«Daphne», una amiga viguesa muy discreta

Antón Lois VIGO / LA VOZ

BAIONA

Esta peculiar planta se puede ver en las islas Cíes. Es venenosa, pero sirve para ahuyentar parásitos

04 jul 2016 . Actualizado a las 10:23 h.

 Hay plantas tan llamativas que es imposible no reparar en su presencia, y otras tan discretas que casi ni se ven. Nuestra amiga es de las segundas. Se llama Daphne gnidium, trovisco o torvisco para las amistades.

Describir una planta que tiene como base de su estrategia vital precisamente pasar desapercibida es complicado. Digamos que es entre pequeñita y mediana, que sus hojas parecen puntas de espada muy abigarradas y siempre verdes y de un tallo común se abren en abanico sus múltiples ramas formando un conjunto compacto y abigarrado. Como descripción no es gran cosa, pero sus flores tampoco son nada espectacular, agrupadas en un racimo de pequeñitas inflorescencias blancas que se mantienen abiertas muy poco tiempo, el imprescindible para que los insectos cumplan su función polinizadora.

Ya hay que estar aburrido para fijarse en ella, pero como antiguamente nuestra especie disfrutaba de cierto tiempo libre, imaginamos que algún día, por aburrimiento, alguien le echó la mano y se quedó enganchado, y seguramente ahí empezó nuestra relación. Sus tallos fibrosos se descubrieron como eficaces elementos para fabricar cuerdas.

El caso es que tras cierto tiempo manipulando sus ramas para cordelería se notaba que las manos comenzaban a irritarse, lo que era un buen indicador de que algo tenía dentro la daphne que no resultaba especialmente saludable. En efecto, que le vamos a hacer, nuestra amiga es venenosa, pero mucho.

Como siempre el veneno es un mecanismo de defensa, y como suele suceder, siempre existe algún espíritu emprendedor que le busca posibles aplicaciones medicinales. En la botica tradicional se utilizaba para secar heridas, pero sobre todo como purgante, aunque sus efectos eran tan drásticos (su toxicidad es muy elevada) que con frecuencia purgaba más de la cuenta y destrozaba el aparato digestivo. Por eso ya no se utiliza y nuevamente les recomendamos encarecidamente que no se les ocurra hacer experimentos caseros.

Otras aplicaciones externas menos agresivas consistían en utilizar sus propiedades insecticidas, porque la sabiduría popular verificaba empíricamente que los bichos no eran especialmente amigos de acercarse al torvisco. Fueron durante siglos (y en algunas zonas rurales se siguen usando) eficaces repelentes de insectos en cuadras y gallineros, llegando incluso a elaborarse collares trenzados que se ponían en el cuello del ganado para ahuyentar parásitos externos, o lo que es lo mismo, con este uso tradicional de nuestras amigas las daphnes nació lo que hoy conocemos como collares antipulgas para nuestras mascotas y de paso los champús antipiojos, que también para eso demostró su utilidad. Pero su resina tóxica tenía otras aplicaciones menos amables, como verterla en las pozas de los ríos para asfixiar a las truchas y capturarlas a mano. Determinadas tradiciones conviene perderlas, y esta es una de ellas. Además de ser poco recomendable para la salud ese uso, debemos recordar que es también absolutamente ilegal.

Son plantas de influencia mediterránea y por eso resultan buenas indicadoras de los efectos del cambio climático en nuestra comarca, de hecho es una entrañable amiga en nuestras investigaciones fenológicas por las islas adelante.

Si quieren saludarla, y en vista de que hoy media humanidad viguesa estará en las Cíes, nada más sencillo que hacerse la ruta del Faro. Las encontrarán a lo largo del camino y en su mejor momento. Encontrar las daphnes, en el continente vigués, a pesar de ser plantas relativamente comunes, no es tan fácil. En contra de lo que podríamos pensar, el abandono de sus usos tradicionales no supuso que crecieran alegremente y a lo loco, sino todo lo contrario. Pasar de ser apreciadas a ignoradas tuvo como consecuencia que no nos preocupasen y por esa manía suya de crecer al borde de los caminos y carreteras pasaron a convertirse en especies a fumigar. De esta forma tradición y modernidad se dan cita en las cunetas y en esta nueva guerra química nuestras amigas llevan las de perder, pues poco pueden hacer contra el uso generalizado de herbicidas, aunque quizás tengamos esperanza. Ya son varios los concellos que aprobaron mociones para dejar de utilizar estos productos en su término municipal, algunos de ellos vecinos como Gondomar o Nigrán (Baiona lo someterá a votación el Jueves). Mientras tanto nuestra ciudad aplica a su manera el principio de precaución y anuncia, murallas del castro mediante, que en Vigo no solamente no se reduce sino que se incrementará el uso de glifosato, el más común y conspicuo de los herbicidas. Entre el veneno en el fondo inocente y amable de la daphne y los químicos de síntesis preferimos los primeros. Ojalá, pues estamos a tiempo, nuestro Concello adoptara la misma prudente decisión, como ya están haciendo otros.