Fin de semana en el «híper»

E. V. Pita VIGO

VIGO CIUDAD

CAPOTILLO

Jonhny Petruchi, La Patiño, El Cobra o «Claude Van Damme» están considerados como expertos en sofisticados hurtos en las estanterías de las grandes superficies

24 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Un cliente acude el lunes a la caja de reclamaciones de un hipermercado de Vigo. Su cartera de piel tiene un defecto -un pequeño agujero- y quiere cambiarla porque es para regalo. La dependienta va a iniciar la operación pero se percata de que el usuario no presenta el tique de compra. En ese momento, irrumpen dos guardas de seguridad. «¡Por favor, acompáñenos!», le dicen al cliente. Lo que sospechaban. Se trata de un viejo conocido de la casa. Los vigilantes habían seguido con las cámaras de circuito cerrado al sospechoso, quien tomó una cartera de piel de las estanterías y, con unas tijeras, recortó el área de la alarma. Quería dar el cambiazo. El asaltante fue reconocido como la misma persona que el anterior sábado salió del establecimiento con dos corbatas y una cazadora de piel inutilizadas para la venta. Los vigilantes descubrieron que las prendas estaban recortadas a jirones con unas tijeras alrededor de la alarma antirrobos, una chincheta negra que pita. El daño causado a las prendas ascendió a 234 euros y su valor total no alcanzaba los 300. El acusado de hurto fue citado para presentarse a dos juicios rápidos por faltas al día siguiente pero no compareció. En su ausencia, el fiscal pidió para él un arresto de seis fines de semana. Condenas Otro delincuente rompió el dispositivo de seguridad de una cazadora valorada en 160 euros, se la enfundó y salió del centro por los detectores de la caja sin que pitase la alarma. El fiscal pidió un arresto de cuatro fines de semana y la restitución del valor de la prenda. Otras veces, las condenas son más leves. Un acusado de robar un objeto en un establecimiento por valor de 12,1 euros fue condenado a un mes de multa a razón de seis euros diarios (180 euros). El juicio se resolvió en tres minutos y el acusado tampoco compareció. En una tienda de ropa, los vigilantes sorprendieron a una mujer que salía por la puerta con un pantalón de 29 euros que había cambiado en el probador. La multa ascendió a 90 euros. Y en un establecimiento de juguetes, una pareja huyó con un pijama, percha incluida, doblado bajo la cazadora. Como siempre, evitaron el trámite de la caja registradora. Una empleada había visto a la pareja en actitud sospechosa en las estanterías, les siguió y alertó a los policías locales. El botín ascendía a unas ropas de muñecos, un jersey de punto y cuatro pijamas. El fiscal pidió tres fines de semana de arresto y la devolución de las prendas. En general, son condenas leves. Pero aún así, la dificultad es ejecutar estas penas porque los delincuentes procuran estar ilocalizables.