La pesca debe prohibirse de manera inmediata, reforzando todos los medios contra el furtivismo y compensando a los profesionales por los posibles cierres temporales
17 feb 2026 . Actualizado a las 01:03 h.La ciencia lo ha determinado con toda claridad: la anguila está en peligro crítico de extinción y más allá de sus límites biológicos de seguridad. Debe incluirse en el listado de especies en peligro de extinción al máximo nivel nacional e internacional. A esta dramática conclusión han llegado el conjunto de las entidades científicas de referencia en materia de recursos marinos y biodiversidad. Frente a esta situación tenemos dos opciones: aplicar la política negacionista, ignorar a la ciencia y hacer como si no pasara nada mientras sigan entrando en las redes, o bien asumir que si queremos evitar la desaparición de las anguilas, con todo lo que ello implica a nivel ecológico, económico y social, tenemos que actuar. Y esta actuación debe ser inmediata y radical.
Podríamos empezar por la gran pregunta: ¿cómo es posible que en apenas unas décadas el reclutamiento (incorporación de nuevos ejemplares a la especie) haya descendido un 90 % en nuestras costas y ríos? En esto han influido tres factores: la destrucción de sus hábitats, la contaminación y, esta es la parte dolorosa, la pesca. Sobre la pérdida de hábitats es importante recordar que, según un informe del WWF, la anguila europea ha perdido el 87 % de sus hábitats respecto a lo que fue su superficie original. Un ejemplo de caso: en el río Oitavén, principal afluente del Verdugo, existe una presa que daba servicio a una minicentral eléctrica, la llamada Presa do Inferno. Su construcción destrozó en su día el hábitat de la anguila. El decreto de extinción de aquella concesión, que obliga a su demolición y restaurar el curso natural del río, vital para las anguilas, se remonta al 2021. Cinco años después, ni han empezado ni se esperan las tareas de derribo de la Presa do Inferno.
Sobre la contaminación, tenemos otro ejemplo local. Vecinas y vecinos de Arcade llevan, como mínimo, doce años escuchando la promesa de construir una nueva depuradora que nunca llega. Ciertamente se han dado algunos avances en cuanto a la separación de aguas pluviales y residuales (aunque los concellos siguen con la romántica idea de que las aguas pluviales están limpias) pero cada vez que tenemos precipitaciones intensas los puntos habituales siguen vertiendo las aguas contaminadas a la ensenada de San Simón, justo al lado de donde los pescadores instalan sus redes de butrón para pescar anguilas en el canal de desembocadura del río Verdugo.
Finalmente, llegamos al tercer factor, la pesca. ¿Negacionismo ante lo que determina la ciencia o moratoria hasta que la especie recupere sus límites biológicos de seguridad? Antes de nada un matiz, un matiz: la pesca de la angula debe prohibirse de manera inmediata y reforzarse todos los medios contra el furtivismo (probablemente sea la especie más traficada ilegalmente del mundo).
Por supuesto que a los pescadores se les tienen que ofrecer alternativas, tanto a nivel económico como laboral, no solo diversificando pesquerías sino incluyendo una propuesta muy interesante del WWF: involucrarlos en los seguimientos científicos de la especie y la restauración de sus hábitats, con una compensación económica por realizar este trabajo que sirva para contrarrestar las pérdidas asociadas a un posible cierre temporal de las pesquerías.
El próximo martes será un día crucial para la anguila europea. El Ministerio para la Transición Ecológica va a hacer el tercer intento por consensuar con las comunidades la protección de la especie. Ya se intentó en el 2020 y el 2024, y en ambos casos las autonomías se negaron. Desde entonces, la situación de la anguila no hizo más que empeorar. El martes sabremos si hemos aprendido algo.