuando eres madre... o padre. 

-Dices que no cambiarías a tu marido, Orson Salazar, por nadie. Con la prueba de fuego que es para las parejas la paternidad. ¿Cuál es el secreto de un matrimonio feliz?

-No hay ningún secreto. Solo se trata de cruzarte en la vida con la persona adecuada, en el momento justo. Nosotros tuvimos esa suerte. Nos cruzamos y nos enamoramos. Tenemos un proyecto de vida maravilloso por el que lucharemos siempre y llegaremos juntos a nuestras bodas de oro, ¡lo sé! 

-La vida te sonríe y tú le ayudas. Pero quizá no es todo el camino de rosas. ¿Cuál ha sido tu trabajo más duro como actriz?

-No concibo trabajar mis personajes como algo duro. A veces me enfrento a retos como trabajar en otro idioma o tener que aprender una disciplina porque lo requiere el personaje. Pero eso es parte del trabajo y todos han requerido de esto en mayor o menor medida. 

-Teresa de Ávila, Carmen, Maria Callas. Has sido varias mujeres grandes, intensas, imprescindibles. ¿En cuál de ellas hay más de ti?

-Pues... un poco en todas. Me veo reflejada en su fortaleza, en su determinación. Son mujeres que admiro y cuyas vidas, reales o ficticias, han sido motivo de inspiración para mí. 

-Hemos leído sobre ti que, aunque siempre tienes los pies en la tierra, crees en tus impulsos, en las primeras impresiones. Yo dudo de los juicios precipitados. ¿Qué certezas ha ido barriendo o cuestionando tu vida?

-Las verdades absolutas no existen. No hay que aferrarse a creencias y tradiciones que nos han sido impuestas. Hay que ser flexible, hay que ser «agua» e ir adaptándose a lo que la vida, la experiencia y la propia lógica te va dictando... Y así irás haciendo tu camino, único, propio e irrepetible. 

-Sigamos tu camino, que conduce al Sur. En una ocasión dijiste que al tomar tierra en Barajas y escuchar a un taxista madrileño te sientes ya en casa. ¿Cuál es tu hogar?

-Mi hogar es donde están mis hijos y mi esposo. Ahora es Barbate, pues estamos rodando allí. Pero hace tres meses era Los Ángeles. Mi familia es mi hogar. 

-Te defines como madre, actriz y esposa amante. En ese orden, ¿o el orden de los factores no altera el valor de la suma?

-El orden no importa. Soy una mujer que me siento realizada en lo personal y en lo profesional. He trabajado mucho para conseguir todo lo que tengo, y no me refiero a lo material. Soy una persona en paz conmigo misma y agradecida con la vida. 

-¿Qué le pides a la vida?, ¿y a este oficio con el que entraste en nuestras casas?

-A la vida le pido salud y a mi trabajo le pido que me siga regalando la oportunidad de hacer personajes distintos en proyectos especiales. Solo quiero seguir aprendiendo y empujando mis límites. Porque de eso se trata, de seguir evolucionando, y de que cuando llegue el final, sientas que has dado lo mejor de ti, lo máximo que podías dar. 

-Estudiaste en el Instituto Gustavo Adolfo Bécquer. ¿Te van más la poesía o las leyendas?

-Las leyendas, ¡sin duda! Las historias llenas de intriga, de tramas sorprendentes, de personajes inspiradores. Pero una aclaración: solo estudié en el Bécquer un año. Donde cursé todo mis estudios fue en el colegio Santa Ana... 

-Contigo tocamos el cielo. En el cine. ¡Y en Instagram!... donde te seguimos por las calles de La Habana o hasta un rincón de Barbate que puede devolvernos a esos días azules, a ese sol de la infancia. El Parque de La Breña y marismas del Barbate, el faro de Trafalgar y el monte de Los Alemanes son algunas de las localizaciones naturales donde se rueda «Perdóname Señor». ¿Qué ha supuesto rodar en casa?

-¡Está siendo un grandísimo privilegio para todos! No solo es maravilloso para la serie, sino que todo el equipo que participa estamos disfrutando de este lugar mágico, de sus playas, de su comida y de sus gentes. 

-Vemos ese mensaje en foto en tu cuenta de Instragram: «Why stop dreaming when you wake up?». ¿Con qué sueñas... despierta?

-Sueño con que un día abriré un periódico y que la palabra «guerra» no esté escrita. El día que eso pase, algo habrá cambiado para bien. He trabajado mucho para conseguir lo que tengo, y no me refiero a lo material. Estoy en paz conmigo.

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