Carta a Cañizares


Reverendísimo señor Cañizares, cardenal arzobispo de Valencia:

Desconozco los motivos profundos por los que la organización religiosa a la que pertenece lo mantiene en su cargo, pero supongo que si le consienten posicionarse cada semana en un punto tan extravagante de la realidad es porque comparten su particular manera de entender la vida.

Su última boutade es una invitación a incumplir la ley. Debe saber que no es usted muy original porque hace unos meses fue la alcaldesa de Barcelona a quien la tensión del estreno empujó a anunciar que desobedecerían todas las normas que les pareciesen injustas. El problema, con Ada Colau y con usted, está en saber quién determina que una ley es injusta. Usted podría haber olfateado las partes más ilícitas de un sistema que, como dijo el presidente del Supremo, está más pensado para el robagallinas que para el gran defraudador, pero no, a usted justo ese arrebato antisistema le ha salido contra las mujeres. Un clásico.

Se ha atrevido a proclamar que las leyes de igualdad de género constituyen «la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia» y lo ha hecho con la misma parsimonia criminal con la que hace unos días prendía la hoguera contra el «imperio gay».

La realidad, que es un embudo en el que confluyen las historias que suceden en un determinado espacio temporal, ha querido que esta nueva diarrea episcopal coincida con las «putitas de confianza» que al parecer un constructor enviaba a Francisco Granados contenido últimamente en sus proezas sicalípticas pues durante las vacas gordas llegó a gestionar «volquetes de putas». Así que a la misma hora que la Púnica nos hablaba de putas y políticos, usted, señor Cañizares, insistía en su delirio machista y homófobo. Apuesto a que, a pesar de la gravedad de sus palabras, a pesar de esta apología implícita de un tipo de violencia, cuando estas páginas se lean seguirá en su cargo. Desconozco a qué procedimientos debe recurrir su organización religiosa para cesar a un ministro, pero su continuidad en el cargo y esas epístolas periódicas empiezan a convertirse en material objeto de investigación judicial.

Me permito recordarle, reverendísimo señor Cañizares, que decenas de mujeres mueren cada año asesinadas por el hecho de serlo y que eructos como el suyo solo sirven como combustible para las personas que queman a sus novias, o las acuchillan o directamente las matan a hostias. Me pongo un poco grosera para estar a la altura de sus teorías.

Confieso, señor Cañizares, que me tienen desconcertada. En su último delirio contra el género humano observa una confabulación mundial ?cuánto les gustan las confabulaciones, dios mío? para imponer una serie de leyes «inspiradas en el laicismo» que, según usted, no paran de ganar posiciones entre las nuevas generaciones, lo que según usted, estaría llevando «gradualmente, de forma más o menos consciente pero certera, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso». Fíjese que en esto estoy de acuerdo con usted. Acierta en el diagnóstico pero puede que su fundamentalismo le impida percatarse de que alimenta las causas. Con ministerios como el suyo, la distancia profiláctica de la gente joven hacia «su» hecho religioso solo es un rasgo de inteligencia. Atentamente.

Por Fernanda Tabarés DIRECTORA DE V TELEVISIÓN

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