24 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Este año Vigo brilla más que en los últimos años. Como si la crisis se hubiera acabado, las luces se han encendido a lo loco como si no hubiera un mañana, o como si mañana no hubiera que pagar un recibo a la compañía eléctrica, que es parecido. Las empresas del gremio sí que deben ponerse contentísimas en Navidad. Sus presidentes y consejeros delegados se pasean felices y satisfechos por las ciudades en las que los brillos nos hacen olvidar durante unos días que cuando las luces se apagan llega la oscuridad, regresa la monotonía, la lotería ha pasado otra vez de largo y muchos de los regalos que te han hecho no te gustan y los tienes que cambiar.

Los responsables de las villas más rumbosas deciden que ya es hora de dejar de quejarse y que hay que poner un poco de fantasía en este panorama tan desolador. Y así andamos estos días los vigueses, encantados de la vida, haciéndonos fotos dentro del árbol azul y colgando millones de selfies en las redes sociales. Parafraseando a la «famosa» página de Facebook Tú no eres de Vigo si... no has caído todavía en el pasatiempo favorito de los vigueses durante estas fiestas. Todo un éxito. Ni en Madrid, que en diciembre es un hervidero de gente que se junta para vivir esta época rodeados de muchedumbre, se nota tanto la iluminación navideña como aquí. Vayas adonde vayas, unas enormes bolas rojas decoran cada esquina. Montículos de césped brotan de las aceras como un alien que trata de salir de un estómago. Ya casi nadie trata de robar los paquetes de regalo de cartón piedra que adornan Príncipe por segundo año. La Policía Local ya no tiene que dedicarse a tan vergonzante tarea. De toda la parafernalia solo hay algo que ha sido un poco decepcionante. Los árboles que flanquean el Marco emulando una bola de nieve no funcionan. Y eso que Vigo vive estos días en una burbuja. Es un mundo feliz. Y tal.

begona.sotelino@lavoz.es