HACE unos días, vi un letrero en una tienda que decía: «Hay requesón de As Neves». Inmediatamente vino a mi memoria el grato final de una comida con motivo de la inauguración del Instituto de As Neves. Me habían invitado a dar la lección en el acto académico, presidido por el Conselleiro de Educación. No recuerdo el menú, pero si que la comida finalizó con el sabrosísimo requesón típico de la zona. Con esos antecedentes, es fácil entender que entrase en la tienda y solicitase un envase, que traía un cuarto de docena, es decir, tres bloques de requesón. Pago el importe (2,60 euros) y, cuando salgo por la puerta, compruebo que la etiqueta pone Queixo de As Neves . Vuelvo sobre mis pasos y se lo hago saber a la persona que me lo había vendido. Me da su palabra de que aquello es requesón y, dado su aspecto, la acepto. Efectivamente, era un exquisito requesón de As Neves, camuflado bajo el nombre de queso. Increíble. Llamé a la Cooperativa que lo comercializa y no supe entender sus explicaciones.