«El olor de esa casa es inhumano»

Una vecina de Coruxo vive al lado de un hombre que acumula todo tipo de desechos y que tiene dos cerdos


Vigo / la voz

La vida se hace insoportable para una joven de 24 años de Coruxo cuya casa está al lado de la infravivienda de un vecino que acumula cientos de kilos de basura. Sofía Meygide afirma que el hombre, de unos 60 años, lleva a diario en una carretilla toda clase de desperdicios que encuentra por la calle. El olor es insoportable porque además tiene dos cerdos en una porqueriza que colinda con el muro de su terraza, cuya altura tuvo que elevar para intentar protegerse de la montaña de escombros que se acumulan al otro lado.

«Tenía tanta mierda pegada contra mi muro, que se estaba viniendo abajo. El olor es inhumano, a carne podrida, y es constante», lamenta. También tiene dos perros que se encuentran encadenados las 24 horas del día.

Esta vecina denunció la situación al Seprona, pero la Fiscalía no observa ningún delito de maltrato animal y derivó el caso a los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Sofía ha ido al Concello para saber si las autoridades locales han adoptado alguna medida, pero todavía sigue esperando una solución. «Me presenté antes del verano pasado, dijeron que ya me avisarían, pero sigo esperando», dice.

También ha denunciado a la Policía Local y a la Policía Nacional la situación en la que tiene a los animales y por los ruidos.

«No te puedes imaginar el olor. De día no es tanto, pero en verano y cuando baja el sol no puedes estar en la terraza, es imposible. Me parece increíble que en un pueblo como Arbo no puedas tener ni las gallinas sueltas y aquí en Vigo, en medio de la ciudad, denuncio una situación en la que no puedo respirar y no me hacen ni caso», lamenta Sofía.

Se siente engañada por la agente inmobiliaria que le vendió la vivienda unifamiliar porque cuando fue a verla le pasó muy rápido adentro. Le urgía comprar una casa y esta parecía la adecuada porque ella es de Coruxo, parroquia en la que también viven sus padres. Se trata de una vivienda antigua rehabilitada en el camino de Moláns que anteriormente perteneció a una mujer que no pudo seguir pagando la hipoteca.

«Me dijeron que era un señor que viene de vez en cuando, pero que ya estaba todo en manos de los Servicios Sociales y que lo iban a llevar», afirma. Pero al poco tiempo de haber entrado en la casa se dio cuenta de que no era así. Su vecino lleva más de 20 años habitando una choza sin luz ni agua corriente en unas condiciones deplorables y los servicios municipales no estaban al tanto de su situación. Sofía vive en esta casa sola la mayor parte del año porque su pareja trabaja embarcado y está fuera durante ocho meses al año. Reconoce que muchas veces siente miedo. Su vecino llega en estado de ebriedad y se pone a gritar bajo su ventana. «Al principio no, pero cuando se da cuenta de que estoy sola, no deja de gritar. Cuando mi pareja está en casa, no se atreve a gritar, pero es irse él y empieza, aunque los olores y la basura siempre están», afirma.

Ella es la única afectada. En el entorno también vive un matrimonio de la tercera edad, pero su casa es la única que está pegada a los dominios del indigente. «Estoy sola contra este problema, que no es un problema, es un problemón», asegura.

Cree que los servicios sociales deberían tomar cartas en el asunto y buscar una solución para su vecino «porque no está bien». También por su propia seguridad porque, a diario quema plásticos en un barril y teme que cualquier día pueda provocar un incendio. «Yo creo que en un país tercermundista viven en mejores condiciones que este hombre. Es algo que no entiendo. Para mí es inaudito. Se lo cuento a la gente y no me cree», asegura.

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