«Ir a hacer la compra me daba pánico»

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

PONTEAREAS

XOAN CARLOS GIL

Personas que sufren fobia social se unen en una asociación para dar a conocer la enfermedad y superar sus miedos

25 abr 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Tony Lost es algo más que un seudónimo en Internet. Es un apodo que oculta la identidad de un hombre de Ponteareas que, como dice, llegó a desconfiar de las personas porque «había perdido la autoestima y el exterior le parecía un lugar peligroso». Ocurrió hace unos seis años. De repente. Ni se enteró de cómo pudo pasar. «Llevaba una vida más o menos normal, pero con un trabajo estresante. Un día empecé a notar cansancio, falta de ánimo, apatía, insomnio y ansiedad. Todo eso me impedía continuar trabajando de modo normal. Fui al médico, me dio un tratamiento bastante fuerte para superar todo eso. Me recomendaron coger la baja, pero no pude aceptarla porque sabía que, de hacerlo, no me renovarían en el trabajo. Aguanté hasta acabar el contrato y luego poder coger un año sabático», cuenta en una entrevista realizada por correo electrónico, la forma de protegerse.

Grupos de terapia

Aunque ha ido mejorando, todavía no está del todo bien. Le diagnosticaron trastorno de ansiedad social como respuesta a un estado de estrés continuado. No es el único que lo padece en Galicia. Su problema: relacionarse con los demás. Las nuevas tecnologías le han servido de ayuda para dar un primer paso en su recuperación, para volver a relacionarse aunque sea con ese avatar llamado Tony Lost con el que camina en el mundo virtual. Saltar de nuevo a la vida real es otra cosa. Resulta mucho más complicado. La Asociación Española de Ayuda Mutua contra la Fobia Social y Trastornos de Ansiedad (Amtaes) trata de echarles una mano para que puedan reconectar con el mundo.

Con la terapia, Lost ha logrado «controlar los estados de ansiedad y bajar un poco la medicación, pero no he logrado volver al trabajo. «Tengo ingresos mínimos porque estoy en un estado de incapacidad laboral». Y es que durante el año sabático no solo no mejoró. «Empeoré», dice.