Evita Perón conoce las Rías Baixas

La esposa del presidente de la República Argentina incluyó varias ciudades gallegas en la gira que realizó por España en 1947, cuando viajó para recoger de manos de Franco la Gran Cruz de Isabel la Católica


vigo / la voz

María Eva Duarte fue la segunda esposa de Juan Domingo Perón, presidente de la República Argentina, y un icono popular en el país del Cono Sur. Llegó a España el 9 de junio de 1947. Fue el primer flotador que recibió de un jefe de Estado el régimen entonces aislado internacionalmente de Francisco Franco. Argentina no solo envió un embajador a Madrid, sino que vendió trigo a buen precio en una época de gran escasez y prometió defender el fin del aislamiento español en la ONU. El viaje de Evita Perón estuvo motivado por la recepción de la Gran Cruz de Isabel la Católica, una gran distinción con la que Franco quería halagar a Argentina.

Pero aquel viaje también tuvo su recorrido por Galicia. La popular mujer argentina se trasladó en avión hasta Santiago de Compostela el 19 de junio. En La Voz de Galicia se explicaba la apretada agenda de la ilustre visitante. En ese itinerario estuvieron presentes Vigo, Pontevedra y Marín. La capital de la provincia fue la primera de las tres que visitó Eva Duarte, aunque también hay que decir que fue una visita fugaz. En parte, porque los actos en Compostela se había extendido más de lo esperado y en el itinerario de la huésped estaba marcado que dormiría en el pazo Quiñones de León de Vigo.

La visitante llegó al edificio consistorial cuando ya oscurecía. Allí fue recibida por el alcalde Calixto González Posada. Hubo discursos, música folklórica gallega e incluso un niño se encargó de entregarle un ramo de flores a la invitada. También visitó la sede de la Diputación antes de emprender el viaje, ya de noche, a Vigo.

La ciudad olívica fue la segunda localidad de las Rías Baixas en recibir a la embajadora argentina,. Al día siguiente, Eva Duarte se dirigió a Marín. Cuenta la crónica de La Voz de Galicia que el comercio cerró esa mañana y la gente se echó a las calles para vitorear a Eva Perón. La amiga argentina presidió el acto de la jura de bandera de los cadetes de la Escuela, acompañada de sacerdotes y militares.

Casa del pescador

Ya por la tarde regresó a Vigo donde se le preparó un acto muy popular. Primero visitó la Casa del pescador, adonde acudió acompañada por el delegado nacional de sindicatos, el almirante Marqués de Valterra, que también ejercía de director del Instituto Social de la Marina. Durante toda la visita de Evita a España, Franco se sintió muy incómodo con esta mujer debido al discurso progresista que exhibía públicamente, el mismo que mostró en O Berbés ante una multitud de «productores gallegos», denominación que el régimen daba a la clase trabajadora.

Dicen las crónicas que fue el anciano marinero José Costa Alonso, hombre curtido por el mar y por el sol, quien llevó la palabra en nombre de los marineros de Galicia, pronunciando un discurso en el que puso de manifiesto las innumerables ventajas que habían obtenido con el régimen de Franco los hombres que arrancan el sustento diario de las entrañas de la mar. Abundó en el mismo mensaje el marqués de Valterra y cali?có a la ilustre visitante de «delicadeza femenina que con razón se os llamó en la Argentina la Dama de la Esperanza». No debió de quedar muy satisfecho con la expresión que todavía llamó a la primera dama «hada de las realidades».

La esposa del presidente Perón, por su parte, dijo: «Traigo el abrazo de la República Argentina para España, y el abrazo de los descamisados argentinos para sus hermanos, los descamisados españole. En la Argentina ponemos nuestros desvelos y nuestros afanes en la consecución de un mundo mejor donde existan menos ricos y menos pobres». El discurso fue interrumpido constantemente con ovaciones de la multitud, así como los clásicos vivas a Perón y Franco.

De baile al Náutico

Una vez terminado el acto sindical, la señora de Perón se retiró al pazo de Castrelos, donde el empresario Manuel Álvarez, propietario de Santa Clara, le hizo entrega de un magnífico y valioso jarrón, elaborado especialmente para la distinguida dama en una de sus fábricas. A las once de la noche, el Ayuntamiento ofreció a la esposa del presidente Perón una comida de gala en los salones del Casino. Tras el convite, los participantes acudieron a un baile de gala en el Real Club Náutico, mientras que fuera, en As Avenidas, se celebraba un folión. La sede del club vigués se había inaugurado tan solo dos años antes, tras un brillante trabajo del arquitecto vigués Francisco Castro Represas.

Al día siguiente, Eva Duarte continuó su viaje por España, por donde estaría hasta el 26 de junio. Ese día, emprendió un viaje aéreo hacia Roma, donde tenía una audiencia con el papa Pío XII. Dicen los cronistas que Eva Perón acabó agotada de este viaje a Europa, especialmente de su visita al régimen franquista.

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