Recortes que sí que molan

Una crisis asmática llevó a la sevillana Cris Cantos a aprender la técnica del «papercut», que enseñará en un curso en Vigo. La artista conocida como Un Mundo de Agua lleva once años en Moaña, adonde llegó, felizmente, por error


vigo / la voz

El papercut es una antiquísima técnica que consiste en crear formas y figuras recortando superficies de papel de diferentes gramajes. Esa es la especialidad de Cristina Cantos, una sevillana que en redes se hace llamar Un Mundo de Agua, cuya simpatía se corresponde con el cliché, aunque se aleja de él enseguida, en cuanto confiesa que a ella lo que le gusta son los días grises y lluviosos de la Galicia en que se quedó hace más de una década.

Como recuerda, llegó a Moaña «porque me equivoqué de carretera». Y advierte que, aunque suene a chiste, es la verdad. «Iba con una amiga a Santiago, nos equivocamos en la ruta y llegamos a Vigo. Amaneció un día soleado y despejado, subimos al parque de O Castro, vimos O Morrazo al otro lado y dije: ‘Ahí me voy yo a vivir’. Fue un flechazo», asegura. Al terminar las vacaciones, la joven andaluza regresó a casa para despedirse del trabajo. «Y me vine a la aventura», cuenta.

El idilio con Moaña continúa. «De aquí ya no me voy, he encontrado al fin mi hogar después de deambular mucho por el mundo. Hasta el clima me gusta. A mí los días nublados, esos en los que empieza a llover y no para, me encantan. Me pongo el chubasquero, me voy a la playa con mi perra Nube y soy feliz de la vida, que es algo que nadie entiende siendo yo sevillana», asegura.

Cris Cantos hizo el bachillerato artístico y posteriormente se formó en la Escuela de Arte de Sevilla, pero, como reconoce, no ha tenido oportunidad de desarrollarse laboralmente en un sector tan difícil. Así, la hostelería ha sido su principal ocupación, la que le ha permitido, además, tener la libertad de cambiar de ciudad para trabajar, aunque últimamente el covid no se lo está poniendo fácil al gremio. Ella también lo ha padecido al tener que dejar una cafetería en Cangas que había empezado a llevar con una socia.

Pero Cristina nunca ha dejado atrás su faceta creativa. El papercut también le llegó de rebote, en este caso por un problema de salud. «Soy asmática y durante una crisis que sufrí hace tres años, me dieron una medicación que me provocaba muchos temblores, por eso empecé a practicar esta técnica, para intentar centrar un poco el pulso», relata. Poco a poco, siguió practicando esta disciplina y ahora invierte casi todo su tiempo en ella. «Me encanta, me pongo mis cascos, mi musiquita, y me relajo», afirma añadiendo que su proyecto inmediato es activar una tienda online. Por ahora le hacen encargos poniéndose en contacto con ella a través de Instagram o Facebook.

Una vez superado el proceso de aprender, la sevillana se lanza «contenta y nerviosa» con el de enseñar. El mes que viene, el sábado, 13 de marzo, impartirá un taller en el centro de formación Alga (Ronda de Don Bosco, 37).

La creadora asegura que para iniciarse no es necesario tener conocimientos de dibujo. «Lo más importante es tener curiosidad y paciencia. Con eso se pueden hacer verdaderas preciosuras», afirma. Para empezar a hacer las maravillas que llegan a salir de sus manos recortando papel se necesita poco material y muy asequible: folios o cartulinas, y un cúter. Después, a seguir practicando. 

Entre el mar, la piel y el cine

El mar es una constante en el paisaje cotidiano y en el trabajo artístico de Cris, que por eso eligió como nombre artístico Un Mundo de Agua. A sus dibujos les pone el fondo atlántico que se ve desde la ventana de su casa, pero además, muchas de las figuras que crea son de inspiración marina, como la cola de una ballena, medusas o delfines. Entre sus favoritas destaca una que recrea sobre un grabado de Ainoa Riesco que representa a una pareja abrazándose porque «el erotismo y la piel son temas que también me interesan, y el cine», añade. En este apartado recrea escenas de películas como Joker, El resplandor, La naranja mecánica o las de Tim Burton. El materia que suele usar es cartulina, «ni muy endeble ni demasiado rígida», y además de crear figuras planas que como mejor se aprecia su dinamismo en un marco es con doble cristal, hace esculturas en papel que no descarta enseñar en Alga si amplían los cursos, dependiendo de su acogida.

Aunque su doctora le haya dicho que el asma y el clima gallego no se llevan bien y va a necesitar regularmente medicación para sobrellevarlo, ella lo tiene claro. «Yo ya le digo: tú extiéndeme la recetiña, que ya me apaño como sea».

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