No hay quien dé la vara a Abel Caballero

El regidor se entregó a sí mismo el bastón de mando y se autoproclamó alcalde, en una sesión que presidió él


Vigo / la voz

Flota en el ambiente una sensación de que detrás de todo siempre está Abel Caballero. Hay quien dice que es él quien ha ordenado que cuatro filas del salón de actos del Concello estén reservadas a invitados del PSOE, pero solo una para que repartir a los del PP, Marea y BNG. Pero la proporcionalidad manda. Hay quien dice, también, que ha sido él quien ha mandado que toda la oposición, con sus tres candidatos a alcalde -Marnotes, Pérez y Pérez-, estén sentados en segunda fila, bien juntos y bien apretados. Flota la sensación de que él está detrás de todo. Como una deidad ubicua. Y seguro que no lo es. Pero sí es cierto que todo, hasta la más nimia casualidad, parece suceder a la medida de Abel Caballero. ¿Que hay que presidir la mesa de edad?, allí está Abel Caballero. ¿Que hay que prometer el cargo?, allá va Abel Caballero, nadie promete antes que él. ¿Que hay cuatro candidatos a alcalde y alguien tiene que organizar la votación?, Abel Caballero está dispuesto a hacerlo. ¿Que hay que proclamar al nuevo alcalde?, allá se lanza Abel Caballero y se proclama a sí mismo. ¿Que hay que entregar el bastón de mando al recién elegido alcalde? Pues va Abel Caballero y se lo entrega, también a sí mismo, dejando sin ninguna función a la otra miembro de la mesa de edad, la joven Ana Laura Iglesias.

No hay aplausos. Suele decirse que en una democracia el fondo es la forma. El respeto a las ideas del otro no es una teoría, sino algo que se ejercita en cada gesto. Por eso, los presidentes, ministros y alcaldes repiten que gobiernan para todos, los que les votan y los que no. Es mediodía en Vigo. Los representantes de los 294.000 ciudadanos se van levantando uno por uno para prometer sus cargos. Desfilan, uno tras otro, los ediles socialistas y repiten la consabida fórmula -«Prometo pola miña conciencia e honra...»-, ante un enorme ejemplar de la Constitución. Todo el mundo aplaude, propios y ajenos. Cuatro policías con el traje de gala y de maceros revisten la sesión de una solemnidad de gala. La octava es Teresa Egerique. Del PP. Cuando jura, las palmas de la mayoría de los concejales del PSOE permanecen quietas. Ostensiblemente quietas. No hay ni un amago. Parece que va a aparecer por allí Albert Rivera, «¿Lo oyen? Es el silencio». Los siete ediles de la oposición, tan concejales como los otros veinte, se quedan huérfanos de democráticos e institucionales aplausos.

Fórmulas creativas. Esa fórmula de promesa del cargo -jura, para los cuatro del PP- obliga a confirmar la lealtad al rey, así que hay concejales que se ven impelidos a introducir matices. Rubén Pérez aclara, ante la Constitución, que no renuncia a sus «valores republicanos e socialistas». Su compañera Oriana Méndez agrega también sus «valores independentistas». Y Xabier Pérez, que se aferra a un ejemplar de Sempre en Galiza como a una biblia, constata sus «principios soberanistas como nacionalista galego».

¡¡¡¡¡En galego!!!!! La Lei de Normalización Lingüística insta a potenciar el gallego en las instituciones desde 1983 y José Riesgo Boluda, jurista reconocido con décadas como funcionario, empieza el pleno de carrerilla... y en castellano. La bronca que le montan al secretario municipal cuatro del BNG desde el fondo del salón es tan monumental que cuando se da cuenta cambia al gallego, pero ya no hay quien le escuche, en esa nube de gritos. El Bloque ha vuelto.

Insulto. «¡Por votarte a ti, capullo!», increpa alguien desde la bancada nacionalista al alcalde cuando este glosa la pérdida de votos del BNG. Caballero tuerce el gesto, levanta el tono y endurece su discurso. «Mamón», replica un alporizado palmero socialista. Se cuentan por decenas. Cuando los concejales votan al alcalde, hay uno en el público que se pone de pie, brazo en alto, pidiendo votar.

Esto está que arde. Los bomberos protestaron delante del Concello para reclamar más efectivos, ante un fuerte despliegue de la Policía Local. Uno de ellos incluso se prendió fuego durante unos segundos. «En los próximos cinco años vamos a tener 48 personas de baja por jubilación», explicó Miguel Uclés, portavoz del personal de emergencias.

A lo suyo. Lo malo de una mayoría absoluta de 20 ediles es que está todo tan decidido que no hay emoción. Debe de ser por eso que Carmela Silva y María José Caride intercambian confidencias y risitas ante la pantalla del móvil. ¿Estará contestándoles vía wasap, desde la segunda fila, Isaura Abelairas, que no levanta la mirada de la pantalla? Será eso lo que llaman smart city.

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