A finales del siglo XIX, los vigueses lamentaban las escasas infraestructuras portuarias, que pese a lo mucho que pescaban, siempre llegaron tarde
18 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.O Berbés es el gran puerto pesquero del mundo. Suele puntualizarse «para consumo humano», ya que los de Singapur, Kobe y Tokio, que compiten con Vigo, descargan una importante cantidad para harinas de pescado.
Cada madrugada, O Berbés mueve más de 200 toneladas de pesca. Y más de 7.000 personas trabajan cada mañana dentro del puerto para que el corazón económico de Vigo siga latiendo con fuerza.
Este imperio comenzó en los soportales de O Berbés, así como en el barrio do Areal, donde se asentaron desde el siglo XVIII las fábricas de salazón que exportaban a Castilla sardina, ostras o pulpo en salmuera o escabeche. Así que el éxito de Vigo fue temprano, aunque sus infraestructuras casi siempre llegaron tarde.
En 1788, se aprueban las primeras obras portuarias en la zona de Areal. Comienzan en 1791, adjudicadas a Eustaquio Granini, por 100.000 reales. En 1821, se promueve el tráfico mercante con América y Europa, que ya había comenzado en el siglo anterior. Y, en 1850, el ministro de Gobernación, Manuel Cortina, ya describe el crecimiento portuario: «Es proverbial y reconocida por todas las naciones la importancia marítima de Vigo, que sin grandes esfuerzos, puede llegar a ser uno de los mejores puertos del mundo». Desde luego, no estaba equivocado.
Pero, a lo largo del siglo XIX, Vigo sigue cifrando su actividad portuaria en sus privilegiadas condiciones naturales. Los barcos aún son descargados a hombro o en carros de bueyes. Porque hasta 1857 no se coloca la primera piedra del malecón.
Así que no es de extrañar este texto de la Junta del Puerto, quejándose de las instalaciones en su memoria del año 1890: ?En la Ribera del Berbés falta en absoluto todo medio de embarque y desembarque para el gran movimiento que allí se realiza, tanto de viajeros como de mercancías?.
Añade la memoria que no hay espacio en tierra para el volumen de operaciones: «Carécese también del necesario abrigo para las embarcaciones de pesca y falta en tierra espacio para realizar las operaciones que exige el desembarque, venta, limpieza, empaque y carga de las grandes partidas de pescado que se remiten por el ferrocarril y que a su gran cantidad, reúne la circunstancia de ser un servicio que ha de realizarse a hora fija».
Y recuerdan que trabajan con un producto perecedero: «A veces es cuestión de pocos minutos que un lote de pescado pueda alcanzar el tren o no, con lo cual en ocasiones la mercancía pierde todo su valor».
Las quejas de la autoridad portuaria, que solo contaba tres años de existencia, no caerán en saco roto. La Ley de Puertos de 1880 ya había señalado a Vigo como de interés estratégico. Pese a su intenso tráfico mercante, la única infraestructura en 1890 era pequeño atraque en A Laxe y un muelle de madera al final de la calle Ramal, actual Colón.
La Junta inicia la ampliación portuaria y ordena la construcción de un muelle de hierro, que entró en servicio en 1893, con planta en T y 348 metros de línea de atraque. Dos años después, en 1895, se ceden al puerto los terrenos de la batería de A Laxe, que es derribada para unir las zonas portuarias de Areal y de O Berbés.
El siglo XIX se cierra con la inauguración de la dársena de O Berbés, operativa desde 1899. En ella, encuentra refugio la flota pesquera local, que abastece de sardina a la ya poderosa industria de la salazón y la conserva. Así que, una década más tarde de las quejas de la Junta del Puerto, O Berbés pegó su primer estirón. Para no volver a detenerse. No queremos imaginar el susto de aquellos prohombres locales si llegan a ver, un siglo después, convertida en una autopista de seis carriles, con túnel incluido, aquella dársena que inauguraban tan orgullosos...