Fallece Antonio Rodríguez, el profesional que dedicó casi medio siglo a la música en Galicia

Begoña Rodríguez Sotelino
b. r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

Antonio Rodriguez, en la tienda de la distribuidora de música gallega Inquedanzas Sonoras, en Martínez Garrido, 1.
Antonio Rodriguez, en la tienda de la distribuidora de música gallega Inquedanzas Sonoras, en Martínez Garrido, 1. M.MORALEJO

El vigués fue cofundador de la distribuidora Inquedanzas Sonoras y Disco 3

15 ene 2026 . Actualizado a las 01:30 h.

El sector musical gallego despide a Antonio Rodríguez Figueroa, histórico profesional de la distribución discográfica y uno de los responsables de Inquedanzas Sonoras, un espacio singular en Vigo especializado en música gallega, desde los clásicos populares hasta una actualidad en la que arrasa con propuestas de jóvenes artistas, desde Tanxugueiras a Mondra o Hugo Guezeta. Rodríguez falleció tras una larga lucha contra la enfermedad, después de haber pasado por un trasplante de riñón y varias complicaciones posteriores.

Nacido en el barrio de Teis el 12 de julio de 1957, era el menor de cuatro hermanos y dedicó 47 años de su vida profesional a la música, a la que llegó por casualidad con apenas 17, al responder a un anuncio en el que solicitaban personal. «Empezó muy joven en un almacén que probablemente era el único de música que había en Galicia, una distribuidora que se llamaba Dimo», recuerda su socio y amigo Óscar Domínguez, con quien compartió buena parte de su trayectoria. Desde aquellos comienzos en el almacén, se convirtió en una figura clave para el funcionamiento de una red comercial que abastecía no solo a tiendas de discos, sino también a gasolineras, bazares y ferias, en una época en la que la música llegaba a los hogares por vías muy distintas a las actuales

En los años 80, Antonio fue una de las piezas clave de la tienda de discos Disco 3, en la calle Lepanto, donde conoció a Óscar a comienzos de los 90. Aunque sus caminos profesionales se separaron durante un tiempo, siguieron vinculados hasta reencontrarse en un nuevo proyecto común: Inquedanzas Sonoras.

Más allá de su faceta profesional, quienes lo conocieron destacan su carácter reservado que escondía un gran corazón. Comunista convencido, acostumbraba a contar que su referente era Marcelino Camacho, porque decía que entró en el Congreso y salió igual, con el mismo jersey, sin robar y con las ideas intactas.

Antonio era un hombre peculiar que vivía de manera austera, poco dado a fiestas, fiel a sus convicciones y amante de su ciudad, que recorría andando de una punta a la otra de forma habitual.

Muy querido en el sector, su figura deja una huella imborrable. «No conocí a un una persona mejor en mi vida», resume Domínguez, tocado por la desaparición de su amigo. «Era de una honestidad absoluta. Se hacía querer». Tras su fallecimiento, Inquedanzas Sonoras continuará funcionando, aunque el futuro del espacio físico es incierto. «Faltando él, que era la pieza clave, el almacén ya es casi residual. La tienda física seguramente desaparecerá, aunque seguiremos trabajando como distribuidora», admite su socio, muy apenado.