ntre las alocuciones controladas del presidente del Gobierno con televisión de plasma y señal realizada de por medio y la verborrea con la que alcalde de Vigo recorre platós y estudios cantando sus supuestos logros y atacando a todo el que se mueva, tiene que haber un término racional de hacer política, de dirigirse a la ciudadanía a través de los medios de comunicación. Uno escapa y el otro se excede.
Pero más allá de los métodos con los que cada uno quiera vender su gestión, Abel Caballero llega a la recta final de su segundo mandato quemando en exceso la rueda de su noria del enemigo exterior. Solo hay que oírlo cualquier mañana en la que el regidor se preste en su comparecencia diaria a analizar media docena de temas que afecten a la ciudad para comprobar que su estrategia es única: ataque, ataque y ataque.
Es tan raro escuchar de su boca un ofrecimiento de consenso, el anuncio de un intento de acercamiento a cualquier otro actor político o institución, que cuando lo hace es noticia, aunque no quede más remedio que preguntarse qué planea y qué baza personal trata de jugar.
Les aseguro que hago este análisis desde el mayor intento de objetividad del que mi conocimiento me permite, pero escuchándolo durante un rato, llego a la conclusión de que puede ser diligente en arreglar esta o aquella loseta; en poner bancos donde se sugieran, en esas cosas de mantenimiento, pero no atisbo grandes logros por su parte. Se queja amargamente de la faltade apoyos para lograr más vuelos; se lamenta de la situación del partido judicial; del reparto del área sanitaria; de las inversiones de la Diputación; del tamaño de las partidas que llegan para fines laborales, de, de, de... Pero cuando le quedan 11 meses en el cargo debe de someterse al examen de qué ha sido capaz de lograr de otras administraciones. (?) Ni el AVE a tiempo, ni la estación acabada en la majestuosidad anunciada, ni el nuevo Rande, ni la biblioteca central entre otros de sus anuncios, por no hablar de la lista de empresas que aseguró que con él se instalarían en Vigo. Por eso creo que entre el plasma y la verborrea está la virtud.
@carlospunzon