1979: La electrificación de la vía abre paso al Talgo

En junio de 1979, el ministro de Transportes anunció la modernización de la línea férrea en el sur de Galicia, paso previo imprescindible para que al año siguiente llegara el nuevo tren


vigo / la voz

El AVE fue al Gobierno de Felipe González lo que el Talgo para el franquista, un canto a la modernización de las comunicaciones internas. Sin embargo, Galicia ha estado siempre tan abandonada y alejada de los centros de decisión españoles que el segundo tren llegó a estas tierras treinta años más tarde que en la mayoría del país. Ni siquiera vivía ya Franco. Algo que también puede dar pistas sobre los plazos del AVE que nos esperan.

El Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol (Talgo) empezó a construirse en los años cuarenta, pero no fue hasta junio de 1979 cuando un ministro de Transportes anunciaba la realización del paso previo para la llegada de este ferrocarril. Fue en una comisión del Congreso donde Salvador Sánchez-Terán adelantó a los diputados que se iniciaría en breve la electrificación de la línea férrea Madrid-Vigo.

Mientras tanto, en Vigo, los empresarios, a través de la Cámara de Comercio, relacionaban las dificultades económicas de la zona con la escasez de infraestructuras, especialmente de comunicación con Madrid. Sin embargo, las obras de acondicionamiento de la línea fueron relativamente rápidas, aunque no tanto con respecto a la línea Madrid-A Coruña, que consiguió abrirse para el Talgo algo antes que para el sur de Galicia. Al mismo tiempo que se vendían ya billetes para realizar el desplazamiento entre la ciudad herculina y la capital de España, se anunciaba la fecha de llegada del Talgo a Vigo: el 28 de septiembre de 1980.

Se decía en ese momento que el recorrido se reduciría en casi una hora, quedando en algo más de nueve horas de viaje. También se adelantaba que desde Madrid hasta Ourense habría una sola unidad del Talgo, y que a partir de la capital ourensana se desdoblaría hacia A Coruña y Vigo.

Durante todo el verano de 1980, el Talgo llegó a Ourense y optó por dirigirse hacia A Coruña, olvidándose de proseguir hacia el oeste. Mientras se ultimaban las obras en la línea férrea y en la estación viguesa, aún con el mismo aspecto que un siglo antes. Decían los miembros de una delegación de Renfe, que había visitado Vigo días antes del estreno, que se habían invertido cuarenta millones de pesetas en la remodelación del vestíbulo, cafetería y otros elementos de paso. José Luis Vila, director de zona de Renfe, decía: «Las unidades eléctricas que emplearemos en las zonas electrificadas de Galicia serán muy modernas, semejantes a las que ya están circulando en Asturias y Madrid, lo que hará que se mejore la velocidad, el confort y la regularidad», decía el responsable de Renfe.

En un alarde de optimismo, o quizá de política-ficción, el Ejecutivo decía aquel día en La Voz de Galicia que el plan de Renfe era que las mayores distancias desde Madrid en trenes diurnos no rebasasen nunca las seis horas. Y aún se espera el cumplimiento de aquellas buenas intenciones.

Así, y con treinta años de retraso, el 29 de septiembre de 1980 llegaba a la estación de Urzaiz el primer Talgo. Eran los que se llamaban Talgo 3, una versión mejorada del modelo de los años sesenta.

El tren salía de la estación viguesa a las 12.45 horas, para llegar a la estación madrileña de Príncipe Pío a las 21.38 horas.

La historia de las conexiones ferroviarias del sur de Galicia con la Meseta es la crónica de un destiempo. De hecho, hasta mediados de los años cincuenta del pasado siglo, casi un siglo después de su apertura, la línea férrea no salía de forma directa a través de Ourense. Se desviaba por Monforte, que ejercía como nudo de las comunicaciones con el exterior. Incluso, anteriormente, a finales del siglo XIX, los habitantes de la provincia de Pontevedra iban a Madrid en tren de una manera más rápida si lo hacían por Lisboa.

En 1981, un año después de la llegada del Talgo a Vigo, se introdujeron algunas mejoras con el cambio de la máquina propulsora del tren, lo que le valió a Renfe para hinchar pecho. «Bueno, la verdad es que ahora, con el nuevo servicio de Talgo pendular todos son ganancias para el viajero. En tiempo, por ejemplo: casi media hora menos en cada trayecto. Y en espacio, porque el Talgo pendular tiene más plazas. Y mayor confort. Con música ambiental, megafonía y servicio de restaurante. Y una suspensión de sueño: como si fuera por el aire, pero sobre raíles. Una auténtica delicia. Lo dicho: que es mejor ir a Madrid, en el Talgo Pendular. ¿No cree?», decía la publicidad de Renfe para promocionar el nuevo servicio.

La inauguración de la modernizada estación de Vigo, en 1987, supuso también cambios importantes en los modelos de máquinas empleados para la línea de ferrocarril con Madrid porque la electrificación se extendió plenamente a todo el recorrido. Y en años posteriores se añadieron otras mejoras importantes. Sin embargo, la principal, la llegada del AVE, es un tema ya casi enquistado que solo sirve de momento como enganche electoral y poco más.

El Talgo llegó con treinta años de retraso y el AVE ya acumula 27 respecto a la primera línea que se abrió en España.

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