Siempre es un acto rimbombante el de colocar la primera piedra de una infraestructura. Sobre todo para los políticos. Sirva de ejemplo la plataforma logística de Salvaterra-As Neves, a la que tanto socialistas como populares le han sacado rédito electoral en los últimos lustros. Ayer, sin ir más lejos, dos ministras y dos concejales protagonizaron una de estas ficciones que tanto gusta a la clase política. Ante la luz cegadora de las cámaras fotográficas, Báñez y Pastor intentaron dar el pistoletazo de salida al inicio de una obra que arranca con cinco años de retraso, la nueva sede de la Tesorería de la Seguridad Social. El desenlace es conocido: un esperpento que podría haber firmado Valle Inclán. Pero sucedió, y no fue más que el reflejo de lo que se vive en el Concello vigués, el Parlamento gallego o el Congreso cada día: luchas inertes en las que solo hay un perjudicado, el ciudadano. El retraso de las obras y las carencias de las infraestructuras más importantes para Vigo, como la justicia, la sanidad o la educación, son la baza de unos y otros para tirarse los trastos a la cabeza. Es posible que los que presumen de ser nuevos políticos todavía no hayan tenido tiempo de demostrar su adicción a las instantáneas. Pero comedias como las de ayer solo refuerzan su discurso. Zanjaron la discusión alegando que fue un fallo de protocolo del Ministerio de Empleo. Habrá que poner en duda si este ha sido el único error de los políticos en los últimos años. Desde luego, no es la prioridad de los vigueses que salgan todos en la foto. Sí les piden, en cambio, que arrimen el hombro para recuperar el tiempo perdido con las necesidades de la ciudad.