Una gallina que habita en el corral de una vivienda del centro urbano de la villa puso la semana pasada un huevo gigante que ha asombrado a los vecinos
21 feb 2008 . Actualizado a las 11:23 h.Un matrimonio de Baiona todavía no ha salido de su asombro después de que una de sus gallinas haya puesto un huevo gigante que casi no cabe en una mano.
La descomunal pieza pesa 135 gramos y tiene un volumen cuatro veces mayor que uno normal. Jesús Carneiro Freire y Pilar Miniño Paz lo guardan desde hace una semana en la nevera pero no tardarán en consumirlo antes de que se llegue a estropear.
El caso parece propio de una zona rural del municipio, pero lo sorprendente es que el curioso huevo vio la luz en pleno centro urbano de la villa.
La pareja mantiene desde siempre un corral en la finca interior de su vivienda de la calle Ciudad de Vigo, en un resquicio de esa Baiona antigua que ha quedado atrapada de muros hacia adentro, entre los modernos edificios que han acabado con el paisaje marinero.
Jesús Carneiro es quien se encarga de cuidar a las aves cada día. Lo hace por afición y las alimenta con mimo para que crezcan sanas. Un hermoso gallo hace también que las titas vivan felices y se sientan protegidas.
Comida de verdad
«Les doy comida de verdad, nada de piensos, por eso están así de hermosas», afirma este marinero retirado. «Corta las barras de pan primero en rodajitas y luego en trozos más pequeños», apunta su mujer, que reconoce que además son unos animales muy limpios.
Con un corral en casa, están acostumbrados a comer siempre huevos caseros y a regalarlos, pero nunca podían imaginar que iban a recolectar una pieza tan magnífica.
Jesús se llevó una enorme sorpresa cuando encontró la semana pasada el huevo reluciente en el corral. Más que de gallina, parecía de avestruz, era como verlo con lupa.
«Lo primero que pensé es que era cosa de otro mundo, porque nunca en mi vida vi nada igual», reconoce. Cuál de las siete gallinas que viven en el corral ha sido la responsable de este prodigio de la naturaleza continúa siendo un misterio para ellos. «Ha tenido que ser una de las pardas, porque es de color castaño», señala Pilar.
Al huevo le queda ya poco tiempo de existencia, puesto que no tardará en pasar por la cocina. La cáscara acabará en el cubo de la basura, porque, a pesar de su tamaño, ni a Pilar ni a Jesús les interesa guardarla como recuerdo. Si la gallina está en racha, piensan que a lo mejor puede que no sea su último obsequio de estas características.
Lo más probable es que su contenido sea uno de los ingredientes de una buena tortilla de patatas, aunque también podría acabar convertido en un delicioso producto de repostería, que a Pilar Miniño tampoco se le dan nada mal.