Las bolsas para cacas de perro vuelan

Los sacos de plástico colocados en las zonas verdes desaparecen cada vez que los repone la empresa Contenur

Una vecina muestra un hatillo con la correa de su perro.
Una vecina muestra un hatillo con la correa de su perro.

vigo / la voz

Más o menos como un tigretón en la puerta de un colegio. Es lo que duran las bolsas para los excrementos de perros situadas por toda la ciudad en papeleras específicas. Apenas las repone Contenur y en menos de una hora desaparecen por completo. Esta circunstancia hace que la mayoría de los propietarios de mascotas acudan al parque con la bolsa de casa. Es el caso de Juan, un vecino que pasea con sus dos perritos por el parque de María Xosé Queizán, en García Barbón, junto a la rotonda de Isaac Peral. «Vengo aquí porque es un oasis; el del Areal es muy pequeño y los perros tienen menos espacio para moverse. Traigo siempre las bolsas porque no suele haber, como sucede hoy», comenta.

Frente al número 94 de Areal hay un pequeño parque en el que se encuentra Juan Ángel con su perro. «Vivo en Rosalía de Castro y esto me queda cerca. Otras veces voy a Samil. Normalmente no hay bolsas en las papeleras y las traigo yo. Compro un rollo en el chino o en un Todo a cien por setenta y cinco céntimos».

Antonio está en la plaza de Eugenio Fadrique (plaza de la Industria): «Es imposible encontrar la mitad de las bolsas. O están todas, porque las acaban de reponer, o no hay ninguna, porque se las han llevado de una vez. Aquí suelen llenarlas martes y jueves», explica. La empresa Contenur repone un día u otro dependiendo de la zona.

Otro vecino, que prefiere no identificarse, suele coger para varios días cada vez que pilla el cajón lleno. De hecho, hay gente que está al tanto de los días en que se reponen para hacerse con un buen lote.

Buena muestra del control que algunos usuarios ejercen sobre las bolsas es que ayer, a las nueve de la mañana no había ni una en la papelera instalada junto al pipicán de Jacinto Benavente, esquina con la calle Coruña. A las 13.00 horas se acababan de reponer y estaba a tope y a las 14.30 ya no quedaba ninguna, pese a que apenas había perros por las inmediaciones.

«Hay gente que las coge para congelar o envolver bocadillos»

En O Berbés, donde ayer quedaba un puñado de bolsas, Loli se quejaba de que cuando no quedan, los dueños de algunos perros pasan de recoger los excrementos. «En este tema tenían que andar más encima», dice. Reconoce que aún así, cada vez hay más concienciación. De la misma opinión es Elsa, que pasea por el parque de Jacinto Benavente. «Cuando llueve hay heces en los soportales, porque no van hasta el pipicán». Sobre la desaparición de las bolsas de las papeleras, Mari Carmen asegura que las llevan para todo. «Hay gente que las coge para congelar o para envolver los bocadillos a los niños, porque algunas lo dicen», comenta. Samil es donde más duran en invierno.

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