Satélite


Una estrella fugaz se dibujó a las dos de la madrugada del lunes, hora local, sobre el cielo de Australia. No provenía, como las Leónidas o las Perseidas, del rastro de la melena de un cometa. El bólido luminoso era un cubo perfecto, de diez centímetros de lado, un litro de volumen y un kilogramo de peso. Se llamaba Xatcobeo. Y, en 2012, se convirtió en el primer satélite artificial gallego lanzado al espacio.

En algunos medios, su desintegración fue más noticia que su propio lanzamiento. O que su actividad durante los dos años y medio en que orbitó sobre nuestras cabezas, en una misión de récord que sólo había sido diseñada para tres meses. Good news, no news, dice el sarcasmo periodístico estadounidense. Y, por lo visto, sigue vigente. Un hito en la historia de Galicia ha sido tratado como una noticia local, menor, sin importancia. No nos gustaría imaginar por qué.

Lo cierto, sin embargo, es que el Xatcobeo ha puesto a Galicia en el cosmos. Es un símbolo de la brillantez de algunos equipos en el ámbito de la ciencia y la tecnología.

Que hacen un trabajo enorme, como el desarrollado por los ingenieros del profesor Fernando Aguado, de la Universidad de Vigo.

Que no sólo han sido unos profesionales punteros a escala mundial. Sino que, para culminar su misión, han demostrado un tesón, un esfuerzo, una ilusión y una resistencia a prueba de todos los obstáculos. Esos señores que están ahí arriba, en el campus de Marcosende, son héroes. Sin ninguna duda.

Ahora, tienen en órbita el Humsat. Preparan ya el lanzamiento del Femtosat. Y trabajan para lograr el G-Sat, su primer satélite comercial. Merecen un reconocimiento enorme, pero hasta el más mínimo se les está regateando. ¡Qué tristeza de país!

eduardorolland@hotmail.com

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