Nuestras islas


Con título de la Unesco o sin él, las islas Cíes son patrimonio de la Humanidad. Y no sólo por su riqueza natural, que admiran miles de visitantes cada año. También por su historia. Porque aquí recaló el vikingo Olaf Haraldson, posteriormente canonizado como San Olaf. También pisó su arena Francis Drake, corsario y navegante que visitó nuestra ría en dos ocasiones.

Las Cíes eran las «Islas de los Dioses» que menciona el historiador griego Estrabón. Aunque no son las Casitérides donde los fenicios buscaban estaño y que aparecen en las crónicas de Plinio El Viejo.

En las islas Cíes hubo un monasterio en la Edad Media. Y a su abrigo han recalado, a lo largo de toda la historia, flotas de guerra de todo el mundo. También las de los piratas berberiscos que arrasaron la ría de Vigo en 1617, hace ahora 500 años.

Julio Verne, siguiendo a Platón, situó la Atlántida enfrente de las Cíes. Por si les faltaba algo legendario para que tengan fama mundial. Y son ellas las que guardan la ría que rimaron los trovadores medievales, como Martín Códax, que cantó a las Ondas do mar de Vigo en el siglo XIII. ¡Para que digan que Vigo no tiene historia! ¿Qué ciudad tiene versos con su nombre escritos hace ocho siglos?

Decía Álvaro Cunqueiro que, en los días brumosos, las islas que cierran la ría «parecen de una saga nórdica». El de Mondoñedo las veía un territorio de Odín, desde donde el dios escandinavo controlaba los nueve mundos. Y algo divino debe haber en esta parroquia insular de Vigo.

Hace unos días, recordábamos como Albert Einstein dejó escrita su emoción al contemplar la puesta de Sol sobre las Cíes.

Porque son únicas y esto es casi una verdad científica.

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