Penelas quiere devolvernos el Almirante Vierna. Arrancarle a la torre de Martín José Marcide la bata verde sanitaria, dejándola como Francisco Franco la vio en septiembre de 1955.
El trueque propuesto es Sanidad por Justicia para el Pirulí, ese edificio al que numerosos vigueses llamaron durante mucho tiempo la Residencia antes de posicionarse como Xeral, que en algún caso llegó a ser el Xeneral. ¿Cómo le llamaremos ahora? El ingenio popular dirá.
En cualquier caso, qué gran noticia para una ciudad acostumbrada a perder símbolos sin rechistar. A contemplar la desaparición del patrimonio quizá para confirmar aquellas teorías de la eterna juventud de la ciudad y la ausencia de un pasado.
Cuando tanto edificio industrial se pudre sin remisión, llena de alegría la noticia de que el primer gran hospital de la ciudad no se dejará caer y revitalizará una zona demasiado céntrica como para quedar desértica.
El propio edificio fue testigo, durante su juventud, de un atentado contra el patrimonio. A finales de los años sesenta vio cómo se derribaba la capilla de San Honorato, también conocida como de Santa Rita. Ni más ni menos que una edificación del siglo XVIII fue condenada a la piqueta sin piedad ni de la propia Iglesia, que la sacrificó para construir San José Obrero.
Así que se puede gritar ¡albricias! Aun por encima, Alfonso Penelas ha tenido la buena idea de recuperar el aspecto original del edificio. Lo peor del asunto es que con su nueva ocupación, el veterano edificio vera algún que otro fracaso vital de personas que también vio nacer tiempo atrás.