Amaia Salamanca: «Yo fui una adolescente muy kamikaze»

Detrás de su imagen angelical se esconde una mujer amante de las motos, jugadora de fútbol que lo mismo arregla un enchufe que se sube a un tacón. Fue una joven precoz y rebelde, por eso ahora, recién cumplidos los 30 y con dos hijos, asegura que está tan feliz que le da miedo.

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Da la sensación de que en la vida de Amaia Salamanca todo está planeado para salir perfecto. A los 20 ya triunfaba al lado de Mario Casas y a los 30 está felizmente casada, con dos niños pequeños, y enlazando éxito tras éxito en televisión. Sin embargo (o tal vez por eso), ella no es de trazar caminos, sino que tiene ese instinto deportivo y competitivo de saltar en la vida sin red.

 -Te toca hacer otra vez ahora en «La embajada» de enredona, de mujer fatal, como en «Velvet».

-Sí, es más una mujer que hace lo que sea para conseguir lo que quiere, para vivir bien. No solo en su beneficio, sino el de su marido, Raúl Arévalo. Es un papel más parecido al que hice en Velvet, pero en el de Bárbara se le veía venir. En el caso de Fátima tiene otras artes más sutiles, un estilo más pulido.

 -¿Y a ti se te ve venir?

-A mí se me nota todo muchísimo, yo lo digo siempre. Se me ve en la cara cuando no estoy cómoda, cuando algo no me gusta, o al contrario, cuando soy feliz. En mi vida soy muy poco actriz porque no sé disimular.

 -Pues por tu cara ahora se ve que estás muy feliz. Tanto que has dicho que te da miedo.

-Bueno, sí, a mí me pasa. Te entra eso de que la felicidad no puede durar eternamente, al final como ves que todo te va tan, tan bien dices: «Seguro que va a pasar algo». Obviamente van a ir pasando cosas en la vida, familiares o amistades que se perderán a lo largo del camino. Por eso ahora que estoy en un momento tan dulce, con mi familia, con mis padres y con todo, me entra ese miedo.

 -Pero tú ves el lado bueno...

-Sí, yo soy de vivir el momento y afrontar todo cuando sucede, no soy muy previsora, no me adelanto. Cuando llega llega y tampoco lloro por lo que ha llegado. Pero soy consciente de que la vida es como es y que habrá pérdidas, muertes, que es lo que más me agobia.

 -¿Cuando te ofrecen un reto saltas enseguida?

-Por supuesto. Yo me muevo por retos. A veces te preguntan qué te gusta más el cine, el teatro o la televisión y al final lo único importante es que sea un gran proyecto, un reto.

-¿No luchas contigo misma?

-Siempre procuro pensar en positivo y ver cada reto como una oportunidad para aprender. Lo afronto en el momento, por ejemplo, cuando me ofrecieron hacer de la princesa Letizia dije “pues claro”, pero luego sabía que iba a ser muy criticado, una persona viva, histórica, la futura reina. Pero no pensé en todo lo que iba a suceder. Yo dije sí. Y luego ya vi dónde estaba metida.

 -Así que coges los trenes. Da igual que estés embarazada, que acabes de parir...

-Sí, sí. Por supuesto, por supuesto, para mí fue un placer seguir trabajando embarazada. Porque luego también me daba miedo descolgarme. Para una mujer siempre es más complicado por los niños, pero si me llega la oportunidad de trabajar fuera valoraría las opciones.

 -¿Eres una hipermadre? ¿O dejas que se caigan y tropiecen por sí mismos?

-No lo sé, me imagino que los educas como te han educado a ti. Mis padres fueron de llevarnos siempre a todas partes, a la nieve, al desierto, muy todoterreno y yo soy así. Fíjate que yo me acuerdo mucho de mi infancia y de mi adolescencia, la echo mucho de menos. De hecho, no sé por qué sueño mucho con el colegio y mis compañeros. De verdad, se lo cuento a mis amigas y se ríen de mí. Sueño que salimos al recreo o que pierdo la ruta del cole... lo echo de menos.

-¿Fuiste una adolescente rebelde?

-Sí, sí. Que se lo digan a mi madre. Yo ahora tengo mucho miedo con mis niños, porque a mi madre se lo hice pasar muy mal. Fui muy kamikaze. A la hora de desobedecer, de salir, fui siempre muy adelantada a mi edad. Siempre muy precoz. Por eso ahora, a los 30, digo que estoy sufriendo la crisis de los 40, porque pienso: «¿Qué me queda por hacer?».

 -¿Tenemos una imagen equivocada de ti? Porque a veces lo que llega es un tanto pija, una familia impecable.

-[Ja, ja] Todos somos iguales. Yo me sigo moviendo con mis amistades de siempre, mi familia, ellos me conocen desde hace muchos años y ven que no ha cambiado nada. Yo lo único que lucho es por la privacidad de mi familia. No quiero que se focalice en ellos.

 -No has dejado de trabajar, pero tienes una figura estupenda después de dar a luz.

-Sí, me lo he currado, pero no hago nada diferente a las demás madres, muchas trabajan muchísimo más que yo, pero además yo tengo la suerte de que cuento con ayuda. Y el deporte es que siempre me ha gustado mucho, ya desde pequeña competía. Luego cada uno tiene sus truquitos para vestir, no es oro todo lo que reluce.

 -Siempre vas muy bien vestida. ¿Te dejas aconsejar por alguien?

-En el día a día soy yo la que elige, voy muy cómoda y a gusto. Ahora es difícil que me ponga un tacón a diario, antes sí, pero para ir al parque e ir detrás de los niños y eso voy de zapatillas. Para las galas me ayudan Beth Showroom, pero la última decisión la tomo yo. Nunca me pondría algo que no me favoreciese.

 -¿Y de dónde te sale ese lado manitas de arreglar enchufes?

-Es verdad que tengo un lado masculino, a mí me gustan las motos, el deporte, pero sin perder la feminidad. Es verdad que se puede tener las dos caras, me gusta el fútbol, me gusta practicarlo. He jugado mucho tiempo, ahora no, pero si hay un partido, yo encantada... De pequeña ya pedía esos regalos de bombillas y cables más que muñecas.

 -¿Con dos niños, has cerrado definitivamente la puerta a la maternidad?

-No sé... creo que todavía no la he cerrado.

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