¡Arriba esas copas (menstruales)!


Observa Primo Levi en Si esto es un hombre que cuando alguien se enfrenta a la brutalidad sofisticada de un campo de concentración se produce una ruptura entre la carne y la conciencia. «Mi cuerpo ya no es mi cuerpo», sentencia el italiano para resumir un proceso de disociación que también confiesan otras personas llevadas al límite, por ejemplo, mientras son torturadas.

El cuerpo es, por tanto, mucho más que un sistema de órganos, humores y huesos organizados por la evolución. En el año 1989, la artista conceptual estadounidense Barbara Kruger desarrolla un eslogan que se ha convertido en una vindicación feminista que el tiempo no ha hecho más que consolidar: tu cuerpo es un campo de batalla. Sobre él, debajo de él, encima de él, detrás de él, en torno a él... la sociedad ha ido librando luchas. Unas veces han sido contiendas a cielo abierto y otras sutiles guerrillas, pero el cuerpo de la mujer ha sido violado, maltratado, cosificado, despreciado, torturado desde siempre y hasta hoy, por mucho que esto a algunos les suene a coñazo hembrista de las pesadas y amargadas (y feas) de siempre que seguro que no están siendo convenientemente atendidas en ya sabemos qué parte.

La última agresión a esa estructura biológica ha venido de parte de las CUP. Una moción de esta formación catalana presentada en el Ayuntamiento de Manresa propuso hace unos días que los servicios públicos promovieran el uso de copas menstruales y esponjas vaginales para las mujeres en lugar de los modernos tampones de celulosa de usar y tirar con los que hoy se acomete el ciclo menstrual. La justificación es una mezcla de ecologismo y anticapitalismo de primer curso que convierte el útero de las mujeres que usan támpax en una especie de repositorio por el que se está introduciendo el ultraliberalismo salvaje. Recurrir a estos artefactos que facilitan la higiene íntima y evitan el engorro con el que nuestras abuelas tenían que lavar a diario sus compresas de tela parece ser para las CUP un acto de irresponsabilidad política que nos enviará al infierno de la modernidad mientras el mundo que ellos imaginan progresa. Una vez más, los genitales de la mujer expuestos en lugar público con gente diversa opinando sobre ellos.

Si por si acaso todavía no conocen el sistema de las copas menstruales y las esponjas vaginales sepan que el principal argumento para su uso es que son reciclables y de uso continuo. Se lavan y se vuelven a utilizar. Una opción que cada mujer debe valorar sin que, digo yo, se necesite ninguna moción política que introduzca ideología en el asunto.

Lo cierto es que la llamativa propuesta de las CUP coincide con un tipo de neofeminismo sobre el que deberíamos reflexionar y que, por ejemplo, propone la vuelta a los pañales de gasa también para fastidiar a las multinacionales del papel. Un propósito encomiable que puede acabar afrontando en solitario una mujer mientras escurre las cagarrutas de su hija y frota que frota el pañal, suponemos que sin detergente para no promocionar a las multinacionales del jabón.

Solo una reflexión. Coincidiendo con la ofensiva pro-copas vaginales, en el principal buscador de Internet aparecen ya estupendamente posicionadas empresas que venden este tipo de productos. Supongo que también serán malvadas empresas capitalistas.

Por Fernanda Tabarés DIRECTORA DE V TELEVISIÓN

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