Las ocho nuevas camas que habilitó el Cunqueiro y las 15 del Meixoeiro no llegaron
31 ene 2017 . Actualizado a las 11:02 h.Las urgencias del Hospital Álvaro Cunqueiro apenas han podido contener un poco la respiración desde que comenzó el año. Ayer volvieron a vivir una jornada frenética. El fin de semana se recibieron muchos enfermos en el hospital y las medidas que tomó la dirección de abrir más camas apenas lograron contener el aluvión de pacientes durante unas horas. Pero al final del día había en torno a 350 adultos enfermos al mismo tiempo dentro del servicio, bien esperando a ser atendidas, bien con un médico, bien aguardando un resultado o un tratamiento o bien esperando a ser ingresadas en una cama del hospital. Un día normal, a lo largo de 24 horas pasan por urgencias 330 adultos. Ayer estaban más de 350 a un tiempo. A ellos se suman los niños -de media son 112 cada día- y las mujeres embarazadas -30-, que siguen circuitos diferentes.
Ya a primera hora de la mañana había más de 30 personas que deberían estar ingresadas en una planta del hospital pero que estaban en el servicio esperando porque no había sitio para ellos. La dirección decidió habilitar ocho nuevas camas en planta. Con ellas, en el Cunqueiro hay 58 habitaciones que normalmente son individuales pero que en este momento tienen dos camas, para albergar más pacientes. También se reabrieron 15 plazas de hospital más en el Meixoeiro, de manera que se pudieran derivar pacientes desde el Cunqueiro.
A mediodía la situación parecía haber mejorado, pero a lo largo de la tarde las urgencias se fueron atascando más y más hasta rebosar. Según fuentes del hospital, hubo pacientes que debieron esperar en pasillos. Además, la zona conocida como boxes 1 rebosó de enfermos. Porque en el Cunqueiro se ha vuelto a la práctica de los tiempos más duros del Xeral: cuando ya no hay más sitio, los pacientes que están pendientes de ingreso en una cama del hospital esperan dentro de la zona de boxes. De este modo, los médicos y las enfermeras tienen que dividir sus esfuerzos entre los nuevos pacientes que llegan y la atención de aquellos que en realidad deberían estar en una planta del hospital.
La conclusión lógica es que todo se ralentiza. Y ayer se ralentizó mucho. Algunos pacientes relataron que llevaban cinco horas esperando sin ser atendidos, cuando las urgencias clasificadas con el color amarillo, por su gravedad y prioridad, deben ser atendidas en menos de una hora.
Según datos de la dirección, el domingo hubo más pacientes de lo habitual, ya que fueron 380 (60 más que la media). 84 acabaron ingresando en el hospital, un 22 %, un porcentaje muy alto.