Las madres tienen el poder

A. Abelenda / T. Taboada / Y. García

YES

PACO RODRÍGUEZ

Esto es lo que tiene la superwoman de hoy: hijos. Menos de 45 años, una carrera de éxito y el peso económico en casa. Ellas compaginan familia y trabajo. Y no quieren renunciar a nada. «Somos unas privilegiadas», aseguran

12 mar 2016 . Actualizado a las 17:46 h.

Quién pone en duda el poder de las madres para cambiar el mundo. Entonces, por qué son pocas las que alcanzan el éxito profesional. ¿Pueden con hijos a cargo? Parece que a día de hoy es solo un privilegio de la madre Alfa, etiqueta que se ha puesto a un nuevo modelo social que ha descrito la firma MyWord. ¿Existe o no la madraza que triunfa fuera del hogar? Este es su retrato robot: mujer de entre 35 y 49 años, con formación superior, hijos pequeños y una carrera profesional en ascenso que se traduce en un nivel de ingresos sustancial, igual o superior al de su pareja. La superwoman de hoy, con toda una realidad de matices, tiene una gran diferencia respecto a la de los ochenta y noventa: hijos. Hijos visibles, que crecen y pintan paredes y papeles del trabajo, a veces lloran a gritos cuando uno descuelga el teléfono, interrumpen reuniones «importantes» y cambian, allá donde pueden, formas de pensar y trabajar. La madre Alfa, al menos la mujer de carne y hueso que encaja en el perfil, no asume que familia y trabajo son incompatibles. Pero hay muchas asperezas que limar en esa relación vital en la cuerda floja.

Suplantando al más dotado de la especie, con reventón en Wall Street, ha llegado esta mujer; la que lleva, con días mejores y peores pero en general con buena cara la maternidad, la organización de una casa y una carrera profesional a la que siente que no puede renunciar. ¿Querrían, lo harían, renunciarían a su trabajo para dedicarse en exclusiva a la crianza de sus hijos?

«Lo primero son ellos», afirma Lucía Ardao, madre de dos niños de 9 y 7 años, y directora en Tecnocom. La productora de Vaca Films, Emma Lustres, madre de dos niños de 5 y 8 años, y Mónica Fernández, madre de dos niñas de 6 y 2 y una de las profesionales al frente de Naos Arquitectura, se atreven a abrir la caja de Pandora. ¿Liberamos la esperanza de una vez? «Yo no renunciaría a mi trabajo porque no renunciaría a mi independencia. Y concilio, pero porque puedo. Soy una privilegiada», dice Emma sin miedo al peso de sus palabras.