El carballo, del bosque a su casa

VIGO

Pocas cosas como plantar árboles resultan tan positivas y vitalmente imprescindibles. La cosa no puede ser más fácil. Acérquense a un carballo. Recoja una landra y métasela en el bolsillo, puede ser más de una. Al llegar a casa, reutilice cualquier recipiente. Desde un vaso de yogur a un tetrabrik. Añada un poco de tierra, cuanto más oscura, es decir, con más materia orgánica, mejor. Acueste la landra y cubierta ligeramente con la tierra y añada un poco de agua: recuerde que es un árbol, no una rana. En pocos días asomará su carballiño. Manténgalo en una zona bien iluminada, aunque ojo con el exceso de sol. A medida que crezca cámbielo de recipiente a uno mayor. El año que viene, mejor en otoño, salga al monte y plántelo. Si todo va bien y somos optimistas dentro de quinientos años podrá usted echarse una siesta bajo las ramas de su hermoso carballo. La sombra de un árbol es sin duda el mejor sitio para descansar, incluso para siempre.