Vigo recupera la taberna Eligio

El negocio centenario del centro de la ciudad reabre con la misma esencia, de la mano de un conocido hostelero y amigo de la familia


vigo / la voz

El inspector Leo Caldas podrá volver a las andadas con permiso de Domingo Villar. Desde que hace cuatro años echó el cerrojo la taberna Eligio, el sabueso se sentía huérfano de vino y cháchara, igual que tantos otros vigueses para los que este histórico lugar era como su casa. Es el vigués Leopoldo Celard, conocido hostelero de la ciudad y una persona de confianza de la familia, quien ha conseguido alquilar el negocio después de múltiples ofertas rechazadas. La taberna conservará la esencia iniciada por su creador, Eligio, y continuada por su yerno Carlos Álvarez, fallecido en agosto del 2017.

Detrás de la reapertura hay una historia no menos emotiva. Está la promesa hecha por Leopoldo (Leo para los conocidos) a su amigo José Barca, un abogado de Vigo muy estimado y fallecido hace un año.

«Era un proyecto de José Barca, él deseaba que se volviese a abrir al público y quería que yo fuese la opción, era como mi hermano mayor. La pena es que no lo llegue a ver. Lo único que me satisface es que la última conversación que mantuvimos antes de morir fue sobre la taberna. Le dije que estaba decidido y se quedó muy contento», comenta el nuevo responsable del local. Recuerda cuando Carlos, antes de jubilarse, bromeaba con la cantidad de ofertas que recibía para arrendarlo y decía que iba a sacar una subasta y a elegir la mejor propuesta. Al comentarle su interés, se lo pensaba y decía: «Bueno, entonces eso es distinto».

La familia de Eligio no estaba por alquilar la taberna a cualquiera ante el riesgo de que llegara arrasando y llevándose la tradición por delante. «Siempre quisieron que se respetara el legado e intentaré hacerlo lo mejor posible. Mantendré el espíritu, el nombre y las obras de arte. Trabajaré la cocina tradicional típica, lo que quería Carlos. Solo se ha hecho un lavado de cara, respetando el espacio y sin romper la esencia», indica Leopoldo, quien espera jubilarse en el Eligio si todo va bien. Confía en recuperar la clientela fija, ese grupo de amigos incondicionales que tomaba las chiquitas con Carlos. Incluso, una vez cerrado el negocio, se reunían a mediodía para contarse sus cuitas. «Hay mucha gente que espera la reapertura. Confío en que dándole cariño y tratándola bien la recupere. Algunos jóvenes me cuentan que venían con sus abuelos o sus padres. Hay mucho sentimentalismo», apunta.

Su experiencia en la hostelería la avalan años al frente del Metropol, una cervecería del Areal, de esas de toda la vida y testigo de la movida, que en principio atendía con su hermano Toti, ya fallecido.

Si consigue que todo esté a punto, la reapertura de la taberna Eligio está prevista para hoy, aunque la idea es que sea un acto para los más allegados y posponer la apertura al público para dentro de unos días. El horario previsto es de 12.00 horas hasta después de comer y de 19.00 a 23.00 o 23.30. La idea es ofrecer comidas e incluso poner plato del día, aunque la oferta se irá viendo en función de la capacidad de la cocina.

El Eligio, como se le conoce popularmente, es todo un referente para muchas generaciones de Vigo. El propio escritor Domingo Villar acompañaba hace casi un cuarto de siglo a su tío Cesáreo a tomar un vino.

«Con 16 o 17 años íbamos por allí y veíamos escritores, poetas y, sobre todo, pintores. Entonces nos parecían mayores, gente antigua. Nos reuníamos en una salita de la parte de arriba de la casa con Eligio hijo, e interpretábamos a Brassens, Brell, Paco Ibáñez... La madre de Eligio, Elvira, nos hacía unas croquetas buenísimas«, comenta Víctor Canda, buen conocedor de los pormenores de la casa.

Y es que en sus largos años de vida la taberna fue frecuentada por personajes de la talla de Cunqueiro, Celso Emilio Ferreiro, Blanco Amor, Laxeiro, Maside, Lodeiro y Lugrís.

En esta nueva etapa no solo se mantendrán las pinturas que colgaban de los muros de piedra, sino que se expondrán recuerdos de otras personas que pasaron por allí.

La historia del establecimiento se remonta a 1905. Entonces se dedicaba a guardar carruajes y no fue hasta 1920 cuando el ourensano Eligio González abrió la taberna en la misma ubicación actual, una pequeña callejuela detrás de la calle del Príncipe y próxima a la Porta do Sol. Fue al fallecer el fundador, a mediados de los años ochenta, cuando se hizo cargo del negocio Carlos, animado por su mujer, Auxi. En un reportaje publicado en este diario recordaba que aquellos eran otros tiempos muy diferentes a los actuales, en los que se reunían grupos del Partido Comunista y la derecha sin ningún problema, incluso se llevaban bien.

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