Fallece Álvaro Martínez, el enfermo de ELA que nunca pudo volver a su casa porque no le dejaron poner un ascensor
VIGO
«Me dijo que luchase y yo voy a luchar», advierte su mujer; el caso de este guardés fue atípico, porque vivió trece años con una enfermedad que suele durar entre dos y cuatro
30 nov 2025 . Actualizado a las 02:12 h.Hace nueve años que Álvaro Martínez Lomba se fue de su piso de A Guarda y nunca pudo volver. Este hombre, enfermo de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), habitaba en un cuarto piso sin ascensor. El avance de la enfermedad, que va paralizando progresivamente el cuerpo pero no la mente, le impidió seguir subiendo las escaleras. Él y su mujer, María Jesús Martínez, Marita, tuvieron que mudarse a otro piso y pagar el alquiler. Empezó entonces una pelea con la comunidad de vecinos de su edificio para reclamar la instalación de un ascensor. No se ha resuelto aún y Álvaro falleció el pasado día 10, a los 73 años, sin poder volver a casa.
«Lo último que me dijo cuando íbamos en la ambulancia al hospital fue que luchara por lo del ascensor», cuenta su viuda, «y yo voy a luchar». Unos días antes, sus dos hijos habían regresado al hogar, después de 70 días en el mar. Álvaro fue marinero también. «Él dijo que quería ver la casa», dice Marita. Lo estuvieron sopesando. Hacía poco habían reformado el baño, con la esperanza de que él pudiera moverse por allí con su silla de ruedas. Pero para llegar al piso había que subirlo en peso y Álvaro era un hombre grande. Finalmente lo descartaron. Álvaro se quedó sin ver su casa.
En los últimos días se encontraba cansado y le habían indicado que tenía un virus. Todo se complicó en poco tiempo y finalmente sufrió una broncoaspiración, una complicación habitual en los pacientes de ELA, provocada por la dificultad para tragar. Se quedó en la ambulancia que lo llevaba al Cunqueiro.
«Fuimos tan luchadores los dos y se fue de forma tan rápida...», lamenta su esposa. Estuvieron 46 años juntos. «Yo le decía, con todo el cariño: ‘‘Tú tienes la ELA, pero yo también’’. Fue mi vida».
Su caso refleja la dura realidad de esta enfermedad tan agresiva que afecta a toda la familia. «Él nunca se quejó, aunque algunas veces que no podía comer y yo le daba, me decía: ‘‘Soy una carga’’», dice Marita.
El ascensor es un buen ejemplo. Sus vecinos nunca consintieron que se instalase en el edificio, por no afrontar un gasto que en su día calcularon en 150.000 euros. Un juzgado de Tui dio la razón a la pareja hace dos años, pero el caso se recurrió y está pendiente de sentencia por la Audiencia. «No entiendo que la gente sea tan mala, que te haga sufrir», protesta su mujer.
Álvaro y Marita también lucharon por las ayudas económicas. Él percibía la de la Xunta, que aprobó un gasto de hasta 12.000 euros por paciente, siempre contra factura, así como una gran invalidez. No llegó a recibir las ayudas económicas de la ley ELA.
El caso de Álvaro no es típico. Según la Sociedad Española de Neurología, la supervivencia media de los enfermos es de entre dos y cuatro años. Este guardés llevaba trece con la enfermedad diagnosticada, catorce si se tiene en cuenta el año previo, que ya tenía síntomas pero no un diagnóstico. «Hay que tomarse más en serio la vida que la enfermedad», advirtió en una entrevista en La Voz.