Lois Pérez Leira: «No se puede entender cómo no hay un gran museo de la emigración en Vigo»
VIGO CIUDAD
El documentalista y activista dice que «solo la fortuna hizo que yo no fuera uno de los desaparecidos en Argentina»
13 ene 2026 . Actualizado a las 00:46 h.«En Argentina tengo morriña y en Galicia, nostalgia». Lois Pérez Leira (Vigo, 1953) es emigrante por trayectoria vital y por convicción personal. Por haber partido desde los muelles vigueses hacia Buenos Aires en uno de aquellos paquebotes en los que embarcó tanta mano de obra gallega escapando de la miseria para echarse en los brazos de un sacrificio eterno e, infinidad de veces, mayor.
Conoció a su padre cuando se convirtió por primera vez en emigrante, cuando recaló con su madre ante el río de la Plata. «Hasta me puse a llorar. Me quiso abrazar y me asusté. Apenas tenía dos años. Nos había mandado los pasajes para que nos reuniésemos allá con él», cuenta manejando el relato, surgiendo sus recuerdos de manera ordenada, como documentalista que es. Documentalista y componedor de la historia de la emigración gallega, escritor y entrevistador, activista y analista internacional, observador electoral en procesos por todo el mundo y, sobre todo, soñador de un escenario en el que las fuerzas políticas de izquierda se unan y dejen atrás su identitaria división.
Pérez Leira, cuando apenas había abandonado la condición de bebé, asistió en su barrio natal de Lavadores a la boda de sus padres, o mejor dicho a la de su madre, y por poderes, con su padre, que ya estaba allá. En Argentina el joven Leira se abriría al mundo político, a aprender a sobrevivir manteniendo una opinión contraria a la de la dictadura militar. «Solo la fortuna hizo que yo no fuera uno de los más de 30.000 desaparecidos», cuenta mientras relata nombres de amigos y hasta el recuerdo imborrable de un amor joven que tampoco ha podido tener descanso en paz. Por ella, por Inés Ollero, regresó a Argentina dos años después de haber hecho por primera vez el camino de vuelta a Vigo, de llegar en el Cabo San Roque y desembarcar con sus melenas porteñas el mismo día en el que el franquismo fusilaba a sus últimas víctimas. Aquel Buenos Aires al que volvió por un querer era también dictatorial, de crímenes detrás de un bigote, añadido capilar que semeja fundamental para mandar sin límites.
«Al final decidimos tomar un poco de distancia los dos, y un día su madre me llama y me pregunta si sé algo de Inés. No había ido a dormir. Me pasé buscándola dos años junto a su padre», un metalúrgico gallego que decidiría que tras ver truncado su sueño de emigración, su único oficio sería «buscar a Inés». La estudiante de Biología de 22 años nunca más apareció, como las miles de personas negadas en Argentina.
La situación llevó a Pérez Leira (Leira de Dios en el registro bautismal hasta que sus padres se casaron) a poner mar de por medio y volver a Vigo. Y probó suerte al otro lado de la barra. Inauguró como trabajador la primera gran hamburguesería de los años 70 en Vigo, el Corner Hut, todavía en la brecha. Lo hizo antes incluso en el Laurel, «uno de los primeros pubs ingleses tradicionales que hubo en España», asegura. Justo antes de empezar él como camarero lo había dejado Xosé Humberto Baena, uno de los fusilados por el franquismo en aquel 1975.
«Allí se juntaba todo tipo de gente de Vigo y fundé el Cosal, el Comité de Solidaridad con América Latina, una de las primeras organizaciones solidarias internacionales a nivel español», dice. De nuevo, la nostalgia venció y regresó a Argentina, donde en poco tiempo conoció a una joven comunista, Graciela Alba, con la que se casó.
«Yo quise ser comunista desde los nueve años. Soy nieto de represaliados. Mi abuela Flora fue encarcelada por la denuncia de una vecina que contó que tenía una bandera comunista y bombas en casa. Estuvo dos años en la cárcel de la calle del Príncipe, que no entiendo cómo no hay allí una placa en recuerdo de tantos vigueses que sufrieron dentro la enorme y brutal represión. Luego la llevaron cinco años al mayor campo de concentración de España, el del convento de Saturrarán. Mi abuelo, dirigente del gremio de conservas, pasó año y medio escondido en un altillo con las palomas», sigue contando su historia Pérez Leira, un relato propio del libro que por partes ha empezado a dar forma y en el que su militancia de izquierdas la explica como una herencia familiar natural. «Mi militancia empezó con la muerte del Che Guevara», concreta. Conoció a Salvador Allende, a los Kirchner, al papa Bergoglio, al presidente de Honduras Manuel Zelaya... a tantos dirigentes de los que va dando cuenta con fotos y detalles, muchos desde la Internacional Antiimperialista de los Pueblos, de la que es secretario ejecutivo. «El imperialismo donde ha estado siempre lo ha destruido todo», proclama.
Y aunque la política es su pasión —llegó a optar a la alcaldía de Vigo desde otro intento fallido de confluencia de la izquierda—, Lois Pérez Leira acaba hablando siempre de emigración. «No se puede entender cómo no hay un gran museo de la emigración en Vigo», lamenta, aunque sin perder la esperanza. Lo concibe como un gran centro de estudios y búsqueda del rastro de emigrados, como un reconocimiento vivo de un pasado que marcó a Galicia. «Mi sueño es que se hiciera en la estación marítima», de donde salieron miles y miles de gallegos, como el propio Pérez Leira, un hombre orquesta del activismo, de la actividad en defensa de la conservación de la memoria colectiva. «Me crié en un momento de mucha utopía. No la pierdo».