Un cole sin libros de texto ni flautas

Monica Torres
mónica torres NIGRÁN / LA VOZ

VIGO

Monica Torres

El grupo de rock del Centro de Educación Especial de Panxón comparte escenario con Javi Maneiro

09 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Ninguno de los componentes de la banda The Alta Nota supera los 17 años pero aún así se confiesan miembros de una de las muchas generaciones que odian las clases de flauta. Los cinco estudiantes del grupo de rock del Centro de Educación Especial de Panxón habían asumido que no habían sido llamados por el camino del pentagrama cuando llegaron a este centro. Dos años después, en el caso de los más veteranos del grupo, ultiman el repertorio del concierto en el que compartirán cartel el sábado con Javi Maneiro, de Heredeiros da Crus, Mushu y Rockestra (del IES Proval).

Miriam Galet es la primera mujer batería de la historia de un grupo que crece desde hace diez años con otros escolares del centro. «Siempre me gustó la música, pero no la flauta. Cuando era pequeña y apuntaron a mi hermana a clases de guitarra, yo quise ir a batería pero mi padre no me dejó», recordaba ayer baquetas en mano. «Yo tengo poco sentido del ritmo y tu también», sentenció el progenitor. Ocho años más tarde y tras uno en las clases del profesor Chema Castelló, Miriam tiene su propia batería en casa y un sobresaliente en la materia. «Al llegar a este colegio tuve la oportunidad de elegir instrumento y aquí estoy, feliz, insiste ajena a que acaba de enunciar el principio último sobre la educación: «Ciudadanos felices». Si alguien le hubiese advertido de que Mozart, el genio de La flauta mágica el que dijo aquello de que «Solo hay una cosa peor que una flauta, dos flautas», tal vez no se habrían sentido nunca músicos frustrados.

Chema Castelló, profesor del colegio desde hace 41 años fue el instrumento para que Miriam Galet, Pablo Porta (bajista), Iker Molanes (guitarra solista), Salomón Jiménez (guitarra rítmica) y Brian Pérez (teclado) puedan desarrollar capacidades, conocimientos, hábitos y habilidades, a partir de la experiencia directa. «Aquí el planteamiento es al revés, les dejamos que escojan el instrumento y ellos lo van descubriendo», explica el experimentado maestro, al que le ayuda haber sido profesor de orquesta y haber tocado todos los palos».

Y no es que quieran poner en solfa a la reina instrumental por excelencia de la mayoría de colegios. Pero cuando en este cole aprueba no es porque suene la flauta. Sin exigir virtuosismo sino satisfacción y crecimiento personal, las clases se suceden en el colegio a solos tres días del concierto que es, a la vez, el proyecto final del centro. Su plan educativo se centra en el trabajo por proyectos y el de los últimos seis meses ha sido el de esta gala. El concierto solidario no es final sino la prueba de fuego de lo que aprenden entre bambalinas. «Lo que es especial en este colegio no son los alumnos sino la metodología, aprendemos a superar errores, a trabajar en equipo, a sensibilizarnos con los problemas de los demás. Es sacar adelante un proyecto de vida y de educación, sin libros de texto», recordó ayer Rafael Lores, director de este colegio.

No se buscan músicos profesionales sino alumnos capaces de componer sus vidas. Por eso el proyecto de la orquesta se trabaja en las clases de lengua, de matemáticas o de idiomas. Y no se declara la guerra al solfeo, solo se cambia la perspectiva. Y aquí es el niño el que decide qué instrumento toca y qué quiere y puede transmitir con él.

Un concierto solidario diseñado durante seis meses por los alumnos

Primero se aprende a hablar, luego a leer y después a escribir. Y el sistema tradicional también se aplica en el CEE a la música. Primero se aprende a tocar y de ahí surgirá la necesidad de solfear y componer. Lo que ya han escrito es el programa de actividades del festival, que se celebrará entre las siete y las diez de la noche frente al templo de Panxón, en el Camiño dos Lagos. En el Toleamos Rock Festival, no se cobrará entrada en el acceso. El valor de esta iniciativa no está en el precio sino en el espíritu solidario con el que la veintena de alumnos del colegio han aprendido durante los últimos meses a cocinar y diseñar. Toda la comida que se sirva durante el festival, con un menú que incluye pizzas artesanas, perritos calientes y batidos estará preparada por ellos. Los escolares han creado también los diseños de las camisetas y llaveros que se pondrán a la venta el sábado. El de Panxón es uno de los únicos dos colegios gallegos dedicados al alumnado con trastornos graves de conducta y actualmente tienen las veinte plazas de internado cubiertas con niños de toda Galicia. Ellos entregarán la recaudación íntegra de su festival a la asociación Bicos de Papel.